sábado, 12 de febrero de 2011

Armillaria mellea, una asesina silenciosa

El hongo Armillaria mellea es un serio problema en arboricultura, ya que causa la muerte de un gran número de árboles, tanto en plantaciones de frutales como en repoblaciones forestales. Todo empieza con una espora llevada por el viento. Si cae en una pequeña herida en la corteza de la base de un árbol sensible, germina y empieza la pesadilla. La espora germinada da lugar a un micelio blanco que va creciendo como una telaraña por debajo de la corteza y se alimenta del cambium subcortical. En su crecimiento tiene predilección por las raíces y respeta la corteza del tronco y las ramas, es decir, ataca las partes subterráneas del árbol.

Setas de Armillaria mellea en noviembre creciendo sobre las raíces de una encina en la finca de Monnàber de la Serra de Tramuntana de Mallorca. (Doble click sobre la foto para ampliarla)

El micelio prosigue en su crecimiento desde la base del árbol hacia las raíces principales, luego las secundarias y finalmente las más finas. Si por el camino se encuentra con alguna raiz de otro árbol sensible también lo invade, de manera que llega a afectar grandes extensiones de terreno, yendo de árbol en árbol como una mancha de aceite. Para ello forma agrupaciones de hifas, llamadas cordones miceliares, que actúan como exploradoras del terreno a la búsqueda de nuevas víctimas, o sea, raíces sanas a las que invadir. Se la podría llamar asesina silenciosa, ya que no se ve, pero ahí está bajo tierra matando miles de árboles, arbustos y lianas.

Setas tiernas de Armillaria mellea en noviembre, creciendo sobre la raíz superficial de una encina en un bosque mixto de pinos, encinas y acebuches del Coll de Sóller en Mallorca. Esta imagen explica el motivo por el que se le dió el nombre de "mellea", es decir, de color de miel. El sombrero de las setas tiernas está cubierto de escamas más oscuras, que se van desprendiendo a medida que crece.

El micelio de un solo individuo puede llegar a invadir varias hectáreas, calculándose en toneladas el peso total de un único hongo. Durante el verano el calor y la sequía lo mantienen en estivación, esperando pacientemente las primeras lluvias otoñales. Cuando la tierra vuelve a estar húmeda y las temperaturas son más frescas, reinicia su actividad invasora, nutriéndose del cambium de todas las raíces vivas que encuentra a su paso. Cuando ha acumulado suficientes nutrientes, en noviembre o diciembre, produce las setas cargadas de esporas para reproducirse.

Ramillete de 1.200 gramos de Armillaria mellea a principios de diciembre sobre un tocon de cerezo muerto hace dos años.

Aunque en general sus setas se consideran comestibles, sobre todo las más tiernas, algunas personas sufren intolerancia metabólica y no pueden digerirlas, provocándoles una intoxicación llamada resinoide, que se manifiesta como una severa gastroenteritis aguda con náuseas, vómitos, diarrea con heces amarillentas y dolor abdominal, llegando incluso a presentar ictericia leve, como si de una hepatitis tóxica aguda se tratase. Por suerte suele evolucionar hacia la curación espontánea en 24 ó 48 horas, dependiendo de la cantidad de setas consumida.

Armillaria mellea en diciembre creciendo en la base de un albaricoquero. El color de las setas varía según la planta que parasitan, oscilando entre oliváceo, amarillento, pardo claro o rojizo.

Setas anteriores vistas de cerca. El sombrero mide entre 4 y 12 cms. de diámetro y es algo más oscuro en el centro. La parte aérea del albaricoquero seguía viva. A finales del invierno, justo en el momento en que empezó a brotar y florecer, murió fulminado con las flores a medio abrir, ya que sus raíces no pudieron alimentar las yemas florales.

Una de las setas anteriores vista por su parte inferior. El pie es muy fibroso y algo más oscuro que el resto de la seta. Se aprecia el anillo membranoso que rodea el pie en su parte más cercana al sombrero. La seta desprende un agradable aroma fúngico.

Láminas de Armillaria mellea desiguales y decurrentes. Su color se va oscureciendo a medida que envejecen. Entre las láminas se desarrollan los esporangios de tipo basidio, cada uno de los cuales produce 4 esporas blanquecinas y elípticas, cuyo diámetro máximo no supera las 9 micras. La esporulación es muy abundante y cubre de un manto blanco los sombreros que están por debajo. (Doble click encima de la foto para ampliarla)

Base del albaricoquero anterior con las setas retiradas. Se ve la abundante emisión de goma como reacción a la agresión del hongo. La goma detiene el crecimiento hacia arriba del micelio, pero no puede impedir que ataque las raíces.

Base de un ciruelo muerto por la Armillaria mellea. Se ve el micelio blanco debajo de la corteza que desprende un fuerte olor acre muy característico y desagradable. El ciruelo murió fulminado tras la brotación primaveral.

Setas de Armillaria mellea creciendo sobre el tocón de un viejo rosal al que mató un año antes.

Base de un tallo de platanera de jardín, Musa "Orinoco", muerta por el ataque fulminante del micelio de Armillaria mellea.

Corte transversal del tallo anterior totalmente invadido por el micelio, que en esta planta de tallo herbáceo adopta una disposición diferente a las plantas leñosas.

Base del tronco de un Chirimoyo, Annona cherimolia, muerto por la Armillaria mellea. Se ve muy bien como el micelio no consigue crecer hacia arriba, mientras que sí crece hacia abajo, invadiendo la corteza de la base del árbol y todas las raíces. Se aprecia la corteza aún viva en la parte aérea del tronco, ya que el árbol murió fulminado al no recibir el agua y los nutrientes que las raíces muertas no podían suministrarle.

 Chumbera, Opuntia ficus-indica, que cayó a finales de abril con la base podrida por la Armillaria mellea.

Detalle de la base podrida de este cactus americano. Se aprecia el micelio del hongo entre las capas del tallo. Desprendía el desagradable olor acre típico de la Armillaria.

Base del tronco de un mango, Mangifera indica, muerto por la Armillaria mellea. El árbol tenía ocho años y ya había dado varias cosechas de abundantes frutos. Estaba muy bien adaptado al clima del Valle de Sóller, soportaba bastante bien el frío invernal, pero no pudo superar el ataque despiadado del hongo. En la imagen se ve el micelio blanco tras arrancar un trozo de corteza. A la derecha también se puede ver una raíz afectada.

Micelio intensamente blanco de la base del mango anterior. El olor es tan fuerte y característico que una vez olido jamás se puede olvidar. (Doble click encima de la foto para ampliarla)

 Base de un guayabo, Psidium guajaba, muerto de forma fulminante en pleno verano del año 2017 por el ataque de la Armillaria mellea.

Base de una morera, Morus alba, que había sido injertada exitosamente con estacas de Morus nigra, y a principios de verano, cuando estaba a punto de madurar las moras, murió fulminada por el ataque de la Armillaria mellea. En la foto, realizada a principios de diciembre, se pueden ver los cuerpos fructíferos o setas de la asesina.

 Detalle de las setas de un bonito color miel.

Por suerte no todas las plantas sucumben al ataque de esta asesina silenciosa, ya que unas pocas han aprendido a hacerse respetar y han adquirido resistencia en forma de toxinas o anticuerpos, que impiden la invasión o destruyen al micelio una vez han sido atacadas. Suelen ser plantas autóctonas que, tras convivir durante millones de años con la Armillaria, han sufrido mutaciones adaptativas que las protegen del ataque del hongo mediante la síntesis de toxinas fungicidas. 

Otras plantas, sin ser autóctonas, son capaces de contraatacar en las primeras etapas de la invasión y producen fitoanticuerpos que destruyen el micelio. Estas campeonas de la supervivencia languidecen durante años sin llegar a morir, el hongo produce setas en su base durante tres o cuatro otoños, hasta que una primavera brotan vigorosamente, superan la enfermedad y dejan de producir setas. Esta recuperación espectacular la he visto en aguacates, higueras, cryptomerias, palmitos de la fortuna, saúcos, nísperos del Japón, etc...

Tuve una higuera "Coll de Dama Negra", injertada sobre un cabrahigo silvestre, que estaba tan afectada por el ataque del hongo que durante varios años dió muy pocos higos, los cuales maduraban bien con un aspecto apetitoso pero tenían un sabor repugnante a podredumbre. Las hojas eran pequeñas, amarillentas y en escaso número. Cada otoño brotaba un buen ramillete de setas de Armillaria mellea en la base de su tronco. Una primavera se produjo el milagro y brotó grandes hojas con un vigor inusitado, a finales del verano dió una gran cosecha de higos de un sabor exquisito y ya no volvieron a salir más setas en su base. Han pasado 15 años y la higuera está enorme y completamente recuperada.

Níspero del Japón recuperado del ataque de la Armillaria mellea. El micelio llegó a pudrirle todas las raíces y la base del tronco. Sin embargo logró sobrevivir emitiendo raíces directamente de la corteza sana del tronco, que ya no han sido atacadas por el micelio, que evidentemente persiste en el terreno y en las raíces podridas. En la imagen se ven muy bien los restos podridos de la base del tronco y las raíces casi aéreas, que surgieron a unos 10 cms. del suelo y se introdujeron en la tierra para salvar al árbol. El esfuerzo que tuvo que hacer el níspero fué titánico, pues no tenía más que la poca agua y nutrientes almacenados en su tronco y ramas moribundas, que utilizó con gran sabiduría para echar las raíces aéreas y salvarse de una muerte segura. Actualmente produce grandes cosechas de frutos dulces y jugosos y su aspecto es inmejorable.

Base completamente podrida del tronco de un saüco, Sambucus nigra, que también sobrevivió a un ataque despiadado de la Armillaria. Tras la brotación primaveral empezó a languidecer, las hojas amarillearon y se le cayeron en pleno mes de julio. Por suerte unas semanas después, ya en agosto, llovió durante varios días y esto fué lo que le permitió sobrevivir. Concentrando la poca agua y nutrientes que todavía le quedaban en el tronco emitió pequeñas raíces blancas directamente de la corteza sana, que se introdujeron en la tierra recien humedecida, y en septiembre milagrosamente su tronco emitió nuevos brotes, alimentados por las raíces nuevas. El micelio del subsuelo ya no pudo atacarlas, pues el saüco había aprendido la lección y había sintetizado fitoanticuerpos contra el micelio. Se había autovacunado.

A pesar de la aparente maldad de la Armillaria mellea, se sabe que algunos árboles forestales que crecen en lugares infestados por el micelio, no sólo no son atacados por el hongo, sino que han aprendido a beneficiarse mutuamente en una increible simbiosis, actuando la Armillaria como una micorriza. Ver un ejemplo---> Acrocarpus fraxinifolius, un árbol para el futuro.

Luchar contra esta asesina silenciosa es totalmente infructuoso. De nada sirve arrancar los árboles infectados, quemar sus troncos y raíces, arar la tierra, tratar el terreno con productos fungicidas, luchar con métodos biológicos, utilizando microorganismos enemigos de la Armillaria que se incorporan al terreno y atacan su micelio.

Aparentemente todos estos métodos en un primer momento parecen funcionar, pero el inmenso micelio de varias toneladas, que ocupa el subsuelo como una gigantesca telaraña  subterránea e invisible y llega a cubrir varias hectáreas, tiene siempre las mejores cartas para ganar la partida. Muy inteligentemente se esconde bajo la corteza protectora de las raíces infestadas o sus esporas permanecen dormidas durante años sin germinar. Una vez ha pasado el peligro, cuando los fungicidas ya se han vuelto inactivos por oxidación o neutralización química o cuando los microorganismos de la lucha biológica han muerto por falta de comida (ella, su micelio), entonces revive como el ave fénix y vuelve a hacer lo que mejor sabe: sobrevivir matando toda planta desprotegida que se le ponga por delante.

Así de mala y astuta es la seta de miel.




viernes, 11 de febrero de 2011

Diplazium caudatum, la belleza de lo negro


Este bellísimo helecho es un endemismo ibero-macaronésico que vive en todos los archipiélagos de la Macaronesia: Canarias, Azores, Madeira y Cabo Verde y en la comarca de Algeciras de la provincia de Cádiz, incluída dentro del Parque Natural de Los Alcornocales, donde persiste un hábitat similar a la Laurisilva, cálido y húmedo durante todo el año. Pertenece a la família de las Athyriaceae y su genoma contiene 82 cromosomas ( 2n= 82, n= 41 ). Es una reliquia del Mioceno, al igual que otros helechos ibero-macaronésicos o africano-ibero-macaronésicos, tales como Woodwardia radicans, Culcita macrocarpa, Asplenium hemionitis, Davallia canariensis, etc.. Durante la Era Terciaria con un clima más cálido y húmedo que ahora estos helechos poblaban la mayor parte de la cuenca mediterránea.

Hermoso ejemplar de Diplazium caudatum que crece en la Caldeira do Faial del Archipiélago de las Azores. Haciendo doble click sobre la foto para ampliarla se aprecia el brillante raquis negro muy llamativo de las frondes, típico de este helecho.

Grupo de Diplazium caudatum creciendo en la ladera sombreada y húmeda de un torrente de la Isla de Faial. Se pueden ver los rizomas y algunas hojas de la alóctona invasora Hedychium gardnerianum, que compite por el mismo hábitat y pone en peligro la supervivencia de este bello y escaso helecho paleomediterráneo.

Joven ejemplar de Diplazium caudatum cultivado en el Jardín botánico del Aljibe, ubicado en el municipio de Alcalá de los Gazules, donde conservan los helechos endémicos más representativos de la laurisilva gaditana.

Sotobosque de Laurisilva, umbrío y húmedo, hábitat ideal de los helechos macaronésicos. Fotografía realizada en el maravilloso Bosque de los Tiles en la isla canaria de La Palma. Ampliando la foto con un doble click se puede ver una numerosa población de Diplazium caudatum. En estos bosques relictos el silencio es impresionante, sólo roto por el tintineo de las gotas de la lluvia horizontal que caen desde las altas copas de los árboles y el canto gutural de las bellísimas palomas endémicas rabiche y turqué. El aire huele a tierra buena, sana, fresca. Es un verdadero placer aspirar profundamente para oxigenar la sangre.

Viejos ejemplares de Diplazium caudatum del Bosque de Los Tiles. Se pueden ver los sarmientos rastreros de la endémica Hedera canariensis.

En el Archipiélago de las Canarias vive en Tenerife, Gran Canaria, La Gomera y La Palma en barrancos y bosques de Laurisilva permanentemente húmedos, umbrosos y profundos, entre 250 y 800 msnm. Necesita temperaturas cálidas durante todo el año sin cambios bruscos ni heladas. Está clasificado como vulnerable en la Lista Roja de la Flora Vascular Española del año 2008.  

En las Azores vive en las nueve islas del archipiélago. También vive en Madeira, pero no en la pequeña Isla de Porto Santo. En el Archipiélago de Cabo Verde sólo ha sido descrita en la Isla de Santo Antâo.

Bellísima fronde nueva de Diplazium caudatum que puede alcanzar los 190 cms, lo que convierte a este helecho en el tercero más grande de la Macaronesia, por detrás de la Woodwardia radicans y la Culcita macrocarpa. Se puede ver como el raquis negro va cambiando a verde a medida que se acerca al ápice de la lámina. Por su cara inferior el color negro llega casi hasta el ápice. La lámina  es ovada u ovado-lanceolada, tripinnada y glabra en ambas caras, de color verde oscuro cuando está totalmente desarrollada.

En esta imagen se puede ver el largo y fino ápice caudado o acuminado de las pinnas, detalle por el que se le dió el nombre "caudatum". (Doble click encima de la foto para ampliarla)

Detalle de las pínnulas de Diplazium caudatum. Es muy llamativo el color negro intenso y brillante del raquis, que va cambiando a verde a medida que se acerca al ápice de la lámina y de las pinnas.

Detalle del raquis manchado de negro y brillante. (Doble click encima de la foto para ampliarla)

Largos pecíolos brillantes y negros, pardo-negruzcos o marrón-verdosos de Diplazium caudatum, que pueden llegar a superar los 80 cms. y son más cortos que la lámina. En su parte inferior están cubiertos de páleas castaño-oscuras y opacas. El rizoma es rastrero y puede llegar a medir hasta 40 cms. de longitud y 10 cms. de diámetro en individuos añosos. Las frondes brotan a intervalos de 1 cm. unas de otras.

Soros inmaduros y oblongos de Diplazium caudatum con el indusio todavía sin levantar, dispuestos en dos hileras paralelas siguiendo el nervio central de cada pínnula.

Soros maduros con el indusio levantado dejando ver los esporangios ya desplegados dispersando las esporas.

Esporangio de Diplazium caudatum con la bolsa desgarrada, pero con las esporas todavía sin dispersar.

Esporas de Diplazium caudatum vistas al microscopio a 400 aumentos.

Las esporas de Diplazium caudatum germinan con facilidad. En la foto se puede ver un pequeño plantel de jóvenes ejemplares recien trasplantados a macetitas individuales, procedentes de esporas del helecho de la primera foto de este artículo.

domingo, 6 de febrero de 2011

Ama las fuentes construidas por los árabes

Al  Cabello de Venus o Culantrillo de pozo, Adiantum capillus-veneris, le gusta vivir con las raíces en el agua, por lo que sus esporas sólo germinan si caen sobre un suelo o pared permanentemente húmedos: pozos, fuentes, acueductos, canales, acequias, rocas y paredes rezumantes, riberas de ríos y torrentes, muros exteriores de aljibes, etc... Suele formar una gran colonia con numerosos individuos creciendo juntos en forma de cabellera colgante. Pertenece a la família de las Adiantaceae. Su genoma contiene 60 cromosomas ( 2n= 60, n= 30 ).

 
Frondes colgantes de Adiantum capillus-veneris en una pared rezumante de un bancal del Valle de Sóller en la Isla de Mallorca.

Bellísima cabellera de culantrillos cubriendo esta hermosa fuente ubicada en los jardines de Los Reales Alcázares de Sevilla. (Doble click encima de la foto para ampliarla)

El Adiantum capillus-veneris tiene un rizoma radicante que crece horizontal y está densamente cubierto de páleas lineares de color castaño. Sus frondes, dependiendo del grado de luz que reciben, pueden ser más o menos largas, alcanzando los 50 cms. El pecíolo y el raquis son negros, a veces castaño-negruzcos, con un vivo brillo de azabache y muy quebradizos. La lámina es ovado-lanceolada con pinnas de color verde claro y textura delicada. Pasando la mano sobre la cabellera que forman sus frondes se nota su delicadeza y suavidad. Antiguamente era usado en jarabes y tisanas para tratar problemas respiratorios por sus propiedades expectorantes.

Antigua fuente con cabellos de Venus construida durante la dominación musulmana de las Islas Baleares hace más de 800 años, ubicada en los bellísimos Jardines árabes de Alfabia, en el municipio mallorquín de Buñola.

El Adiantum capillus-veneris tiene una amplia distribución cosmopolita, creciendo en las zonas tropicales, subtropicales y templadas de toda  la Tierra, lo cual indica su gran capacidad adaptativa.

Imagen cercana de la fuente anterior adornada de verde por una gran colonia de Adiantum capillus-veneris. (Doble click encima de la foto para ampliarla)

Bellísima fuente árabe vestida de verde en los Jardines del Partal de los Palacios Nazaríes de la Alhambra de Granada. Por esta querencia por vivir en las fuentes también se le llama Culantrillo de fuente. (Doble click encima de la foto para ampliarla)

Otra antigua fuente construida durante la dominación musulmana de Mallorca, ubicada en la aldea de Randa, en un fertil valle a los pies de una pequeña montaña del centro de la isla. Los culantrillos tienen las raíces ancladas en la gruesa capa de musgo.

Canal de riego que recoge el agua de la fuente anterior, llamada localmente Font de Randa, con una gran colonia de Adiantum capillus-veneris. Los árabes mallorquines que construyeron la fuente y los canales de riego hace más de 8 siglos dominaban el arte de aprovechar el agua. Su habilidad les permitió sobrevivir a sequías terribles. Es de justicia reconocerles el gran legado que dejaron a los que les expulsaron de su amada isla. Con la casi seguridad de llevar un poco de sangre mora en mis venas procedente de los descendientes de los cerca de 3.000 moros mallorquines que quedaron como esclavos en su propia tierra y fueron obligados por los genocidas a renunciar a su lengua, su cultura y su religión, les dedico este artículo en agradecimiento al inmenso trabajo que realizaron convirtiendo una isla seca e improductiva en un vergel. 

Cabellos de Venus creciendo sobre las rocas que bordean el Torrent de Biniaraix en la Serra de Tramuntana de Mallorca. (Doble click encima de la foto para ampliarla)

Adiantum capillus-veneris entre las piedras de un bancal de un platanar del municipio de Tazacorte en la isla canaria de La Palma.

Hermoso ejemplar de Adiantum capillus-veneris con las pinnas profundamente lobuladas creciendo sobre las rocas que bordean el Torrent de Pareis de Sa Calobra en la costa noroeste de Mallorca.

Pinnas típicas de Culantrillo de pozo. Cada pinna está dividida en varias pínnulas separadas por una pequeña escotadura. Foto hecha en un huerto del municipio mallorquín de Sóller.

Envés de las pinnas de la foto anterior con los soros aún inmaduros, cubiertos por un falso indusio membranáceo, pseudoindusio, inserto en el borde de las pínnulas.

Soros maduros, uno en cada pínnula, con el pseudoindusio levantado dejando ver los esporangios, que ya se están desplegando y dispersando las esporas. Se aprecia la estructura reticulada en abanico de las pinnas, típica del género Adiantum.

Fotografía microscópica de un esporangio de Adiantum capillus-veneris, ya vacío tras la dispersión de las esporas. Se aprecia la bolsa desgarrada que contenía las esporas.

Esporas triletas, tetraédrico-globosas y finamente granulosas de Adiantum capillus-veneris. Llama la atención su bello color dorado.









jueves, 3 de febrero de 2011

Woodwardia radicans, el gigante cretácico de los bosques de laurisilva


Efectivamente, la Woodwardia radicans es el mayor helecho de los bosques de laurisilva. Sus frondes pueden alcanzar los 2´5 metros de longitud, superando al otro gigante, la Culcita macrocarpa. Precisamente estos dos grandes helechos, junto con la Selaginella balansae, se consideran como los más antiguos que durante el Cretácico tardío colonizaron la región mediterránea occidental a partir de ancestrales helechos africanos y asiáticos, tal vez en un período de clima cálido subtropical. Su distribución natural actual parece apoyar esta hipótesis, ya que vive en las islas macaronésicas: Canarias, Madeira y Azores (excepto en las Islas de Cabo Verde), en la costa cántabro-atlántica de la península Iberica: Galicia, Asturias, Cantabria y País Vasco, en el norte de Argelia y también en el sur de la península italiana, Sicilia, Córcega y Creta. Las poblaciones existentes en la Serra de Sintra en Portugal no son naturales.

Bellísimo ejemplar de Woodwardia radicans en un claro de un bosque de laurisilva de la Isla de Madeira cerca de Funchal a principios de mayo. (Doble click encima de la foto para ampliarla)

Por su gran belleza ha sido cultivada en muchos países de todo el mundo, encontrándose poblaciones asilvestradas en Asia y Norteamérica, por ejemplo en Florida y California. Pertenece a la familia de las Blechnaceae, al igual que la Doodia caudata, el Blechnum spicant y el Blechnum brasiliense. Su número de cromosomas es 2n = 68. El género Woodwardia fué dedicado al botánico inglés especializado en plantas criptógamas Thomas J. Woodward (1745-1820).

En las Islas Canarias recibe el nombre de Píjara, Penco labrado, Pirgua y Helecho de cumbre, en Galicia se le llama Feto de botón, en Portugal Feto de botâo, en Italia Felce bulbifera y en inglés Chain fern o Rooting chainfern.

Su nombre científico hace referencia a la capacidad de este helecho para reproducirse de forma vegetativa a partir de unos pequeños bulbilos, yemas o hijuelos, que como pequeños rizomas cubiertos de páleas marrones crecen en el extremo apical de las frondes. Cuando estos bulbilos entran en contacto con la tierra, echan raíces y empiezan a crecer como helechos independientes. Por esto los botánicos que le dieron el nombre la llamaron "radicans", o sea, enraizante.

Grandes frondes colgantes de Woodwardia radicans en la pared de un barranco del Bosque de los Tiles en la Isla de la Palma. Las frondes más viejas se van arqueando hasta conseguir que su punta entre en contacto con la tierra de la pared, momento en que el pequeño bulbilo o yema que crece en el extremo de la fronde echa raíces y da lugar a un nuevo helecho clónico idéntico a su madre.

Su hábitat preferido son los barrancos y bosques húmedos y umbrosos, tanto en paredes verticales, como en el sotobosque y también en grietas profundas de rocas. En la cornisa cantábrica, cuando se realizan talas masivas y el bosque queda desnudo sin la cubierta protectora de las copas de los árboles, las Woodwardias quedan a merced de las heladas y mueren con las frondes quemadas por el frío.

Tres jóvenes ejemplares de Woodwardia radicans en la ladera noroeste de la montaña volcánica llamada Caldeira do Faial en la isla del mismo nombre del Archipiélago de las Azores. Se aprecia el grueso rizoma cubierto de páleas marrones.

Impresionante fronde colgante de casi dos metros en el Bosque de los Tiles de la isla canaria de La Palma. La lámina es ovado-lanceolada, a veces triangular, con pinnas caudadas de más de 30 cms. Las pínnulas son subfalcadas, ligeramente serruladas. (Doble click encima de la foto para ampliarla)

Fronde nuevo de Woodwardia radicans desplegando sus pinnas a principios de mayo.

Aquí se puede ver el motivo de su nombre "radicans", una yema, hijuelo o bulbilo que crece en la punta de las frondes y cuando toca el suelo echa raíces y da lugar a un nuevo helecho. De esta manera se puede formar toda una población de Woodwardia radicans genéticamente idénticas al helecho original que nació de una espora.

En esta foto se ve un bulbilo o hijuelo ya enraizado en el extremo de una fronde de una Woodwardia radicans cultivada en un jardín de Mallorca. Estos hijuelos clónicos se pueden dejar crecer alrededor de su madre o bien se cortan de la fronde y se trasplantan a otro lugar parcialmente sombreado y resguardado de los vientos fríos del norte. En verano necesitan riegos regulares si no llueve. Para cortarlos y trasplantarlos no es necesario esperar a que echen raíces. También se puede poner una maceta junto a la madre sujetando el bulbilo sobre la tierra de la maceta y, cuando ha enraizado, ya se puede cortar del extremo de la fronde.

Hijuelo anterior ya sembrado. A las pocas semanas empieza a brotar frondes nuevas y dos años después alcanza la madurez.

Soros maduros de Woodwardia radicans en enero con el indusio levantado para que los esporangios se puedan desplegar y dispersar las esporas.

Detalle de los soros anteriores, que son típicos de la família Blechnaceae y están insertos profundamente en el envés de las pinnas, formando dos hileras paralelas pegadas al nervio central de cada pinna. Haciendo doble click sobre la foto para ampliarla se ven muy bien los esporangios desplegados, asomándose por debajo del indusio convexo y coriáceo.

Fotografía microscópica de un esporangio de Woodwardia radicans ya vacío tras la dispersión de las esporas. Arriba a la izquierda se ve el esporangióforo formado por células tubulares, que está pegado a la pinna y hace la función de cordón umbilical, nutriendo al esporangio dentro de cuya bolsa transparente se forman las esporas.

Grandes esporas de Woodwardia radicans de color amarillento oscuro y perisporio subreticulado, vistas al microscopio a 400 aumentos.