-Convierte al hongo Armillaria mellea en micorriza y vive con él en simbiosis.
Quiero contaros la historia de un árbol extraordinario que, siendo tropical estricto y de hoja perenne, activó varios genes ancestrales que tenía bloqueados en su genoma tal vez desde hacía millones de años y se transformó en un árbol caducifolio, entrando en hibernación en los meses más fríos del invierno de Mallorca para poder llegar hasta la primavera sin sufrir la congelación de sus ramas. En algún momento de su evolución sobre la Tierra consiguió superar una época de frío intenso a base de mutaciones adaptativas, que grabaron un recuerdo indeleble en su genoma en forma de varios genes de resistencia a las bajas temperaturas, los cuales posteriormente dejaron de serle útiles al cambiar de nuevo el clima y hacerse más cálido.
Árbol mundani, Acrocarpus fraxinifolius, nacido en la primavera de 1987. En la fotografía tenía 16 años y medía unos 14 metros. En la actualidad tiene 24 años y se acerca a los 20 metros de altura.
Los genes que le hicieron resistente al frío no desaparecieron sino que permanecieron bloqueados, dormidos, inactivados en su genoma hasta que forzado por las bajas temperaturas del invierno de Mallorca los desbloqueó para sobrevivir.
En las navidades de 1986 una pareja de amigos recien casados, Toni y Avelina, viajaron a Kenia de luna de miel. Antes de partir me preguntaron si quería algo de África y yo les dije: "semillas de árboles". Me trajeron un montón de frutos keniatas: unas vainas del árbol del coral sudafricano, Erythrina caffra, un gran fruto de baobab lleno de semillas, Adansonia digitata, un pesado y alargado fruto del árbol de las salchichas, Kigelia aethiopica, varias cápsulas de la euphorbiácea de sabana Croton dichogamus, un par de frutos de la pasión, Passiflora edulis y las vainas de una leguminosa desconocida cuyas semillas sembré enseguida creyendo que se trataba de una acacia.
Germinó una sola semilla y de ella nació un arbolito de grandes hojas pinnadas que permaneció casi sin crecer durante cuatro años. Algo impedía su crecimiento y yo no lograba activarlo ni con abonos ni con compost. En la primavera del año 1991 en mi jardín murió un limero, Citrus aurantifolia, en el mismo lugar donde antes ya habían muerto varios árboles, pues la tierra estaba invadida por el micelio del hongo Armillaria mellea que atacaba las raíces de cualquier árbol en cuanto lo acababa de sembrar y en pocos meses moría fulminado. Ya no me atrevía a sembrar nada en aquel infecto lugar.
Pequeño árbol mundani de dos meses de edad.
Un día mirando el arbolito tropical que no crecía se me ocurrió la idea de sembrarlo en la zona contaminada por el hongo, pues pensé que de todas formas acabaría muriendo en la maceta. Fué lo mejor que pude hacer por él. A los pocos días experimentó un cambio espectacular, su yema apical empezó a crecer a una velocidad vertiginosa y a principios del otoño de aquel mismo año medía más de tres metros. No me lo podía creer. Cuando lo sembré no superaba los 15 centímetros, tenía las hojas amarillentas y mústias y daba la impresión de que se estaba muriendo. ¿Qué había ocurrido?, ¿Qué cosa había obrado el milagro?
Ahora tras más de 20 años creo tener ya la respuesta a estas preguntas. Como muchos arboricultores forestales saben el hongo Armillaria mellea, aunque en general se comporta como un asesino arboricida al invadir y pudrir las raíces de los árboles sensibles, con algunas especies forestales también se puede comportar como un hongo simbionte con las funciones de micorriza, de manera que en lugar de matarlos se forma entre ellos una asociación muy provechosa para ambos, es decir, una simbiosis. Y esto fué precisamente lo que le ocurrió al pequeño arbolito moribundo. En el hoyo que cavé para sembrarlo había todavía trozos de raíces de los árboles que allí habían muerto. Estaban blancas por el micelio del hongo y la tierra olía a putrefacción, el olor acre típico de la Armillaria mellea. Sabedor de la inutilidad de cualquier medida para erradicar esta plaga, no me molesté ni siguiera en quitar los trozos de raíces podridas.
Setas de Armillaria mellea.
Por alguna razón que desconozco al micelio del hongo le cayó simpático el arbolito keniata, rodeó sus escuálidas raíces en un blanco abrazo de vida y empezó a suministrarle agua y minerales. Cuando la yema apical inició el crecimiento y se abrieron las primeras hojas, el arbolito le devolvió el favor al hongo y le suministró a cambio hidratos de carbono sintetizados por las hojas a través de la fotosíntesis. Se había iniciado un matrimonio de conveniencia que le permitió al arbolito convertirse en dos décadas en un árbol imponente con un grosor del tronco de más de 30 centímetros y una altura superior a los 19 metros.
Al cabo de 10 años todavía desconocía la identidad del árbol keniata, creía que se trataba de una acacia africana y no lograba dar con su nombre. Un día entré en el foro de plantas de Infojardín, publiqué varias fotos de mi supuesta acacia y el prestigioso botánico especialista en árboles tropicales D. José Manuel Sánchez de Lorenzo-Cáceres en pocos minutos me dió la respuesta: Acrocarpus fraxinifolius, una leguminosa arbórea originaria de la India, Birmania, Tailandia, Indonesia, Laos y Malasia, que en su hábitat original forma parte de los exuberantes bosques tropicales de estos países y alcanza los 50 metros de altura. Por fin ya le podía dar un nombre al árbol más alto, exótico y espectacular de mi jardín.
Fotografía de las terrazas de mi jardín en la primavera del año 2006 en la que se ve en el centro de la imagen el árbol mundani con su llamativa brotación roja tras la hibernación. (Recomiendo ampliar la foto con un doble click para ver mejor los detalles)
Esta leguminosa forestal recibe diferentes nombres según el país donde crece o es cultivada. En la India le llaman MUNDANI, en Australia y en África tropical donde se han hecho grandes plantaciones le llaman PINK CEDAR y en América Latina donde también ha sido introducido con gran éxito como especie forestal le llaman CEDRO ROSADO, MUNDANI o LÁZCAR. Este último nombre se lo pusieron los mexicanos en honor al presidente Lázaro Cárdenas, gran impulsor del cultivo de este árbol asiático. Localmente recibe otros muchos nombres, pero los más conocidos son los que he mencionado.
Hace unos diez años se produjo una gran nevada en pleno mes de noviembre, la nieve se acumuló sobre la copa del árbol mundani que todavía conservaba las hojas y el peso desgarró una rama de unos 4 centímetros de grosor. En lugar de tirarla al montón de leña para quemar, le recorté el extremo más tierno, la dejé sin hojas y la clavé profundamente en el suelo junto a una pared de bancal que mira al sur donde acababa de arrancar un Eucalyptus gunnii muerto fulminantemente por el ataque del hongo Armillaria mellea. Anteriormente había muerto allí mismo una sabina mediterránea, Juniperus phoenicea subsp. turbinata. Pasaron los meses, la rama acabó escondida entre la hierba y me olvidé de ella.
Un día de verano, mucho tiempo después, pasé cerca de la pared donde estaba clavada la rama del mundani y unas hojas rojas que sobresalían por encima de la hierba me llamaron la atención. Me acerqué y mi sorpresa fue mayúscula. Era la rama que había brotado tras 22 meses. No me lo podia creer. Era como un milagro, pues las estacas de las leguminosas arbóreas suelen ser muy reacias a enraizar y ésta no sólo había echado raíces y había brotado, sino que además lo había hecho en un suelo infestado por el micelio del hongo asesino. Nuevamente quedaba demostrada la simbiosis entre las raíces del mundani y el micelio de la Armillaria mellea. Actualmente la rama enraizada se ha convertido en un hermoso árbol de unos 7 metros, sano y vigoroso. El hongo ya tiene todo lo que necesita para vivir y desde entonces ha respetado a todos los árboles y arbustos que hay junto al mundani: un Tilia cordata, una Feijoa sellowiana, un Brachychiton populneus, dos Livistona chinensis, varios Citrus sinensis, un Anagyris foetida, un Agave attenuata, un Buxus balearica y un Buxus sempervirens.
Unos años después intenté hacer un acodo aéreo a una rama del mundani pero tras 12 meses seguía sin echar raíces. Cansado de esperar la corté, le embadurné la base con hormonas de enraizamiento y la sembré en una maceta. Unos seis meses después brotó una yema en la parte baja de la estaca. Aunque al principio parecía crecer bien, pronto quedó estancada. Estuvo varios meses sin crecer, como paralizada. Yo no entendía cuál era el motivo.
Coincidió entonces que el hongo Armillaria mellea mató de forma fulminante mi único ejemplar masculino de ciruelo de Sudáfrica, Harpephyllum caffrum. Tras arrancarlo de raíz y quemarlo, se me ocurrió sembrar en su lugar la estaca de mundani que no crecía. Por tercera vez se produjo el milagro y el segundo hijo clónico del Acrocarpus fraxinifolius nacido de una semilla keniata empezó a brotar vigorosamente y en pocos meses se transformó en un hermoso arbolito. Nuevamente quedaba demostrada la simbiosis de las raíces del mundani con el micelio del hongo que tantos árboles, arbustos y lianas me ha matado en los 22 años que tengo el jardín.
Hace unos diez años se produjo una gran nevada en pleno mes de noviembre, la nieve se acumuló sobre la copa del árbol mundani que todavía conservaba las hojas y el peso desgarró una rama de unos 4 centímetros de grosor. En lugar de tirarla al montón de leña para quemar, le recorté el extremo más tierno, la dejé sin hojas y la clavé profundamente en el suelo junto a una pared de bancal que mira al sur donde acababa de arrancar un Eucalyptus gunnii muerto fulminantemente por el ataque del hongo Armillaria mellea. Anteriormente había muerto allí mismo una sabina mediterránea, Juniperus phoenicea subsp. turbinata. Pasaron los meses, la rama acabó escondida entre la hierba y me olvidé de ella.
Un día de verano, mucho tiempo después, pasé cerca de la pared donde estaba clavada la rama del mundani y unas hojas rojas que sobresalían por encima de la hierba me llamaron la atención. Me acerqué y mi sorpresa fue mayúscula. Era la rama que había brotado tras 22 meses. No me lo podia creer. Era como un milagro, pues las estacas de las leguminosas arbóreas suelen ser muy reacias a enraizar y ésta no sólo había echado raíces y había brotado, sino que además lo había hecho en un suelo infestado por el micelio del hongo asesino. Nuevamente quedaba demostrada la simbiosis entre las raíces del mundani y el micelio de la Armillaria mellea. Actualmente la rama enraizada se ha convertido en un hermoso árbol de unos 7 metros, sano y vigoroso. El hongo ya tiene todo lo que necesita para vivir y desde entonces ha respetado a todos los árboles y arbustos que hay junto al mundani: un Tilia cordata, una Feijoa sellowiana, un Brachychiton populneus, dos Livistona chinensis, varios Citrus sinensis, un Anagyris foetida, un Agave attenuata, un Buxus balearica y un Buxus sempervirens.
Estaca enraizada de Acrocarpus fraxinifolius.
Coincidió entonces que el hongo Armillaria mellea mató de forma fulminante mi único ejemplar masculino de ciruelo de Sudáfrica, Harpephyllum caffrum. Tras arrancarlo de raíz y quemarlo, se me ocurrió sembrar en su lugar la estaca de mundani que no crecía. Por tercera vez se produjo el milagro y el segundo hijo clónico del Acrocarpus fraxinifolius nacido de una semilla keniata empezó a brotar vigorosamente y en pocos meses se transformó en un hermoso arbolito. Nuevamente quedaba demostrada la simbiosis de las raíces del mundani con el micelio del hongo que tantos árboles, arbustos y lianas me ha matado en los 22 años que tengo el jardín.
Brote de la estaca enraizada después de tres meses de la siembra.
Mismo mundani clónico un año después en pleno verano.
Edito este artículo casi 4 años después para mostraros el que va a ser mi tercer mundani clónico, procedente de una rama de poda que clavé en el suelo el pasado 15 de enero de 2015. Tras 5 meses de espera hoy día 15 de junio ha empezado a brotar vigorosamente. Ya tengo pues cuatro mundanis, el padre de 28 años y sus tres hijos clónicos, todos ellos con un genoma idéntico en el núcleo de sus células.
Mismo mundani clónico anterior unos dos meses después (07-08-2015).
Vuelvo a editar este artículo para mostraros el milagro del enraizamiento de un acodo aéreo de una rama de mi viejo mundani a los tres meses de realizarlo, algo increible en una leguminosa arbórea. El acodo aéreo lo hicieron mis amigos Lorenzo y Matilde día 10 de abril de 2016 y las raíces aparecieron el día 13 de julio del mismo año.
Las raíces transparentándose a través de la bolsa de plástico. Ya sólo queda esperar unas semanas a que las raíces crezcan un poco más para separarlo de su padre clónico. Se lo regalaré a mi amigo Lorenzo para que lo siembre en su fantástica finca Sa Barraca Blanca.
Primeros capullos florales del segundo mundani clónico a mediados de enero.
Edito este artículo casi 4 años después para mostraros el que va a ser mi tercer mundani clónico, procedente de una rama de poda que clavé en el suelo el pasado 15 de enero de 2015. Tras 5 meses de espera hoy día 15 de junio ha empezado a brotar vigorosamente. Ya tengo pues cuatro mundanis, el padre de 28 años y sus tres hijos clónicos, todos ellos con un genoma idéntico en el núcleo de sus células.
Mismo mundani clónico anterior unos dos meses después (07-08-2015).
Vuelvo a editar este artículo para mostraros el milagro del enraizamiento de un acodo aéreo de una rama de mi viejo mundani a los tres meses de realizarlo, algo increible en una leguminosa arbórea. El acodo aéreo lo hicieron mis amigos Lorenzo y Matilde día 10 de abril de 2016 y las raíces aparecieron el día 13 de julio del mismo año.
Las raíces transparentándose a través de la bolsa de plástico. Ya sólo queda esperar unas semanas a que las raíces crezcan un poco más para separarlo de su padre clónico. Se lo regalaré a mi amigo Lorenzo para que lo siembre en su fantástica finca Sa Barraca Blanca.
Mundani-padre brotando vigorosamente a finales de marzo tras superar exitosamente los largos meses del invierno mallorquín con varias heladas de hasta -2ºC.
Inflorescencias en escobillón del Acrocarpus fraxinifolius anterior con los brotes de hojas nuevas de un intenso color rojo sangre por su riqueza en antocianos.
Fotografía de las inflorescencias anteriores hecha con zoom por la gran altura de las ramas del mundani.
Primeras vainas maduras de Acrocarpus fraxinifolius a los 25 años de edad. (Esta foto y las tres siguientes, junto con el texto que las acompaña, las he añadido 10 meses después de publicar este artículo).
Esta avecilla, Sylvia atricapilla, acudía cada atardecer a libar las flores recien abiertas.
Vaina madura de Acrocarpus fraxinifolius recogida en septiembre de 2012.
Vaina anterior abierta mostrando las semillas de su interior.
Detalle de las primeras semillas maduras de mi árbol mundani.
Edito este artículo para añadir un video que grabé ayer día 28 de marzo de 2013 al árbol mundani en plena floración. Llama la atención lo recto que es su tronco. Aquí lo tenéis:
Primeras vainas maduras de Acrocarpus fraxinifolius a los 25 años de edad. (Esta foto y las tres siguientes, junto con el texto que las acompaña, las he añadido 10 meses después de publicar este artículo).
Hace ya más de 10 años que mi árbol mundani florece cada primavera, pero nunca había cuajado ningún fruto. Pensaba que la causa era la ausencia de sus polinizadores naturales. El pasado mes de abril de 2012 mi mundani tuvo una floración espectacular, se cubrió completamente de flores. Estaba magnífico, lo cual no pasó desapercibido para unas avecillas diminutas que acudían cada atardecer a libar golosas el abundante néctar de las flores. Por fin sabía que las flores del Acrocarpus fraxinifolius en los bosques tropicales de sus países de origen son polinizadas por aves. En Mallorca por supuesto no viven las mismas aves tropicales asiáticas, pero dos especies mediterráneas descubrieron el néctar de mi árbol mundani y se han convertido en sus polinizadoras sustitutas: Sylvia atricapilla y Parus major. No descarto que otras especies de aves hayan visitado las flores. Con los años las iré descubriendo y con la ayuda de mis amigos ornitólogos las iré identificando.
Vaina madura de Acrocarpus fraxinifolius recogida en septiembre de 2012.
Vaina anterior abierta mostrando las semillas de su interior.
Detalle de las primeras semillas maduras de mi árbol mundani.
Edito este artículo para añadir un video que grabé ayer día 28 de marzo de 2013 al árbol mundani en plena floración. Llama la atención lo recto que es su tronco. Aquí lo tenéis:
Las semillas del Acrocarpus fraxinifolius tienen una gruesa cutícula impermeable que dificulta mucho su germinación al impedir la hidratación del embrión, tardando a veces hasta 4 años en germinar. Para acelerar el proceso en las grandes explotaciones forestales australianas, africanas y americanas someten las semillas a un baño de ácido sulfúrico que escarifica químicamente la cutícula y la hace permeable a la entrada del agua para que se hidrate el embrión.
Otro método aún más efectivo y barato, aunque más laborioso, consiste en hacer una pequeña muesca en la parte redondeada de cada semilla con un cortauñas o un pequeño cuchillo.
Semillas de mundani con una pequeña muesca en la parte redondeada hecha con un cortauñas.
Luego se sumergen las semillas en agua templada durante 24 horas. Los cotiledones y el embrión se hidratan rápidamente y triplican su tamaño.
Semillas de la fotografía anterior sumergidas en agua.
Semillas ya hidratadas tras 24 horas en remojo.
De esta manera se acorta mucho su germinación, pasando de varios meses o incluso varios años a sólo una semana. Luego se siembran en semilleros sombreados a una temperatura constante de unos 20 - 25ºC.
Semilla de Acrocarpus fraxinifolius naciendo a los 4 días de la siembra.
Pequeño árbol mundani recien nacido. En los cotiledones se aprecia la cicatriz de la muesca hecha con el cortauñas.
Al igual que el mango y el anacardo, el Acrocarpus fraxinifolius prospera mejor en climas tropicales y subtropicales con una estación seca y una estación húmeda. Su vigorosa raiz pivotante penetra profundamente en el suelo donde encuentra la humedad necesaria para soportar sin problemas los meses de sequía. En condiciones muy favorables su crecimiento es espectacular llegando a crecer hasta 8 metros en un solo año. En las plantaciones de los paises tropicales se puede talar a los 10 años de la siembra, ya que a esta edad su tronco alcanza un grosor y una altura considerables. Una vez talado rebrota con facilidad desde la base, obteniéndose así a los 10 años una segunda cosecha de madera. Sus raíces fijan el nitrógeno atmosférico, de manera que su cultivo enriquece la tierra y favorece el buen desarrollo de los árboles circundantes. El tronco es recto y sin nervaduras. No precisa ser podado, ya que se autopoda de manera natural, cayendo por si mismas las ramas inferiores. Es resistente a la mayoría de plagas. Por propia experiencia he observado que los insectos fitófagos no lo atacan.
El Acrocarpus fraxinifolius es pues un árbol para el futuro. En las próximas décadas las plantaciones de esta leguminosa arbórea cubrirán grandes extensiones en todos los países con climas favorables, aportarán la madera necesaria para cubrir gran parte de la demanda de los mercados madereros y permitirán preservar los bosques y selvas naturales de la tala indiscriminada, salvando de la extinción a miles de especies animales y vegetales.
Base del tronco del árbol mundani a los 25 años de edad. Obsérvese como las raíces principales sobresalen fuera de la tierra y le dan el aspecto de una pata de garza.
Base del árbol mundani cinco años después a los 30 años de edad. A medida que pasan los años las raíces que le sirven de contrafuerte y le dan estabilidad van sobresaliendo cada vez más por encima del suelo, como esta larga raíz que hace cinco años estaba bajo tierra. El día 12 de noviembre de 2016 el perímetro en la base justo por encima de la bifurcación de las raíces mide 172 cms. y el diámetro 54 cms. A la altura del pecho (130 cms.) el tronco mide 120 cms. de perímetro y 34 cms. de diámetro.
El Acrocarpus fraxinifolius es pues un árbol para el futuro. En las próximas décadas las plantaciones de esta leguminosa arbórea cubrirán grandes extensiones en todos los países con climas favorables, aportarán la madera necesaria para cubrir gran parte de la demanda de los mercados madereros y permitirán preservar los bosques y selvas naturales de la tala indiscriminada, salvando de la extinción a miles de especies animales y vegetales.
Edito día 1 de abril de 2017
El árbol Mundani con 30 años recién cumplidos luciendo una espectacular floración primaveral.
Edito día 15 de julio de 2017
En mayo las avecillas polinizadoras acudieron masivamente a libar el abundante néctar de las flores y ello se ha traducido en una gran producción de vainas repletas de semillas.
Nunca antes mi árbol mundani había producido tantos frutos. La asociación entre las avecillas nectarífagas y el Acrocarpus fraxinifolius se ha consolidado tras cinco años de simbiosis. En la imagen, hecha con zoom dada la gran altura del árbol, podéis ver las oscuras vainas color caoba, que se van desprendiendo arrancadas por el viento y vuelan lejos de su madre para dispersar la especie, aunque de momento, tras un lustro produciendo semillas, todavía no ha germinado ninguna de ellas por sus propios medios naturales.
Una muestra de las vainas de mundani recogidas del suelo.
Las duras y oscuras semillas de su interior.
Este pequeñajo se asomó al mundo ayer día 14 de julio de 2017. Es el primer hijo nacido de una semilla de mi viejo árbol mundani. Hasta ahora no había conseguido que germinase ninguna. Pensaba que al proceder de la autopolinización las semillas no eran viables o carecían de embrión. Los demás árboles mundani de mi jardín son ramas enraizadas, es decir, hijos clónicos. El de la imagen en cambio es fruto de la reproducción de su padre-madre consigo mismo, al proceder el polen fecundador del mismo árbol o de sus hijos clónicos. Todos sus genes están en el genoma del viejo mundani, pero en una combinación diferente. Los que en su progenitor estaban en homocigosis ahora puede que estén en heterocigosis y al revés. ¿Será todavía más resistente al clima mediterráneo que su padre-madre o por el contrario la nueva combinación genética le perjudicará y no logrará adaptarse? Lo sabremos en los próximos años.














































































