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sábado, 22 de octubre de 2016

Semillas de pulga: el ajuar de mi abuela materna

Si, amigos, las semillas de las hierbas del género Plantago, los llamados llantenes, son como pulgas. Tienen aproximadamente el mismo tamaño, forma y color que este diminuto insecto hematófago. Hace noventa años estas semillas eran muy buscadas por los farmacéuticos. A principios del siglo pasado las grandes multinacionales de la industria farmacéutica todavía no existían y eran los mismos boticarios quienes preparaban en la rebotica la mayoría de las medicinas que vendían, bien recetadas por los médicos con las famosas fórmulas magistrales o bien copiadas de algún tratado de farmacopea o inventadas por los propios farmacéuticos.

 
Semillas de Plantago major que, al igual que las de Plantago afra y Plantago lanceolata, en Mallorca reciben el nombre de "llavors de puça" (semillas de pulga).

En la actualidad en la llamada medicina natural las semillas de llantén más utilizadas son las de la especie Plantago afra (sinónimo de Plantago psyllium), más conocida a nivel popular como zaragatona. En cambio en la medicina ortodoxa las más utilizadas son las de la especie Plantago ovata, no existente en la flora de Mallorca. Con ellas se preparan sobretodo medicamentos para regular el tránsito intestinal en personas que padecen estreñimiento crónico por su riqueza en mucílagos, y la verdad es que funcionan.

Varios ejemplares de Plantago major, llantén mayor, fotografiados en el Jardín botánico de Sóller.

Mi abuela materna murió relativamente joven, en el año 1973 con sólo 68 años, de un cáncer de cuello de útero que se la comió literalmente por dentro. Su agonía duró seis largos años y acabó consumida en los puros huesos y con las dos piernas negras, resecas, duras como la madera, momificadas en vida por una cruel y dolorosa gangrena seca por falta de riego sanguíneo, pues el tumor que crecía sin parar dentro de su vientre era tan grande y tan infiltrante que le bloqueó las dos arterias ilíacas.

Detalle de las largas inflorescencias e infrutescencias de uno de los Plantago major de la imagen anterior.

Sólo Dios sabe el sufrimiento que le causó aquella cruel enfermedad que la llevó a la muerte. Entonces, hace cincuenta años, los únicos remedios para tratar el cáncer de cuello de útero eran la cirugía y la radioterapia. Por desgracia cuando acudió al médico el cáncer ya estaba muy avanzado y no le pudieron extirpar el tumor, sólo la trataron con radioterapia, bomba de cobalto decían entonces.

 Vigoroso llantén mayor al lado de una fuente de un camino rural. 

Mi madre la acompañaba a Palma para recibir las sesiones semanales del tratamiento. Yo tendría unos 11 ó 12 años. Cada semana acudía a esperarlas a la vuelta de Palma en la parada del autocar que estaba en la plaza del pueblo. En una de las ocasiones, mientras mi abuela descendía por la escalerilla del vehículo, un gran chorro de sangre negra le brotó de su naturaleza de mujer y le resbaló por las piernas hasta llenarle los zapatos. Yo al verlo exclamé espantado dirigiéndome a mi madre: "Mumare, a sa padrina li regalima sang negra per ses cames!" (¡Madre, a la abuela le chorrea sangre negra por las piernas!) Ella dirigió la mirada hacia las piernas de su madre y luego la miró a los ojos. Tragó saliva y me ordenó con voz categórica aunque en tono bajo: "Calla i ves-te'n cap a ca nostra!" (¡Calla y vete para casa!)

Las largas inflorescencias cubren la mitad distal del pedúnculo.

Jamás podré olvidar la cara de mi abuela. No dijo nada, no se quejó, no se miró las piernas. Acabó de descender impertérrita la escalerilla y luego siguió a mi madre en silencio de camino hacia casa. Sus ojos húmedos mirando al frente y su rostro con gesto congelado en un rictus de dolor me quedaron grabados para siempre en mis neuronas de niño. Para que lo entendais, eran exactamente los mismos ojos y la misma expresión de un condenado a muerte camino de la horca o del muro de fusilamiento, que ha aceptado con resignación y valentía su terrible destino. Mi abuela María era una mujer muy valiente, muy fuerte y muy digna con una capacidad de sufrimiento inconmensurable. Jamás la escuché quejarse.

 Haz de una hoja de Plantago major. Es el llantén con las hojas más grandes y anchas. Se pueden consumir como verdura.

Había nacido el 20 de marzo de 1905 en una casa muy humilde cercana a la iglesia parroquial del pueblo. Era la tercera de ocho hermanos. Su padre, mi bisabuelo, era muy aficionado a los juegos de naipes. Le gustaba apostar fuerte. Se pasaba largas veladas en la taberna jugándose a las cartas su poco dinero con otros hombres del pueblo. 

Envés de la hoja anterior con sus cinco nerviaciones principales muy marcadas.

En una de estas veladas se sobrepasó con las apuestas, se jugó algo más que el dinero y lo perdió todo. Estaba en la ruina. Al día siguiente debía entregar todos sus bienes al ganador, incluida la casa familiar y los muebles, dejando en la calle a su mujer y a sus ocho hijos, el menor de sólo unos meses. Al darse cuenta de lo que acababa de hacer, se trastornó, quiso arreglar el desaguisado y en su desespero, sin pensárselo dos veces, se puso de pie, dio un puñetazo sobre la mesa y exclamó: "¡Me juego a mi mujer contra todos tus bienes!" (Entre los bienes estaban lógicamente los que acababa de perder). El otro hombre le miró de arriba abajo con desprecio, se mofó de él con una gran carcajada y aceptó el reto dando otro puñetazo sobre la mesa. Me imagino que ambos estarían bajo los efectos de varias copas de cazalla.

Flores de Plantago major.

En la taberna los parroquianos guardaban un silencio sepulcral. Alguno de ellos sentía una sincera angustia en el pecho pensando en el amargo destino que le esperaba a la pobre mujer que estaba siendo jugada a la mejor carta. Si mi bisabuelo perdía la partida ella dejaría de pertenecerle, pasaría a ser la esclava, querida o criada de su nuevo amo y tendría que abandonar a sus ocho hijos, dejando sin la leche de sus pechos a la benjamina, mi tía Francisca, de sólo unos meses. Sin duda los más pequeños no sobrevivirían sin casa, sin madre y en la absoluta miseria.

Frutos inmaduros.

Quién sabe qué santo, qué espíritu de sus antepasados, qué ángel de la guarda se apiadó de aquella pobre madre y sus ocho hijos y manipuló las cartas a favor de mi bisabuelo, aunque siendo lógicos debemos pensar que fue sólo cuestión de pura suerte o de puro azar. En un increible golpe de la fortuna y en una sola partida mi antepasado recuperó todo lo que había perdido y además se apropió de los bienes del otro jugador, entre los cuales había un gran cortijo, al que se mudó toda la familia a las pocas semanas. Los jugadores eran hombres de honor y debían cumplir su palabra. La ley les amparaba. En caso de no entregar al ganador lo convenido en la apuesta, el perdedor podía acabar en la cárcel.

Frutos ya maduros fotografiados a mediados de octubre.

Así pues mi abuela pasó de vivir en una casa muy humilde en la que casi no cabían, a disfrutar de lo que para ella, sus padres y sus hermanos era un pequeño palacio rodeado de tierras fértiles. Pedro, que así se llamaba su padre, aprendió la lección y ya no volvió a jugar nunca más. Compró un par de mulas, un rebaño de ovejas y unas cuantas cerdas de cría con su respectivo verraco. Labró las tierras, sembró cereales y legumbres, cuidó de los almendros, algarrobos e higueras de su nueva gran finca y la familia prosperó y los ocho hijos salieron adelante. No eran ricos, pero cada día lograban llenar el estómago, que en aquellos tiempos de miseria era lo más importante.

Cada flor fecundada da lugar a un fruto en forma de cápsula que se abre (dehiscencia) en forma transversal, por lo que recibe el nombre botánico de pixidio. Cuenta con un opérculo en forma de capuchón que cubre la urna donde están contenidas las semillas.

Pasaron los años y llegó la hora de casar a los hijos. Entonces muy pocos casamientos se hacían por amor. Primaba la supervivencia. Se miraban mucho los bienes del pretendiente. Había que asegurar el futuro de la descendencia. El amor vendría solo con el tiempo por pura convivencia o simplemente no llegaría nunca. Poco importaba.

Pixidios abiertos dejando ver las semillas.

Un día apareció por el cortijo un mozo llamado Juan de unos 19 años montado en una pesada bicicleta de hierro macizo, todo un lujo en aquel tiempo. Acababa de quedar huérfano de madre. Hacía pocas semanas que la habían enterrado. Se llamaba Catalina. La había matado el sarampión a los 40 años de edad, y para más desgracia se lo había contagiado su hijo menor, Montserrate, que había muerto unos días antes que su madre a los 16 años. La hija mayor de la familia se había casado el año anterior, estaba embarazada, vivía lejos y no podía hacerse cargo de su padre y su hermano. Necesitaban urgentemente a una mujer que cuidase de ellos y de la casa. Mi bisabuelo descartó casarse de nuevo. Amaba a su esposa y perderla de aquella manera tan cruel le dejó destrozado.

Comparación del tamaño de las semillas con una pequeña moneda de 10 céntimos de euro.

Solos padre e hijo, en la quietud del anochecer, sentados ante el fuego tililante de la chimenea, con un cuenco de sopa de pan, ajos, tomate, cebolla y tocino en una mano y una cuchara de madera de mirto en la otra, entre cucharada y cucharada sopesaron todas las posibilidades, examinaron una a una todas las familias de los alrededores con hijas casaderas y al final se decidieron por mi abuela. Les urgía. No podían esperar muchos días más. La casa estaba sin adecentar, la ropa sin lavar y comían cualquier cosa que les llenase el estómago. Sólo sabían guisar sopas de pan.

Las semillas del llantén mayor miden 1-1,5 × 0,5 mm. Son poliédricas o hemielipsoidales, con la cara interna plana. Cada pixidio contiene entre 6 y 30 semillas.

Al día siguiente mi bisabuelo se levantó nada más clarear al alba, sacó un cubo de agua fresca de la cisterna, metió en ella las manos y se las pasó por la cara para despejar la mente y borrar los miasmas del sueño. Luego entró en la cocina, cortó una rebanada de pan moreno, le echó un chorreón de aceite de oliva por encima para desayunar por el camino, se montó a los lomos de una mula y se encaminó hacia el cortijo donde vivía la familia de mi abuela. Tras saludar con afecto a su amigo Pedro, que unos pocos días atrás se había acercado a su casa para darle el pésame por la muerte de su hijo y su esposa, le expuso la cuestión sin rodeos. Les unía una gran amistad y a Pedro le pareció bien la propuesta. Al fin y al cabo que su tercera hija se convirtiese en la esposa del hijo de su amigo, heredero de un cortijo y con suficientes tierras para vivir sin aprietos, era una buena opción para María.

 El llantén menor, Plantago lanceolata, es quizás uno de los más abundantes en Mallorca. A diferencia del llantén mayor que vive en terrenos húmedos, el llantén menor o llantén de hoja estrecha prefiere los suelos pedregosos y secos.

Ya estaba todo atado. Sin llegar a ser una orden, Pedro expuso a su hija su decisión y ella sólo pudo acatarla. No había discusión posible. Tenía ya 21 años y debía casarse. Las opciones de quedarse soltera para cuidar de sus padres o hacerse monja no tentaban a María y tampoco a su padre.

Cuando al día siguiente apareció mi abuelo montado en su bicicleta para cortejar por primera vez a su futura esposa, a María le cayó bien aquel muchacho todavía imberbe y dos años más joven que ella. Con sus ojos pardo-verdosos le miró fijamente a sus risueños ojos azul-grisáceos y leyó en ellos mucha bondad y mucha nobleza. Sin duda era un buen partido y sería un buen padre para los hijos que Dios les quisiera dar.

Su inflorescencia se abre en el extremo distal de un largo pedúnculo desnudo. Sus semillas son más grandes que las del llantén mayor. Miden 2-3 × 0,8-1,5 mm. Cada pixidio sólo contiene dos semillas.

María ya tenía el ajuar preparado para cuando apareciese un pretendiente. Hacía un año escaso que se había casado su hermana mayor y su turno se acercaba. Así que recorriendo las tierras de los alrededores fue recolectando poco a poco semillas de pulga, unos gramos cada día. Cuando tuvo varias onzas las llevó al boticario, éste las pesó con su pequeña balanza y se las pagó a buen precio. Acto seguido con el dinero fresco en la mano entró en una tienda de ropa, compró al tendero una docena de metros de tela de algodón blanco y se la llevó al cortijo. Con la ayuda de su madre y sus hermanas cosió tres juegos de sábanas y dos blusones de dormir y guardó su preciado ajuar para cuando se casase. No tuvo que esperar mucho.

El Plantago afra o zaragatona es el único llantén con tallos ramificados. Todos los demás tienen las hojas reunidas en una roseta basal.

Sólo una semana después de la petición de mano el cura del pueblo les casaba en una ceremonia íntima y sencilla. Ambos vistieron de luto riguroso. No invitaron a nadie, unicamente acudieron los familiares más allegados y los testigos de la boda. Tampoco sirvieron ningún banquete. 

Dos años después nacía mi madre en la intimidad de la casa. Mi abuela la parió sola, completamente sola. Sentada a horcajadas sobre dos sillitas sin respaldo con una nalga sobre cada una de ellas y un montón de paja fina en el suelo, estuvo bregando con los dolores del parto en silencio, como lo había visto hacer a su propia madre cuando parió a sus hermanos pequeños. Mi abuelo iba a verla cada media hora, se asomaba al interior de la casa sin llegar a entrar y con voz angustiada le preguntaba: "Com va Maria?" y ella le respondía: "Encara no, Joan." (Todavía no, Joan.)

Sus espigas se abren en el extremo de las ramificaciones del tallo y cuentan con menos flores que los demás llantenes. Sus semillas miden 2,5-2,7 × 1,2-1,7 mm. Son más grandes que las del llantén mayor. Al igual que el llantén menor sus pixidios sólo contienen dos semillas.

Mi abuelo sabía que muchas mujeres morían en el parto, pero no podía ayudar a su esposa. Era cosa de mujeres. No debía entrometerse. Tampoco se podían permitir el lujo de llamar al médico o a la comadrona para que asistiesen al parto. Entonces no había seguridad social y tanto los médicos como las comadronas cobraban directamente al paciente por su trabajo. Los honorarios eran demasiado elevados para una familia tan humilde.

Al cabo de interminables horas, habiendo ya anochecido, mi abuelo escuchó el llanto de un bebé desde la pequeña cocina donde esperaba sentado ante el fuego de la chimenea y entonces sintió una alegría tan grande en su corazón que no pudo evitar que le saltasen las lágrimas. Era muy sensible y se emocionaba con facilidad.

No acudió enseguida a ver a su hijo. Esperó a que su esposa le llamase. Cuando María tuvo al recién nacido lavado y vestido, lo puso sobre su regazo y sin levantarse de las sillitas siguió empujando hasta conseguir expulsar la placenta. Entonces colocó un paño limpio de algodón en su sanguinolenta naturaleza de mujer, se incorporó y llamó a mi abuelo. "Mira, Joan, és una nina. Li posarem Catalina, es nom de ta mare al cel sia." (Mira, Joan, es una niña. La llamaremos Catalina como tu madre en paz descanse.) 

Mi abuelo lloraba como un niño. Sólo tenía 22 años y ya era padre. Corría el año 1928.

20 comentarios:

  1. Me ha parecido buenisima información, muy bien contada y con muchas y buenas fotografías!!!

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  2. Es muy emotivo, me ha gustado mucho porque es una historia personal y a la vez es la vida de nuestros ancestros!

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  3. Me ha emocionado la historia de tu abuela y de como se hizo el ajuar gracias a las semillas y también el terrible drama que sufrió tu bisabuelo por culpa de su afición al juego y te agradezco el gesto de compartir con nosotros esa historia familiar, tan bien contada y con tanto cariño.
    Los detalles botánicos al pie de las fotos es otra buena historia, también me ha gustado mucho.
    Un beso enorme, amigo Mario.

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  4. Muy interesante la historia de tu familia a propósito del llantén! Has unido botánica científica y història popular magistralmente.

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  5. Impactante y emotivo historia la de tus antepasados. El LLantén menor es una planta que me encanta, hasta el punto de que ahora mismo la estoy viendo, pues tengo una planta desecada de estas especie, en un cuadro colgado de la pared,justo frente al ordenador.¿ Las razones ? ; pues no las sé, me gusta y ya está.
    saludos

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    1. Gracias, Pini.
      En cuanto a los llantenes sus hojas son comestibles y se pueden consumir como verdura. Ayer mismo cené de patatas hervidas con hojas de llantén mayor.
      Saludos.

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  6. Bonita y entretenida historia con la información y fotografías de ésta planta entremedio. Muy buena idea. Saludos

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    1. Muchas gracias, Amadeo. Me alegro que te haya gustado.
      Saludos.

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  7. Maravillosa historia Juan! Qué hermoso conocer la historia de nuestros antepasados. Muy bien narrada. Las fotos y la información sobre plabtago excelentes. Un abrazo .

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  8. Todo precioso Juan, me ha encantado. Besos.

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  9. A mi ademas d enseñarme me he emocionado mucho! Quisiera saber de plantas tanto como tu, pero mas d historias d mi familia q nunca nadie cuenta. Gracies d cor

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  10. Plantas Silvestres Comestibles de Mallorca8 de diciembre de 2016, 13:01

    Increible, gracias a unas pulgas de llantén tu abuela pudo comprar el ajuar...vida dura la de aquellos días, aunque siento que en aquella época sería más feliz que en la actual. Un abrazo Joan

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