lunes, 5 de noviembre de 2012

Las higueras más bellas del mundo

El género Ficus pertenece a la familia de las Moraceae y está formado por unas 850 especies de árboles, arbustos y lianas. La mayoría viven en zonas tropicales y subtropicales, aunque también las hay en las zonas templadas como nuestra higuera mediterránea.

Como en todas las moráceas la savia de los Ficus es lechosa y cáustica y se denomina látex. A las personas de piel sensible les provoca quemaduras químicas a veces severas y, precisamente por este efecto cáustico, el látex se ha usado desde la antigüedad para eliminar las verrugas de las manos y otras partes del cuerpo.

La mayoría de especies del género Ficus son de hoja perenne, excepto las que habitan en regiones templadas que en invierno entran en hibernación y pierden las hojas y las de climas semidesérticos con largos meses muy secos y calurosos que entran en estivación y pierden las hojas durante el verano.

Muchos árboles del género Ficus tienen la tendencia a emitir raíces aéreas desde las ramas y el tronco que crecen hacia abajo buscando la tierra. Una vez contactan con el suelo arraigan inmediatamente y se transforman en columnas muy gruesas, como si fueran nuevos troncos, aportando así estabilidad y nuevos nutrientes y agua al árbol que llega a alcanzar unas dimensiones gigantescas. En la foto se puede ver esta curiosa forma de crecer en este majestuoso ejemplar de higuera de Lord Howe del mar de Tasmania en Oceanía, Ficus macrophylla subsp. columnaris, fotografiado en el magnífico Jardín botánico de la Orotava de Tenerife. (Doble click sobre la foto para ampliarla)
 
Uno de los casos más famosos es la higuera de Bengala, higuera de Buda o Baniano, Ficus benghalensis, con un ejemplar inmenso en el Jardín botánico de Calcuta en la India que tiene unos 230 años y ocupa una superficie circular de 120 metros de diámetro y 12.000 m2. La circunferencia del tronco principal mide más de 12 metros. Su peso total es incalculable, miles de toneladas. Según el libro de los récords Guinness, sin embargo, no es esta higuera la más grande del Mundo. La primera en el ranking es otro Ficus benghalensis, todavía más grande, en la ciudad india de Kadiri, denominado localmente Thimmamma Marrimanu y adorado como un ser divino. Las parejas estériles van a rezar a la sombra de esta higuera imponente como si fuera una diosa de la fecundidad esperando que les conceda un hijo.

Tronco de otra higuera de Lord Howe del Jardín botánico de la Orotava con las impresionantes raíces que sobresalen de la tierra para darle estabilidad y las raíces que bajan de la parte alta del mismo tronco y con el tiempo se acaban soldando con el tronco principal.

En la entrada del Jardín botánico de Lisboa hay esta imponente higuera de Queensland y Nueva Gales del Sur de Australia, Ficus macrophylla subsp. macrophylla. Vale la pena ampliar la foto para apreciar la gran belleza de este ejemplar.

 
  Hojas y frutos de Ficus macrophylla subsp. macrophylla.

 
Magnífico ejemplar de Ficus macrophylla subsp. macrophylla embelleciendo el Parque de María Luísa de Sevilla.


Frutos secos y acartonados del Ficus anterior.

Higuera de Bailey de Australia, Ficus baileyana, en el Jardín botánico de la Orotava. Ampliando la foto se pueden ver las raíces aéreas que salen del tronco y las ramas y se adentran en el interior de la tierra buscando nutrientes, agua y estabilidad.

No todos los Ficus son árboles imponentes. En esta foto se ve una curiosa higuerita rastrera, Ficus repens, que crece como una alfombra sobre estas rocas volcánicas del municipio de Feteira en la Isla de Faial de las Azores. Sus ramas son como sarmientos que emiten raíces a medida que se alargan y fijan la planta en las rocas. El Ficus repens es una planta alóctona invasora en las Azores, originaria de los bosques tropicales de Asia y Australia, muy apreciada en jardinería.

Detalle del extremo de un brote de Ficus repens con unos colores muy llamativos y una textura como de plástico.

Otra higuera muy apreciada en jardinería es el Ficus benjamina, que en zonas templadas y frías se cultiva como planta de interior y no suele sobrepasar los dos metros de altura, mientras que en el clima tropical del sur y sudeste de Asia y norte de Australia de donde es originario puede alcanzar los 30 metros. Sus frutos diminutos son el alimento predilecto de muchas aves que extienden así la especie por los bosques con sus excrementos. En la foto se ve una variedad de jardín de hojas blancas y verdes, Ficus benjamina var. albovariegata, en una calle de la isla canaria de La Palma.

Uno de los Ficus que más me impresionó por su belleza fue esta higuera del Himalaya, Ficus auriculata, con sus grandes hojas rojizas y sus frutos grandes como la palma de la mano. Si hacéis doble clic sobre la foto apreciaréis mejor la belleza de su copa a contralluz.

Este ejemplar crece muy a gusto en el Jardín botánico de la Orotava, protegido por los grandes árboles tropicales y subtropicales que hay sembrados a su alrededor.

Grandes frutos de la higuera del Himalaya anterior todavía verdes, que crecen directamente en las ramas principales. Al no vivir en las Islas Canarias la avispilla asiática que poliniza estos higos, los frutos no acaban de madurar y no tienen semillas.

Cada especie de Ficus tiene su avispilla polinizadora específica. Nuestras higueras mediterráneas son polinizadas por la avispa Blastophaga psenes, un himenóptero apócrito de la familia Agaonidae, que vive dentro de los higos o siconos de la higuera silvestre o cabrahigo macho, Ficus carica subsp. rupestris y en primavera sale volando con el cuerpo cubierto de polen, entra dentro de los higos y poliniza las flores femeninas, tanto las partenocárpicas como las femeninas verdaderas y hace madurar los frutos, cuya pulpa adquiere así un dulzor y un bouquet muy agradable que recuerda a las avellanas tostadas cuando sus semillitas se chafan entre los dientes. La mayoría de higueras del Mediterraneo occidental son partenocárpicas y maduran los higos sin necesidad de ser polinizadas, pero si la avispilla las visita, los frutos tienen semillas y una calidad gastronómica muy superior. En el Mediterraneo oriental hay higueras hembras verdaderas no partenocárpicas, la más famosa es la higuera de Esmirna, que sólo madura los higos si son polinizados por la Blastophaga psenes procedente de los siconos masculinos de un cabrahigo.

Bellísimos higos con rayas de color rosa y verde de Ficus aspera de las Islas Nuevas Hébridas del Archipiélago de las Vanuatu situado en el Océano Pacífico. Foto realizada en el Jardín botánico de la Orotava en mayo.

 Más higos de Ficus aspera que crecen directamente sobre el tronco y las ramas.

Hermosos higos cubiertos de puntos blancos de Ficus erecta de China, Corea, Japón y Taiwán. La foto también es del Jardín botánico de la Orotava.

Numerosos higos que cubren las ramas del Ficus superba del Mar de Java y Japón. En el Jardín botánico de la Orotava tienen una magnífica y extensa colección de Ficus exóticos de una belleza extraordinaria.

 Higos de Ficus superba.

 Higo diminuto de Ficus rubiginosa, con la medida ideal para ser tragado por los pájaros. Estos higuitos son comestibles, pero tienen poca pulpa y muchas semillas. La foto es del Jardín botánico Mundani de Sóller.

Los frutos de todos los Ficus son comestibles, ninguno es venenoso, pero no todos tienen un sabor agradable para nuestras refinadas papilas gustativas. Diríamos que son poco palatables, bastantes de ellos con una textura como de cartón y muchas semillas.

 Ficus retusa embelleciendo el Museo del Louvre de París.

Higos de Ficus retusa, pequeñitos y comestibles, pero con muy poca pulpa. Son muy apreciados por los pájaros. Esta foto es de los jardines del Prado de San Sebastián de Sevilla.

 Ficus drupacea con una copa espectacular dando sombra al tramo final de los fantásticos jardines de S'Hort del Rei en Palma de Mallorca.

 Un servidor junto al bellísimo tronco multicaule del Ficus drupacea anterior.

Higos de Ficus drupacea, algunos picoteados por los mirlos. Quise probar uno, ya que olían muy bien, pero su pulpa me supo demasiado ácida.

 En los jardines de S'Hort del Rei también se puede ver esta curiosa higuera africana, Ficus cyathistipula.

Sus higos de un color verde intenso tienen un largo pecíolo.

 Higuera común, Ficus carica, en un patio junto a las Torres del Generalife de la Alhambra de Granada.

Higuera casi centenaria de la variedad Bordissot blanca (en Valencia, Burjassot blanca), cultivada en un campo de cereales de Punxuat en el municipio mallorquín de Algaida. Llama mucho la atención la herencia del idioma andalusí en los nombres de las higueras y las localidades de toda la vasta región que conformó el Al-Ándalus, desde el Algarve portugués por el oeste hasta las Islas Baleares por el este y desde Castilla-León y mitad sur de Aragón y Cataluña hasta Cádiz. Lo digo porque el nombre Burjassot, tanto de la localidad valenciana como de la variedad de higuera, procede de Burg-sot, que en árabe andalusí significa "Torre del Bosque". La localidad mallorquina de Algaida, al igual que las diversas localidades peninsulares con el mismo nombre, tiene también un origen aldalusí. Significa "el matorral, el bosque". Por su parte Punxuat significa "lugar elevado". Así le llamaban los andalusíes mallorquines antes del genocidio a manos del rey aragonés Jaime I.

Higos Bordissot blanca que tienen mucha tendencia a abrirse, sobretodo si llueve en el momento de su maduración. Fotografía realizada en un campo de Ses Salines, situado en la costa sur de Mallorca.

La calidad de su pulpa es insuperable.

 Higo Bordissot negra (en Valencia Burjassot negra) a principios de septiembre, con una gotita de miel saliendo del ostíolo para decirles a las aves frugívoras que está maduro, con la intención de que se lo coman y luego defequen las semillas lejos de la higuera madre.

 Los higos Bordissot negra son muy achatados o aplanados con el pecíolo muy corto.

 Su pulpa de un rojo carne intenso tiene un sabor y un dulzor extraordinarios.

Bellísimos y llamativos higos de la variedad "Abaldufada rimada", más conocida internacionalmente como Panaché.

 La piel de estos higos es tan fina que todo el fruto es pulpa deliciosa.

 Higo de gran tamaño de la variedad mallorquina "Morro de bou" (morro de buey), fotografiado en el Jardín botánico Mundani. El peso de cada higo supera los 50 gramos.

Su pulpa intensamente roja parece carne picada de toro de lidia. Su sabor y su bouquet son extraordinarios.

 Tras darle un bocado a un higo Morro de Bou, mientras saboreaba su deliciosa pulpa, le hice esta foto a la mitad restante.

Grandes higos primaverales o brevas de la variedad "Vacal" con un peso medio de 116 gramos cada uno. Proceden de un huerto del Puerto de Sóller.

 Su pulpa es muy pálida.

Corte transversal de un higo Vacal.

¡Qué color más fantástico!, ¿verdad? Este higo pertenece a la variedad mallorquina "Rotja" (roja). El color rojo vinoso de su pericarpio es inconfundible. La higuera Rotja produce dos abundantes cosechas cada año. Las brevas son más grandes y alargadas que los higos.

En contraste con su pericarpio rojo su pulpa es de un bonito color amarillo-anaranjado de un dulzor extraordinario.

 Hace unos 6 años un agricultor norteamericano de la ciudad de Alburquerque (Nuevo México), que posee una gran plantación de frutales, me mandó un email para pedirme esquejes de higueras mallorquinas. Yo le mandé unas ramitas de la variedad Rotja y él a cambio me mandó unas cuantas de una variedad tejana llamada White Texas Everbearing (Blanca de Texas que fructifica todo el año).

 Dos de las ramitas me agarraron y al cabo de unos años le regalé una al mayor experto en higueras del mundo, el farmaceutico mallorquín Monserrat Pons i Boscana, que posee la mayor colección de higueras de toda la Tierra con varios miles de variedades en su paradisíaca finca de LLucmajor, llamada Son Mut Nou.

Los higos White Texas Everbearing son pequeñitos pero muy sabrosos. Llama la atención la ausencia de semillas. 


Higos de la antiquísima variedad mallorquina llamada "Blava" (azul), de forma asimétrica con un dulzor y un bouquet exquisitos. Esta variedad fue llevada a Canarias por los repobladores mallorquines hace unos 600 años. De allí  me traje una ramita que me agarró y ahora es una hermosa higuera de unos 4 metros muy productiva.

Una de las características típicas de esta variedad mallorquina Blava es la asimetría de los frutos. Como veis madura primero la "panza" o parte más abultada del higo y un día después la parte menos abultada. También se puede apreciar la jugosidad melosa de la pulpa y las numerosas semillitas que crujen entre los dientes al masticarlas y le confieren un delicioso bouquet a avellanas o almendras tostadas.

 Las brevas de la variedad Blava son más alargadas y simétricas. Su pulpa es muy oscura.

Aquí teneis el motivo por el que los antiguos mallorquines llamaron Blava (azul) a esta variedad. Cuando los rayos del sol inciden directamente sobre un fruto su superficie se ve de un intenso color azulado.


 La inmensa mayoría de las variedades de higueras cultivadas proceden de una semilla que germinó de manera espontánea, fue descubierta casualmente por alguien que apreció la calidad de sus higos y la reprodujo por estacas enraizadas y por injertos. Eso fue precisamente lo que yo hice con una higuera silvestre sevillana, hija de un cabrahigo macho y una higuera hembra cultivada en el Valle del Guadalquivir. En uno de mis viajes a Andalucía, paseando por la bellísima ciudad de Sevilla que llevo en el alma desde que hice allí el servicio militar hace más de 30 años, quise tocar el agua del río cerca de la Torre del Oro que está en el margen izquierdo del Guadalquivir y allí mismo, con las raíces sumergidas en el lodo de la ribera, crecía una gigantesca higuera silvestre nacida con toda probabilidad de una semilla defecada por un ave. Era a principios de mayo y no le vi ninguna breva, pero mi amor por las higueras y por Sevilla me obligó a cogerle tres ramitas de un palmo, que mojé en la mansa y verdosa agua del río que bajaba de Córdoba, las metí en una bolsa de plástico y me las traje a Mallorca. En cuanto llegué las sembré en tres macetas y agarraron las tres. Una de ellas murió al cabo de unos meses, otra la regalé a un alemán y la tercera la tengo sembrada en mi jardín. No le gusta demasiado la tierra mallorquina, tiene demasiada cal, pero poco a poco va creciendo y en los años lluviosos me da algún higo como el de la imagen.


 Su pulpa es muy jugosa y melosa. Su exquisito sabor me recuerda a la ciudad hispalense y a Andalucía.

Una higuera silvestre o cabrahigo, Ficus carica subsp.rupestris, creciendo sobre el muro que bordea el río Guadalquivir a su paso por la ciudad de Córdoba.

Cabrahigo creciendo en el lecho del Torrent de Pareis, situado en plena Serra de Tramuntana de Mallorca.

Cabrahigo creciendo sobre un muro del Castel Nuovo de Nápoles en Italia.

 
 Las higueras, al igual que las palmeras datileras, soportan muy bien la sal. En esta imagen se ve un pequeño cabrahigo creciendo a un metro escaso del agua del Océano Atlántico sobre este muro del muelle de la ciudad portuguesa de Faro, capital del Algarve, en pleno Parque Natural da Ria Formosa.


Visión cercana del cabrahigo anterior.

 En Irán y Afganistán crecen tres higueras de hoja caduca, Ficus carica, Ficus palmata y Ficus johannis. Una subespecie de esta última, mejor adaptada al frío, a la insolación y a la sequía extrema, es el Ficus johannis subsp. afghanistanica, como el ejemplar de la foto, cultivado exitosamente en el fantástico Higueral de Son Mut Nou que cuenta con la mayor colección de higueras del mundo.

El estudio del genoma del género Ficus está siendo un reto apasionante para los genetistas, especialmente el complejo genoma de nuestra higuera mediterránea, Ficus carica subsp. carica. Tanto es así que ya se especula que el inicio del cultivo de la higuera hace unos 11.000 años obedeció a la aparición espontánea de un híbrido natural entre el cabrahigo silvestre, Ficus carica subsp. rupestris y el Ficus johannis, que dio lugar a un árbol 100% hembra carente de flores masculinas y con unos frutos grandes, carnosos y extremadamente dulces, como son todas nuestras higueras cultivadas, todas ellas hembras.

Ficus carica subsp. rupestris--- X--- Ficus johannis--->>> Ficus carica subsp. carica.

 Esta hibridación interespecífica se explica por compartir las dos especies la misma avispilla polinizadora, la Blastophaga psenes. El árbol macho productor del polen, nuestro cabrahigo silvestre, sigue siendo el mismo, de manera que si se siembran las semillas de cualquier higo, todas con un genotipo híbrido, nacen de ellas árboles con multitud de combinaciones fenotípicas, unas idénticas a su padre silvestre, otras con características intermedias, los llamados semicabrahigos, algunos de ellos productores de frutos de una calidad extraordinaria y otros muy semejantes a su madre cultivada. De hecho bastantes de nuestras mejores higueras cultivadas en realidad son semicabrahigos. El avance en el estudio del genoma nos sacará de dudas y nos deparará muchas sorpresas.

Las hojas del Ficus johannis subsp. afghanistanica están profundamente lobuladas y con los bordes serrados. Las de la subespecie tipo, el Ficus johannis subsp. johannis, son más enteras, mucho menos lobuladas. Dada la gran variabilidad en la forma de las hojas de nuestras higueras cultivadas, desde completamente enteras, hasta profundamente lobuladas, cabría suponer que en su origen hace 11.000 años no hubo una sola hibridación sino varias de ellas, tanto con la subespecie johannis como con la subespecie afghanistanica.
 
La antiquísima variedad Albacor, Albacora, Bacora o Bacorera ya era cultivada en la Balansiya musulmana (Valencia) y en todo el Al-Ándalus hace más de un milenio. Su nombre procede del árabe andalusí al-bakurah, que significa "la primera fruta, la más tempranera", por madurar sus brevas muy temprano, a mediados de junio, unas semanas antes del inicio del verano mediterráneo. Al igual que la ya mencionada variedad Burjassot, también valenciana, la variedad Albacor conserva el mismo nombre andalusí que le dieron los campesinos valencianos durante la dominación musulmana. Tras la llamada reconquista por los cristianos del norte, que en realidad fue un genocidio, sus descendientes moriscos, antepasados de los actuales valencianos, conservaron y siguen conservando con orgullo el nombre ancestral de estas dos variedades de higueras andalusíes.

La pulpa de las brevas Albacor es rosada, de sabor muy fino y refrescante.

La variedad de higuera cultivada Coll de Dama Negra es una de las más conocidas y más apreciadas en todo el mundo. Los higos carecen de pecíolo y en su lugar presentan un adelgazamiento del fruto en forma de cuello, detalle que dio el nombre a esta higuera del Mediterráneo Occidental. (Coll = Cuello)

Su pulpa tiene un color rojo-carne muy llamativo.

Tiene una textura compacta y jugosa y un sabor intenso, contundente y muy característico, extremadamente dulce y con un toque a miel ligeramente ácida.

Los higos de la variedad Coll de Dama Blanca tienen la misma forma aperada que la variedad negra.

El color de su pulpa es todavía más oscuro que en la variedad negra.

Y su melosidad es extraordinaria, una explosión de sabor, aroma y dulzor en la boca.

Variedad norteafricana de raza Argelina que conseguí a partir de unas ramitas que cogí a una vieja higuera canaria que crecía en el Pico del Teide de Tenerife a unos 2.000 msnm. Los bereberes del norte de África la cultivan desde hace milenios y también es conocida en Mallorca con el nombre de "Angelina".

Pulpa de los higos de raza Argelina anteriores. Son una de mis variedades preferidas. Tienen un delicioso sabor refrescante que recuerda a las fresas.

La higuera Argelina raramente produce brevas de primera cosecha. Algún año consigue madurar unas pocas, pero no están tan dulces como los higos de la segunda cosecha.

 El color de la pulpa de las brevas Argelina es espectacular.

Detalle de la pulpa y las semillas.

 La variedad italiana Napolitana Blanca es una verdadera delicatessen. Hace años visité la ciudad de Roma y entre las miles de maravillas que pude ver y admirar estaba el fantástico "Orto Botanico di Roma". Como siempre hago en mis viajes quise llevarme una cosa viva como recuerdo y, al ver una vieja higuera medio aplastada por unas gigantescas cañas de bambú tropicales, se me ocurrió cogerle una ramita, meterla en el botellín de agua mineral que llevaba conmigo para calmar mi sed y me la llevé a Mallorca. Nada más llegar la sembré en una maceta, enraizó enseguida y 16 meses después ya estaba sembrada en su lugar definitivo de mi jardín y ya me regalaba su primer higo.

Así lucía la pulpa de su primer higo.

Sus higos tienen la piel muy fina y son extremadamente dulces y jugosos, un verdadero Bocatto di Cardinale, un delicioso fruto digno del refinado paladar del César o del Papa.

La higuera Napolitana Blanca pertenece al grupo de higueras orientales de tipo Esmirna. Sus siconos contienen un 100% de flores femeninas llamadas perfectas por su necesidad de ser fecundadas con el polen de un cabrahigo transportado por la avispilla Blastophaga psenes para que sus higos maduren, a diferencia de la mayoría de higueras cultivadas  que son partenocárpicas, es decir, capaces de madurar sus frutos sin necesidad de ser polinizadas. Lógicamente las diminutas semillas que se ven en la imagen contienen un genoma híbrido, con el 50% de cromosomas de su padre, un cabrahigo silvestre que aportó el polen y el otro 50% de su madre, la hembra cultivada Napolitana Blanca. Si se siembran estas semillas, las plantas que nacen son semicabrahigos, cuyos frutos pueden ser incomibles o muy pequeños o por el contrario dar lugar a una nueva variedad de higuera de excelente calidad. De hecho la mayoría de higueras cultivadas son en realidad semicabrahigos que nacieron silvestres a partir de una semilla defecada por un ave y al dar frutos buenos fueron reproducidas mediante estacas enraizadas o injertos, como ocurrió con la variedad que viene a continuación.

Una de las últimas variedades de higuera mallorquina, que nació hace más de un siglo dentro de una pared de piedra seca de una finca del término municipal de Algaida, es la "Carlina", denominada así por el campesino algaidense que la descubrió y le puso el nombre del señor de la finca, el médico Carles. Es un higo muy dulce, aunque no demasiado apetitoso por su aspecto y muy bueno para ser secado. En el pueblo de Algaida era muy utilizado para engordar a los cerdos. Actualmente ya sólo quedan unas pocas higueras Carlinas muy viejas y con la mayoría de ramas secas.

Jugosa, melosa y apetitosa pulpa de higo "Carlina" con un dulzor y un sabor extraordinarios.

Y aquí tenéis un maravilloso plato de higos Blava y Napolitana Blanca acompañados de queso de oveja que fue mi cena una calurosa noche de agosto. Los ingredientes son sólo cuatro: varias rebanadas de pan con rodajas de higos por encima regadas con un generoso chorreón de aceite de oliva virgen extra y el queso que más os guste. Nada más. Los higos deben comerse con la piel, pues en ella se concentran una gran cantidad de vitaminas y antioxidantes, como si fueran un bocado de vida.

Y aquí tenéis el postre: una Coca de higos con pinyones absolutamente deliciosa.

¡Buen provecho, amigos!