sábado, 13 de noviembre de 2010

Zulema, lágrimas de una niña mora

Primer capítulo

Zulema, la niña mora más bonita de Grazalema, a sus tiernos once años llevaba muchos meses llorando desconsolada. Su tristeza era inmensa, profunda, imposible de describir con palabras. Había nacido libre. Su padre, Musarraf,  la adoraba, era la niña de sus ojos, su dátil confitado, su joya. Su madre, Habiba, la esposa predilecta de su padre, no le había podido dar más hijos, pero se sentía feliz al ver lo mucho que Musarraf quería a su niña. Las otras dos esposas, esclavas cristianas capturadas por su marido en un pueblo fronterizo del norte, habían llenado de niños varones los aposentos del pequeño palacio donde vivían. Habiba estaba un poco celosa de estos niños, debería haberlos parido ella, pero no los odiaba.  Con la ayuda de su vieja esclava negra Nahina, traída cuando niña desde el lejano Sudán, había ayudado a las cristianas a parirlos y a criarlos y se sentía un poco su madre. Musarraf no quería a sus esposas cristianas y tampoco a sus hijos. Su corazón era todo para su niña Zulema, morena como su abuela, la madre africana de Musarraf, que éste adoraba. 

 
 Grazalema, la Gran Zulema árabe, vista desde los bosques que la circundan.
 
Zulema no entendía nada de lo que le había pasado, se resistía a aceptar su nuevo nombre cristiano, Beatriz, que su captor le había cambiado por su verdadero nombre. Se negaba a cumplir las órdenes de la esposa de su amo, una infiel, una cristiana gorda y fea que apestaba a sudor rancio y a grasa de cerdo requemada. Ella no era una esclava, había nacido libre y se llamaba Zulema.

Isabel y María, las dos esposas cristianas de su padre y sus hijos mestizos habían sobrevivido a la conquista de su pueblo por los cristianos del norte y eran otra vez libres. El fraile que acompañaba a los conquistadores había bautizado a sus hijos y les había puesto nombres cristianos. Zulema también había sido bautizada y renombrada pero seguía siendo tratada como una esclava.

Sus padres habían sido asesinados cruelmente ante sus ojos de niña y desde aquel día la sonrisa se había borrado para siempre de su rostro. No hablaba. No jugaba. Caminaba siempre cabizbaja con sus ojos llorosos y tristes, negros como el azabache. Entendía la extraña lengua de sus captores. La había aprendido escuchando a las dos esclavas cristianas de su padre, que hablaban en castellano entre ellas cuando estaban a solas con los niños, pero hacía ver que no entendía las órdenes porque su dignidad de niña libre se lo impedía. Jamás seré una esclava, jamás, se repetía una y otra vez. Se sentía dolorosamente sola, rodeada de extraños que la miraban con desprecio, la insultaban y le escupían por ser mora. Sus hermanastros no la querían y hacían como si no la conocieran, temerosos de ser también ellos rechazados por la sangre musulmana de su padre que corría por sus venas.

Abies pinsapo, abeto de Ronda, endémico de Andalucía, que forma inmensos bosques alrededor de Grazalema.

Siempre que podía se escapaba hacia el inmenso bosque de abetos que rodeaba el bellísimo pueblo blanco que llevaba su nombre, Zulema, que los cristianos habían cambiado por Gran Zulema. Allí buscaba la sombra íntima, fresca y acogedora de un viejo abeto, su abeto y se sentaba sobre la hojarasca con la espalda apoyada contra su grueso tronco. Entonces cerraba los ojos y sentía el cálido abrazo invisible de su padre, sus fuertes brazos que apretaban sin hacer daño y que a ella la hacían tan feliz. La voz amorosa de Musarraf retumbaba en sus oídos desde el recuerdo: "Zulema, mi niña, un día serás la reina de estos bosques".

Allí, sumida en un extraño éxtasis, en una huida hacia el recuerdo grabado de forma indeleble en su memoria, conseguía ser feliz de nuevo, se olvidaba de su desgracia, de su tristeza, de su soledad. Se sentía querida, respetada, notaba el aliento a hierbabuena de su padre que le susurraba al oído palabras bonitas y dos grandes lágrimas de felicidad brotaban de sus ojos, resbalaban por sus mejillas y caían sobre la hojarasca, regando las raíces del viejo abeto que temblaba de emoción, como si albergase en su tronco el alma de su padre.

Al rato Zulema se levantaba ya reconfortada y se paseaba acariciando todas y cada una de las plantas que por allí crecían. Las llamaba por sus nombres moros y ellas parecían entender sus palabras. Había una pequeña hierba muy peludita que Zulema quería con especial cariño, un helechito muy menudo y frágil cuyas frondes se rompían nada más tocarlas. Ella conocía su fragilidad y se sentía identificada con aquella plantita insignificante y sin embargo tan bonita.

Pleurosorus hispanicus, un tesoro de Andalucía

Musarraf se la había enseñado como si de un gran tesoro oculto se tratase. Con su fuerte mano de padre había cogido uno de sus deditos y le había hecho acariciar la superficie velluda de sus frondes. A ella se le había iluminado la mirada y con sus grandes ojos de azabache se había girado hacia su padre y le había dicho: "¡Qué suave es, parece terciopelo!". "Sí, mi niña, como terciopelo, como tú", le había respondido él.

Haz y envés de las frondes de Pleurosorus hispanicus, con su tupida pilosidad glandulosa.

Como si de sus recuerdos dependiera su supervivencia, Zulema recordaba todas las palabras de su progenitor y repetía una y otra vez los paseos que había dado en su compañía. Él le había inculcado el amor por su tierra, sus bosques de abetos, los arroyos que bajaban de la sierra tras las abundantes lluvias, sus animales, sus plantas, hasta la más insignificante de las hierbas. En brazos de su padre había admirado la belleza inmaculada de las florecillas blancas de la Saxifraga, compañera de hábitat del helechito de terciopelo.

Pleurosorus hispanicus y Saxifraga bourgeana, en las afueras del pueblo de Grazalema.

Flores de Saxifraga bourgeana.

También en brazos de Musarraf había aprendido a querer y a reconocer los pájaros de aquel paraíso por su canto, sin necesidad de verlos. Su corazón había latido rápido por la emoción cuando su padre le enseñó el contenido de un nido con los pajarillos recién nacidos abriendo inocentemente sus picos. Jamás lo iba a olvidar. Sus recuerdos con todos aquellos detalles eran para ella como el más preciado de los tesoros. Eran su agarradero para poder sobrevivir.

Su malvada ama cristiana la insultaba y maltrataba continuamente, sobretodo cuando se escapaba hacia el bosque. Entonces mandaba a sus hijas a buscarla y la obligaban a volver a casa, donde recibía una gran paliza. Para doblegar su carácter indomable, su ama la castigaba a no poder salir de la casa durante semanas y la humillaba con los trabajos más penosos y duros.

Zulema deseaba morir, no pensaba en otra cosa. Jamás volvería a ser feliz. Los días se hacían interminables, una tortura sin fin. Las noches, sin embargo, eran su momento de evasión. En sueños volvía a pasear en brazos de su padre, olía su olor de hombre, su aliento de hierbabuena, sentía la fuerza de su abrazo, el calor de su cuerpo, escuchaba las palabras bonitas que Musarraf le susurraba al oído y era otra vez feliz, en sueños, pero feliz.

Pasaron varios años. Su carácter se amansó por pura resignación y su ama envejeció, volviéndose menos severa con ella. Las hijas de la casa se casaron y fueron a vivir con sus suegras y Zulema siguió soltera, porque ningún mozo del pueblo la quería, por ser mora.

Aunque no la quisieran como esposa, en el fondo secretamente la deseaban porque era la más bonita del pueblo, con su largo pelo negro cubierto por un velo blanco de algodón, sus ojos de azabache, sus labios como una rosa a medio abrir, su piel morena, su talle esbelto de princesa mora, sus caderas suaves, su andar elegante, su voz dulce como la miel de la flor del olivo. Sí, la deseaban, pero eran cobardes.

Bellísimas flores masculinas de Abies pinsapo.

En la Gran Zulema, su pueblo, había otros moros esclavizados, bautizados eso sí, pero en el fondo tratados como esclavos, como la misma Zulema. Uno de estos moros se llamaba Taufik, un mozo fuerte y hermoso que los cristianos habían bautizado como Fernando. Tenía la misma edad que Zulema y como ella seguía soltero porque ninguna cristiana le quería como esposo. Hacía años que estaba secretamente enamorado de ella y a escondidas la seguía en sus escapadas al bosque de abetos. Había visto muchas veces lo que hacía en su ritual en recuerdo de su padre. La había escuchado cantar a los pájaros y a las hierbas en su lengua materna, que era también la suya. Otras veces la había visto llorar amargamente y él también había llorado sin que ella se apercibiera de su cercanía. Conocía su amor por el pequeño helecho de terciopelo. Deseaba con desesperación abrazarla, acariciarla, besarla, decirle que la amaba, pero no se atrevía porque nada podía ofrecerle. No tenía nada. No tenía casa. Era un esclavo.

Sí, Taufik estaba muy triste, lloraba desconsolado cuando nadie le veía. Como Zulema también deseaba morir. Una tarde de agosto con un calor bochornoso fué a resguardarse del sol bajo la tupida copa del viejo abeto de Zulema. Se sentó donde ella se sentaba y rompió a llorar amargamente. Acabó durmiéndose y estando profundamente dormido en sueños sintió que el tronco del abeto le abrazaba y se asustó. Quiso levantarse y escapar pero no pudo. El miedo le paralizó y fue entonces cuando escuchó como un susurro que le hablaba con una voz de hombre que le pareció familiar. "Taufik, hijo mío, sé lo mucho que quieres a mi niña Zulema. No llores más. Hace años le prometí que un día sería la reina de estos bosques. Levántate, escarba con las manos donde estabas sentado y encontrarás una cajita de plata llena de monedas de oro. Son para vosotros. Con ellas compra este bosque y construye un palacio para Zulema. Después despósate con ella y hazla feliz".

Aturdido, como delirando, Taufik respondió al árbol: "¿Y cómo le digo que la quiero? Nunca he hablado con ella y no tengo ni padre ni hermanos que puedan pedir su mano por mí". Y el árbol le respondió: "No temas, yo te diré lo que tienes que hacer para conquistar su corazón. ¿Ves la hierbita velluda que crece en esta roca rezumante? Arranca una hojita con cuidado, pues es muy frágil y regálasela a Zulema en cuanto la veas. No hace falta que le hables, sólo dásela".

Envés de una fronde de Pleurosorus hispanicus, endémico de Andalucía y el norte de África.

Taufik sintió que la sangre le hervía en las venas y que su corazón le iba a estallar en su pecho. Había encontrado por fín una esperanza para ser feliz con su amada. Escarbó a los pies del viejo abeto y encontró la cajita de plata con las monedas de oro. Luego fue en busca de su amo y le compró su propia libertad. Ya sin el yugo de la esclavitud se encaminó hacia la casa del dueño de aquellos montes y le compró por una docena de monedas de oro el bosque de abetos que tanto amaba Zulema. Pagó después por la libertad de varios esclavos bautizados como él y les pidió que le construyeran un palacio, pequeño pero hermoso como una joya, junto al viejo abeto. Zulema y él no necesitaban nada más para ser felices.

Taufik sabía que a Zulema le extrañaría ver a aquellos hombres construir un palacio en su querido bosque y esperó a que acudiera. La vió de lejos acercarse con su paso ligero de gacela y la quiso como nunca la había querido. Iba a ser suya. 

Zulema llegó a donde él estaba y con la cabeza agachada y cubierta por el velo de algodón blanco habló con voz suave pero firme: "¿Qué haces en mi bosque?". A Taufik la voz  tan cercana de Zulema le pareció la más bonita del mundo. Su corazón latía alocadamente en su pecho, pues nunca había estado tan cerca de su amada y con dos lágrimas de felicidad en sus ojos moros le contestó: "Estoy construyendo un palacio para ti. Quiero que seas mi esposa. Tu padre me dio tu mano en sueños y para que me creas me dijo que te diera esta hoja". Alargó entonces la mano abierta hacia ella y le enseñó la pequeña hoja velluda de la hierba de terciopelo y entonces Zulema supo que aquella era la voluntad de su amado padre. Levantó la vista hacia Taufik y le miró directamente con sus ojos de azabache. Su mirada atravesó como una lanza los negros ojos de aquel muchacho y llegó hasta su alma y así ella supo que era bueno y noble y le quiso por esposo. Cogió la hojita y se la guardó en la mano. "Búscame cuando hayas acabado el palacio y seré tu esposa", le contestó. Taufik se sintió como si flotase en una nube, como las que visitan casi a diario el bellísimo pueblo blanco de la Gran Zulema, su amada esposa.

Leer la continuación en el : Enlace al relato completo



jueves, 11 de noviembre de 2010

Phyllitis sagittata, mediterránea genuina

La Phyllitis sagittata, sinónimo de Asplenium sagittatum, prima hermana de la Phyllitis scolopendrium, es un bellísimo helecho muy poco conocido y peligrosamente escaso que vive en las zonas costeras de todo el Mediterráneo, desde el sur y este de la Península ibérica, pasando por las Islas Baleares, sur de Francia, Córcega, Cerdeña, Sicilia, Península italiana, Malta, Marruecos, Argelia, Tunez, Libia, Grecia, Turquía, Jordania, Líbano e Israel.

Recibe el nombre de Lengua de ciervo (Tongue fern, en inglés) por la curiosa forma de sus frondes de limbo entero con dos aurículas divergentes en su base. Su hábitat son las grietas de rocas orientadas hacia el norte, frescas, sombreadas y húmedas, con predilección por las rezumantes, así como también cuevas, torrentes y barrancos. Puede vivir también con una cierta exposición solar siempre que sus raíces reciban humedad constante durante los meses más secos.

Vigorosa Phyllitis sagittata en mayo vista desde arriba creciendo en una pared de bloques de arenisca que bordea un canal de la Albufera de Mallorca. El borde crenado de las frondes es una variante fenotípica de este helecho.

Otro viejo ejemplar de Phyllitis sagittata con el borde crenado. Fotografía cedida por un técnico naturalista  del Parc Natural de s'Albufera de Mallorca, Pere Vicens, descubridor de la población de este helecho en un canal de dicho parque.

Bellísimo ejemplar de frondes bífidas como una lengua de serpiente, fotografiado en la Font del Teix de la Serra del Montsià al sur de Cataluña. Fotografía cedida por el botánico Rafel Curto.

Pequeña Phyllitis sagittata con frondes de borde liso creciendo en la grieta de una roca en el Valle de Sóller de la Isla de Mallorca. Aunque parezca muy joven, en realidad no lo es. Su aspecto se debe a las condiciones de escasa humedad en las que vive, que la obligan a brotar frondes pequeñas muy coriáceas, adaptadas a las duras condiciones del hábitat rocoso donde cayó y germinó la espora de la que surgió.

Grieta rocosa donde crece la pequeña Phyllitis sagittata anterior en el Valle de Sóller a 200 msnm, orientada hacia el norte. La capa de musgo que la rodea le facilita la supervivencia al absorber como una esponja la humedad del rocío matinal. A su vez la roca que tiene encima hace las veces de campana captadora de la humedad en las frescas madrugadas mallorquinas, de manera que el agua condensada sobre su superficie va cayendo gota a gota en la grieta donde el helecho tiene hundidas sus raíces.

Este ejemplar en los últimos años ha tenido que soportar, además, la voracidad de las cabras asilvestradas, que como una plaga muy destructiva están acabando con la flora más amenazada de Mallorca. 

Así quedó hace unos años tras ser ramoneada por una cabra. Menos mal que le quedó este pequeño trozo de fronde para seguir respirando, ya que de lo contrario sus raíces hubieran quedado ahogadas y hubiera muerto.

En un esfuerzo desesperado por sobrevivir recurrió a las pocas reservas de su diminuto rizoma y volvió a brotar al cabo de un més. Mi alegría al ver estas frondes nuevas fue inmensa, pues ya la daba por muerta. Le dije: "Pequeñaja, mi niña, eres una campeona de la supervivencia, ni las cabras pueden contigo". Es el único ejemplar de su especie en muchas hectáreas, un pequeño tesoro, una esperanza. Desde entonces la mantengo cubierta por varias ramas espinosas de aulaga negra, Calicotome spinosa, que disuaden a las cabras de comérsela de nuevo.

La pequeña campeona hace lo que puede para perpetuarse. En esta foto podeis ver los soros cargados de esporas en el envés de una de sus diminutas frondes. Con suerte alguna de ellas caerá en una grieta rocosa con el suficiente sustrato y humedad para germinar y darle una hija.

A unos 15 kilómetros de la pequeña campeona, en un barranco muy húmedo y sombrío por donde discurre el Torrent de Pareis en la costa noroeste de Mallorca vive esta vieja matriarca de grandes frondes extendidas hacia la luz, cuyos bellísimos soros se transparentan a contraluz. A su alrededor crecen decenas de pequeñas hijas suyas, que son una esperanza para el futuro. (Doble click encima de la foto para ampliarla)

Diminutas Phyllitis sagittata, hijas de la vieja matriarca anterior, creciendo en una covacha del barranco con poquísima luz a pocos metros de su madre, acompañadas de Asplenium trichomanes ssp. quadrivalens.
Envés de una fronde de 10 cms. de longitud con la bellísima distribución simétrica de los soros a lo largo de las nerviaciones de la lámina.

Detalle de los soros, dispuestos de forma paralela,  de no más de 13 mm de longitud con el indusio bivalvo de margen entero. Se distinguen los esporangios maduros como pequeñas bolitas marrones, a punto para dispersar las esporas. (Doble click encima de la foto para ampliarla)

Esporangio de Phyllitis sagittata después de dispersar las esporas. Se aprecian bien todas sus partes: el esporangióforo a la izquierda que hace las veces de cordón umbilical y nutre el esporangio, el anillo de células que actúa como una placenta y alimenta las esporas durante su formación  y  la bolsa transparente que en la microfotografía se ve desgarrada y vacía, donde crecen las esporas como si de un útero se tratase.

 
Y por último aquí podeis ver las esporas de Phyllitis sagittata. Como ocurre en todos los helechos diploides son de pequeño tamaño. 

En Andalucía la Lengua de ciervo corre un serio peligro de extinción, ya que solo se conocen unas pocas poblaciones con escasos individuos en el Parque Natural de la Sierra de Grazalema y en el Parque Natural de los Alcornocales, en las províncias de Cádiz y Málaga. Está incluída como especie vulnerable en la Lista Roja de la Flora Vascular de Andalucía.  http://waste.ideal.es/listarojaandalucia.htm

Por suerte este helechito tan nuestro, tan mediterráneo, se puede reproducir con cierta facilidad por cultivo de esporas, lo que supone una esperanza para evitar su completa extinción.

Y aquí teneis la prueba, una casi microscópica Phyllitis sagittata recien germinada tras la fecundación de la oósfera de un gametofito por un anterozoide de otro gametofito a los 17 meses y medio de la siembra de las esporas. Se pueden ver sus diminutos frondes de un verde claro y a su alrededor multitud de gametofitos cuya oósfera aún no ha sido fecundada, cada uno de ellos provisto de los rizoides que absorben el agua y los nutrientes del sustrato. Fotografía hecha en el interior de la fiambrera donde he hecho el cultivo. Las esporas proceden de una vieja Lengua de ciervo de la Albufera de Mallorca. ( Doble click encima de la foto para ampliarla )

Y por último el resultado tras dos largos años de cultivo: una decena de pequeñas Phyllitis sagittata recien trasplantadas a macetitas individuales. Dentro de un año, más o menos, ya estarán en condiciones de ser trasplantadas cerca de su madre, para reforzar la poblacion de la Albufera de Mallorca.


domingo, 7 de noviembre de 2010

Asplenium hemionitis, el diseño hecho arte

El Asplenium hemionitis es para mí uno de los helechos más bonitos de la Macaronesia. El diseño de sus frondes y la simetría de sus soros son el resultado de millones de años de evolución. Pertenece a la gran família de las Aspleniaceae y su dotación cromosómica es diploide ( 2n = 72 ). Sus frondes, de consistencia coriácea y un color verde brillante, se confunden con las hojas de hiedra, de ahí que los portugueses lo llamen "Feto de folha de hera". En las Islas Canarias recibe el nombre de "Hierba candil". Necesita humedad permanente durante todo el año, que consigue gracias al fenómeno de la lluvia horizontal que abastece de agua los bosques de Laurisilva, que son su hábitat.

Viejo ejemplar de Asplenium hemionitis en la Isla de Faial del Archipiélago de las Azores. En estas islas la humedad es tan grande que este helecho puede vivir a pleno sol, llegando a colonizar los muros que bordean  los caminos y carreteras.

Frondes de Asplenium hemionitis, de un vivo color verde brillante y una textura coriácea, como de plástico. Miden hasta 35 cms. con el pecíolo algo más largo que la lámina.

Llegó a poblar gran parte de Europa y el Norte de África, coincidiendo con un período de clima subtropical, cálido y húmedo, en que los bosques de Laurisilva tuvieron su máxima expansión. Con la última glaciación fue retrocediendo hacia el sur y el este, huyendo del frío, quedando recluido desde entonces en los cuatro archipiélagos de la Macaronesia, varias localidades de Portugal donde persisten pequeños reductos de Laurisilva, como son la Sierra de Mafra y la Sierra de Sintra-Cascais, y en algunas localidades frescas y húmedas del norte de África ( Marruecos, Argelia y Tunez ).

La simetría de los soros parece diseñada por un matemático. Los de una mitad son la imagen especular de los de la otra mitad. Tienen una estructura linear y se distribuyen siguiendo los nerviaciones de la fronde. Los de la foto son inmaduros, cubiertos todavía por el indusio que es membranáceo, rígido, estrecho y entero.

Envés de otra fronde con los soros maduros, con el indusio levantado para que los esporangios puedan dispersar las esporas. En la foto se aprecia un polvillo oscuro alrededor de los soros que son las esporas.  También se puede ver el pecíolo largo y negro de las frondes. (Doble click encima de la foto para ampliarla).

Detalle de los soros maduros con el indusio blanco levantado. Se ven los esporangios negros desplegados que van dispersando las esporas como pequeñas catapultas.

Esporangio de Asplenium hemionitis, que por alguna razón no ha podido dispersar las esporas. Todavía permanecen dentro de la bolsa transparente a medio desgarrar, que les sirve de útero hasta su maduración.

Diminutas esporas de Asplenium hemionitis. El pequeño tamaño denota su dotación cromosómica diploide.

En la localidad de Taganana en la Isla de Tenerife se encuentra un bellísimo híbrido entre Asplenium hemionitis y Asplenium onopteris, llamado Asplenium x tagananaense.



El Asplenium x tagananaense tiene un aspecto antediluviano. Los largos pecíolos negros de sus frondes son una característica que comparten ambos progenitores. La lámina tiene una estructura intermedia, aunque sus soros recuerdan más al progenitor Asplenium hemionitis. Estas dos últimas fotos pertenecen a la magnífica web de fotografías de helechos de Andrew Leonard. Podeis ver más fotos en este enlace: Andrew Leonard´s fern site

sábado, 6 de noviembre de 2010

( 1/2 abuelo + 1/2 abuela ) + 1 abuela = Asplenium X sollerense

Pues sí, efectivamente, para volverse locos. Lo que pasa en esta familia de helechitos del Valle de Sóller es el colmo del incesto. Según reza la Real Academia de la Lengua Española, incesto es la relación carnal entre parientes dentro de los grados en que está prohibido el matrimonio. Exactamente lo que han hecho la hija apomeiótica de la abuela y el nieto apogámico de la abuela. El fruto de su relación es un bellísimo helecho muy vigoroso, el Asplenium X sollerense, endémico del Valle de Sóller en la Isla de Mallorca.

Asplenium fontanum ( FF )   >    >    X    <    <    <    <  Asplenium petrarchae ssp. bivalens ( PP )
    v                                               ( Hibridación interespecífica )                         v
    v                                                                    v                                                                       v
    v                                                                    v                                                                       v
    v                                 Asplenium protomajoricum ( FP )                                  v
    v                                                                  v                                   ( Duplicación cromosómica por Apomeiosis )
    v                                                                  v                                                                        v
    v                                     ( Apomeiosis y Apogamia )                                              v 
    v                                                                 v                                                                         v         
    v                                                                 v                                                                         v        
     >  >  >   X  <  <  Asplenium majoricum  ( FFPP ) >  >  X  <  < Asplenium petrarchae ssp. petrarchae ( PPPP )
                    v                                                                                               v
                    v                                                                                               v
      ( Retrohibridación )                                     ( Retrohibridación indirecta )
                    v                                                                                              v
                    v                                                                                              v
 Asplenium x reichsteinii ( FFP )                      Asplenium x sollerense ( FPPP )

Así es el complicado arbol genealógico de esta família que pasa de convencionalismos, tabús y prohibiciones. Cualquiera diría que sus miembros sienten envídia de los faraones, que se casaban con sus hermanas.

El Asplenium x sollerense es pues un híbrido alotetraploide con el 75% de su genoma procedente del Asplenium petrarchae ssp. bivalens (su abuela) y el 25% restante del Asplenium fontanum (su abuelo).

 
Viejo ejemplar de Asplenium x sollerense, con sus largas frondes péndulas de un vivo color verde claro, en una grieta sombreada orientada hacia el noroeste a 200 msnm. de la finca Can Gomila, muy cerca del núcleo urbano de Sóller.

Otro Asplenium x sollerense con sus largas frondes nuevas más anchas en su parte distal y el raquis verde. Este ejemplar crece orientado hacia el norte a unos 500 msnm.


Ejemplar más joven que crece a unos 300 msnm en un viejo olivar del bellísimo Barranc de Biniaraix. Vive rodeado de sus progenitores, el Asplenium petrarchae ssp. petrarchae que es más oscuro y más piloso y el Asplenium majoricum, mucho más pequeño y con escasa pilosidad. Me llamó mucho la atención por su vivo color verde claro, herencia de su abuelo Asplenium fontanum y por la anchura y el gran tamaño de la lámina de sus frondes.

La disposición pendular y la longitud de sus frondes es una herencia de su abuelo el Asplenium fontanum. Los de la foto miden unos 15 cms y tienen el pecíolo de color negro más corto que la lámina, ésta lanceolada y más estrecha en la base, con el raquis verde excepto en su parte más proximal, ápice ligeramente alargado y obtuso, pinnas anchas, alternas y asimétricas de borde lobado-crenulado, más grandes las distales, con pelos glandulosos unicelulares.

Tricomas o pelos glandulosos de Asplenium x sollerense formados por una sola célula tubular acabada en un bulbo excretor, por donde se excretan aceites esenciales urticantes como defensa contra los animales fitófagos. Todos los descendientes del Asplenium petrarchae tienen estos tricomas en mayor o menor número.
Los pelos glandulosos de los helechos son los precursores evolutivos de los pelos pegajosos de las plantas carnívoras, los cuales, además de sustancias pegajosas, también excretan enzimas digestivos para digerir sus presas.

Otra imagen microscópica de los pelos glandulosos del Asplenium x sollerense con sus medidas en micras. ( Doble click encima de la foto para ampliarla ).

Envés de varias pinnas con los soros aún inmaduros cubiertos por el indusio, dispuestos a cada lado del eje central de cada pinna. Se aprecia el raquis negro en los 2/5 proximales de la cara inferior de la lámina. En los 3/5 distales el raquis es verde. En cambio, en la cara superior del raquis predomina el color verde, sólo oscuro en la parte más proximal.

Esporas obtenidas del viejo y vigoroso ejemplar de Can Gomila. No se vé ninguna abortada, su aspecto es normal y de tamaño más bien grande como las de todos los tetraploides.

Como ocurre con su primo el Asplenium x reichsteinii, el Asplenium x sollerense, aunque teóricamente estéril, también es capaz de generar esporas viables y no es dificil encontrar ejemplares solitarios en las paredes de los bancales más sombríos y húmedos del Valle de Sóller. Lo que llama más la atención es su vivo color verde claro, el porte pendular de sus largas frondes y la forma de su lámina, llamativamente más ancha en su parte distal.

Diminuto Asplenium x sollerense obtenido por cultivo de esporas.