viernes, 22 de abril de 2011

Adiantum hispidulum, el cabello de Venus del Hemisferio sur

En Australia lo llaman culantrillo áspero (Rough Maidenhair Fern) y garra de cinco dedos (five-fingered jack), por el tacto rasposo de su raquis y la forma de mano colgante de sus frondes. Es uno de los helechos más ampliamente distribuido en el hemisferio sur, ya que vive en África oriental (Malawi, Kenia, Tanzania, Mozambique, Sudáfrica, Madagascar, Islas Comores e Isla Mauricio), en Ásia (Malasia) y en Oceanía (Australia, Nueva Zelanda y algunas islas del Pacífico). Aunque prefiere la humedad constante y la luz filtrada del sotobosque de las selvas tropicales y subtropicales, soporta bien largos períodos de sequía gracias al agua que acumula en su rizoma y puede vivir a plena luz si tiene humedad suficiente. 

Su belleza y la facilidad de su reproducción por división del rizoma le han llevado a ser cultivado como planta de jardín en todos los países del mundo con climas tropicales y subtropicales. En las islas de la Macaronesia se ha asilvestrado y en pocos años se ha convertido en una plaga invasora imposible de erradicar, poniendo en peligro de extinción algunos helechos endémicos como el Asplenium azoricum, ya que compite por su mismo hábitat.

Adiantum hispidulum en un claro de un bosque de Cryptomeria japonica en la ladera del volcán Caldeira do Faial del Archipiélago de las Azores. Se aprecian las frondes nuevas de un bonito color rosado. Abajo a la izquierda se ven unas hojas de la alóctona asilvestrada Hedychium gardnerianum.

 Estos ejemplares de Adiantum hispidulum crecen entre las piedras de una pared que bordea la carretera que sube al crater del volcán Caldeira do Faial. Están rodeados por los sarmientos de otra alóctona asilvestrada, la americana Tradescantia fluminensis.

Vigorosas frondes nuevas de Adiantum hispidulum creciendo sobre un lecho formado por las frondes del helecho-musgo Selaginella kraussiana, también alóctona, en la Isla de Madeira. Abajo a la izquierda se ven varias frondes de un joven Blechnum spicant.

Típica fronde en forma de mano colgante de Adiantum hispidulum. Las pínnulas se insertan oblícuamente al raquis de las pinnas.

Envés de una fronde con los soros aún inmaduros a principios de mayo.

Como en todos los helechos de la família de las Adiantaceae los soros se encuentran en el borde de las pínnulas.

Detalle de los soros aún inmaduros. Se aprecia el típico raquis negro brillante de todos los helechos de la família Adiantaceae, el pequeño pecíolo también negro de cada pínnula y el curioso detalle de la pilosidad que recubre el raquis y el pseudoindusio de los soros. En la superficie de las pínnulas también hay pelos aunque en menor número. Estos tricomas o pelos son los que le dan el nombre "hispidulum", que significa cubierto de pelos gruesos. 

Visión cercana de la fronde anterior con el detalle de los pelos del raquis, del pseudoindusio de los soros y de las pínnulas. Se entiende el  motivo del nombre "hispidulum" que le dió el botánico que lo describió.

Esporangio de Adiantum hispidulum con la bolsa desgarrada y vacía tras la dispersión de las esporas.

Las esporas de Adiantum hispidulum suelen ser triletas como las de la foto, aunque también pueden ser tetraletas, es decir, con una forma tetraédrica.



miércoles, 13 de abril de 2011

Daldinia concentrica, la yesca del hombre de Cheddar

La Daldinia concentrica es un hongo con unos cuerpos fructíferos o carpóforos en forma de bola que crece como saprófito sobre troncos y ramas muertas de diferentes árboles como encinas, eucaliptos, cítricos, fresnos, pinos, castaños, etc... Pertenece a la família de las Xylariaceae. Cuando es joven presenta un color marrón rojizo que al madurar se va oscureciendo hasta adquirir un color negro de azabache. No tiene pie y se fija directamente sobre la madera en descomposición. Se distribuye por Europa y Norteamérica.

Varios ejemplares de Daldinia concentrica sobre un tronco de limonero en distintos estadíos de crecimiento, abajo muy jóvenes y arriba ya completamente maduros, fotografiados en el Valle de Sóller de la Isla de Mallorca.

Visión cercana de las setas de Daldinia concentrica de la foto anterior. Los cuerpos fructíferos o carpóforos suelen medir entre 2 y 7 centímetros de diámetro, aunque a veces pueden llegar a los 12 centímetros.

Los carpóforos de Daldinia concentrica han sido usados como yesca para encender fuego desde tiempos prehistóricos.

El hombre de Cheddar, un fósil humano inglés con una antigüedad de más de 9.000 años, hallado en 1998 en la cueva de Gough en la quebrada de Cheddar, llevaba consigo un par de cuerpos fructíferos de Daldinia concentrica muy secos que le servían para encender fuego con facilidad con una simple chispa de una piedra de pedernal (Silex).

El famoso hombre de los hielos, Ötzi, encontrado congelado en 1991 en los Alpes italianos y al que se le calcula una antiguedad de 5.300 años, también llevaba consigo, además de piedras de pedernal y de pirita, un hongo reseco como yesca para encender fuego de la especie Fomes fomentarius, llamado popularmente hongo yesquero, con las mismas propiedades que la Daldinia concentrica.

Varios cuerpos fructíferos de Daldinia concentrica, uno de ellos recién brotado, sobre un tronco podrido de limonero, fotografiado a mediados de diciembre en plena Serra de Tramuntana de Mallorca.

En el centro de esta imagen se ven dos jóvenes Daldinias de color marrón claro, recién brotadas a mediados de diciembre sobre un tronco de naranjo en descomposición.

El mismo carpóforo de Daldinia puede servir para encender fuego muchas veces. Se le echa encima una chispa frotando con fuerza dos piedras de pedernal o silex y la estructura esponjosa muy seca de la Daldinia prende con gran facilidad con un fuego sin llama dificil de apagar. El trozo de carpóforo encendido se echa sobre hierba muy seca, algodón natural como el de la Clematis, hojarasca, agujas de pino, cortezas muy secas o cualquier otro material vegetal reseco facil de prender, se sopla encima para obtener una llama y se consigue un fuego en sólo un par de minutos.

Si partimos por la mitad un cuerpo fructífero veremos su característica estructura en capas concéntricas blancas y negras, cada una de las cuales supone una estación de reproducción. Contando el número de capas se puede conocer la edad de cada carpóforo.

Detalle del corte anterior con las capas concéntricas, la última de las cuales está llena de esporas negras que se van dispersando ayudadas por el viento.

Microfotografía a 400 aumentos de las esporas alargadas de Daldinia concentrica medidas en micras.



sábado, 9 de abril de 2011

Ellas nacieron libres

En la costa norte de la Isla de Mallorca se conserva un pequeño reducto de naturaleza casi virgen rodeado de destrucción: la Albufera de Mallorca y las dunas y pinares adyacentes. Pasear en primavera por estos pinares es una orgía de luz y de colores. Se respira la vida en el aroma a tierra buena, en el canto de las aves, en el revoloteo frenético de las abejas y abejorros yendo de flor en flor en busca del preciado néctar. 

Orchis italica

Ornithogalum divergens

Serapias lingua

Las plantas en plena floración recuerdan una inmensa alfombra persa: orquídeas, jaras, juncos, ranúnculos, margaritas, malvas, llantenes, romeros, globularias, euphorbias, tomillos, gamones, correhuelas, carrizos, pinos, acebuches, tamariscos, lentiscos, enebros, sabinas, etc... y también algunos helechos diminutos casi invisibles: Ophioglossum lusitanicum y Selaginella denticulata y en los canales de la albufera una pequeña población de la escasísima Phyllitis sagittata. 

 Ophrys lutea

Orchis coriophora

Ophrys sphegodes

Uno se imagina cómo debía ser Mallorca hace mil años y la tristeza por tanta pérdida duele en el alma. El Paraíso terrenal se perdió para siempre y no volverá. La gallinita de los huevos de oro fué explotada hasta la extenuación y ya dejó de poner huevos, está muy enferma, pero la codicia humana es ciega y no es capaz de ver el estado lamentable de la gallina y sigue exprimiéndola para que ponga más huevos, aunque sean pelotas de golf.


En este pequeño reducto de esperanza, salvado milagrosamente de la codicia, viven dos tortuguitas diminutas de la especie mediterránea Testudo hermanni. Tienen 10 meses, nacieron a finales de la primavera del año pasado y, antes de empezar sus paseos matutinos en busca de brotes tiernos y flores que son su desayuno, se echan sobre una mullida cama de musgo blandito a tomar el sol que les calienta su sangre reptiliana y las llena de energía. Un mirlo macho enardecido por las hormonas primaverales les canta una bella nana para que duerman plácidamente mientras se les cargan las pilas. Ellas nacieron libres bajo la blanca arena de una duna a la sombra de una jara pero sus padres fueros encarcelados sin haber cometido ningún delito. Alguien con el alma limpia los liberó y estas pequeñajas son el primer fruto de su libertad. 


Su camuflaje es perfecto. Cuando las terminaciones nerviosas sensitivas de la parte inferior de su caparazón detectan las vibraciones de mis pasos esconden su cabecita y sus patitas y se quedan completamente inmóviles. Parecen dos piedras sobre el musgo.


Las dos tortuguitas son hembras, su pequeña cola sirve para conocer su sexo. Los machos tienen la cola mucho más larga y gruesa. Para hacerse una idea de su pequeño tamaño basta compararlas con la uña de mi dedo pulgar. Su vientre está abombado lo cual significa que están bien hidratadas y que almacenan mucha grasa de reserva, gracias a la exuberante vegetación que es su despensa. Las estriaciones que se ven en su caparazón son dos placas nuevas que le están creciendo entre el tercer y cuarto par de placas.


En la otra también se ve la colita pequeña de hembra y las dos placas nuevas en crecimiento en su caparazón. Ésta está mucho más gordita que la otra. Su "vientre" abulta mucho más, señal inequívoca de las grandes reservas de grasa que acumula. No sufrais, las he vuelto a poner exactamente en la misma cama de musgo donde estaban. Ojalá logren llegar a adultas y llenen de pequeñajas como ellas este pequeño paraíso.

Juniperus oxycedrus subsp. macrocarpa


sábado, 2 de abril de 2011

Una hermosa plaga que vino de China

El helecho asiático Cyrtomium falcatum es originario de China, Corea y Japón. Pertenece a la gran família de las Polypodiaceae. Su belleza, rusticidad, adaptabilidad y facilidad de cultivo le han convertido en uno de los helechos de jardín más cultivado del mundo. En climas fríos vive perfectamente dentro de casa como planta de interior y agradece que le sitúen cerca de una ventana, pues es muy heliófilo, amante de la luz. En climas muy calurosos y secos prefiere los lugares sombreados y frescos con riegos frecuentes. El problema surge cuando es cultivado en climas suaves y húmedos, sobretodo en zonas costeras. Entonces sus esporas dispersadas por el viento germinan en cualquier lugar con un poco de sustrato y humedad permanente y se convierte en una plaga invasora, muy dificil de controlar y erradicar.

Magnífico ejemplar de Cyrtomium falcatum creciendo a tres escasos metros del mar, salpicado por las olas, en una playa de la ciudad de Horta en la Isla de Faial del Archipiélago de las Azores. El gran número de individuos pone en peligro la supervivencia del helecho costero por excelencia, el autóctono Asplenium marinum, ya que ocupa el mismo hábitat y compite ferozmente por colonizar las escasas grietas rocosas con un poco de sustrato cercanas al mar.

Otro ejemplo de colonización costera del Cyrtomium falcatum en la Playa de Los Cancajos en la isla canaria de La Palma. Ampliando la foto con un doble click se puede ver una colonia de ese helecho asiático creciendo en el borde superior de esta pequeña cueva costera, compitiendo ferozmente con la rica flora autóctona canaria.

Cualquier lugar le sirve para vivir. Aquí le vemos creciendo como epifita entre los restos secos de las hojas de una palmera canaria en un jardín de la ciudad de Puerto de la Cruz en la isla canaria de Tenerife. Los jardineros lo respetan por su belleza, pues hay que reconocer que sus hermosas y relucientes frondes dan a la palmera un mayor atractivo.

Los bancales costeros donde se cultivan las plataneras canarias, cuya tierra permanece siempre húmeda por los riegos semanales del platanar, son un hábitat ideal para el Cyrtomium falcatum. Aquí vemos un vigoroso ejemplar con unas frondes de unos 70 centímetros creciendo entre las piedras de una pared de bancal a la semisombra de las plataneras en la ciudad de Tazacorte de la Isla de La Palma. Ampliando la foto con un  doble click se aprecia mejor su gran belleza.

Las primeras frondes de los ejemplares jóvenes se confunden facilmente con la hiedra canaria. Aquí vemos un ejemplar en una pared de bancal de un platanar canario, acompañado por un Adiantum capillus-veneris, con el que compite por el mismo hábitat.

El Cyrtomium falcatum también se comporta como una plaga invasora en los jardines botánicos ubicados en climas mediterráneos cercanos al mar. Aquí vemos este hermoso ejemplar en el Jardín botánico de Sóller en la Isla de Mallorca, surgido de una espora llevada por el viento desde algún balcón de un domicilio particular cercano al jardín.

Su nombre "falcatum" significa en forma de hoz o guadaña, por la forma falcada de las pinnas que tienen una textura coriácea y brillante.

Envés de la fronde anterior con los soros aún inmaduros que cubren sin orden toda la superficie inferior de las pinnas.

Detalle de los soros inmaduros anteriores, que son redondeados y están cubiertos por un indusio peltado en forma de paraguas unido a la pinna por un pie central.

Soros maduros en mayo con el indusio levantado dejando ver los esporangios desplegados y maduros.

Detalle de los soros de Cyrtomium falcatum. Se ve muy bien el indusio peltado en forma de paraguas y los esporangios como bolitas marrones asomándose por debajo del indusio tras desplegarse explosivamente y dispersar las esporas lo más lejos posible.