banear

domingo, 13 de noviembre de 2016

Juglans nigra, el nogal negro norteamericano

En el otoño del año 1988, hace ahora 28 años, fui de viaje con unos amigos al País Vasco y el sur de Francia. En los jardines de la Plaza de España de la ciudad alavesa de Vitoria pudimos admirar los fantásticos árboles monumentales que embellecían el lugar, entre los cuales recuerdo especialmente una Sequoya gigantesca y un Nogal negro norteamericano, ambos con numerosas semillas en el suelo bajo sus copas. Entonces todavía no tenía mi huerto-jardín y me dedicaba a los bonsais. Nunca antes había visto estos dos árboles y la verdad es que quedé fascinado. Por supuesto no pude resistir la tentación de recoger unas cuantas semillas de la sequoia y tres o cuatro nueces del nogal. Ya en Mallorca las sembré en macetas individuales, pero al final sólo germinó una nuez.

Nueces de mi Nogal negro recogidas del suelo bajo la copa del árbol a mediados de noviembre.

El nombre del género Juglans procede de la unión de dos palabras latinas:  
 iuppiter, jovis = el dios Júpiter y glans, glandis = bellota, o sea, Jovis+glans ---> Juglans.

 El nombre de la especie, nigra, viene del adjetivo también latino nigra, nigrae = negra.

Así pues Juglans nigra se podría traducir como Bellota negra del dios Júpiter.

Mi nogal negro norteamericano en otoño del año 2004 con 16 años de edad. Al igual que el ginkgo, cuando en octubre los días se acortan y bajan las temperaturas, el nogal reabsorbe los nutrientes de las hojas (clorófila, azúcares, proteinas y minerales) y los almacena en las raíces, con la intención de que le sirvan para iniciar con fuerza y éxito la siguiente brotación primaveral. Al dejarlas prácticamente reducidas a una carcasa vacía de celulosa, pierden el color verde y adquieren un bellísimo color amarillo-oro, hasta su caída unas semanas más tarde.

Cuando en 1989 compré el huerto de naranjos, limoneros y mandarinos, que con los años acabaría transformando en el jardín que desde niño siempre había soñado tener, sembré en tierra todos los bonsais de mi colección para que pudieran crecer libres y felices, repartidos por las diferentes terrazas de la falda de la montaña. Todos ellos ahora son árboles monumentales: un abeto de Ronda, un cedro del Atlas, un cedro del Líbano, un fresno de hojas estrechas, un árbol de Júpiter, dos pistachos, un brachychiton australiano, un boj balear, un boj del valle del Roncal, dos encinas de bellota dulce, seis robles cerrioides, un pino de Norfolk, una casuarina australiana, un árbol del amor, un árbol del Coral sudafricano, una robinia de flores rosadas y un haya, un abeto blanco, un tilo y un avellano del Pirineo francés.

 
Mismo nogal negro norteamericano fotografiado a mediados de noviembre de 2016 con 30 años de edad. Acababa de tirar todas las nueces y un tercio de las hojas.

 Hojas otoñales de Juglans nigra.

 Su color amarillo-oro es espectacular.

Al igual que todos los árboles de la familia Juglandaceae, tanto las hojas, como los frutos, las raíces y la madera del nogal negro son ricos en una sustancia llamada JUGLONA, muy tóxica para las demás plantas, frenando o incluso impidiendo el crecimiento de cualquier otra planta cerca de un nogal. Sólo los arces, abedules y hayas son resistentes a este veneno. Desde hace más de mil años los agricultores conocen este efecto "alelopático" de los nogales y evitan sembrar cereales y otras hortalizas cerca de uno de estos árboles. Por propia experiencia puedo confirmar este efecto tóxico sobre tres árboles que sembré a unos metros de mi nogal negro. Dos de ellos acabaron muriendo: una acacia Leucaena leucocephala y una Thuja orientalis, y el tercero, un pistacho hembra, no consigue prosperar y seguramente acabará muriendo. 

Tronco de mi nogal negro con su corteza grisácea, rugosa y profundamente agrietada.

Los nogales son árboles monoicos, con flores masculinas y femeninas sobre el mismo árbol aunque separadas entre si. En la imagen podemos ver las flores masculinas en forma de largos amentos verde-amarillentos cargados de polen, que el viento transporta hasta las flores femeninas, lo que en botánica recibe el nombre de polinización anemófila, o sea, a través del viento.

Las flores femeninas de los nogales son muy simples, pues carecen de pétalos y están formadas por un ovario globoso de superficie aterciopelada acabado en un pistilo rodeado por dos bracteolas muy pequeñas y soldadas al receptáculo y cuatro sépalos también muy pequeños y soldados entre sí salvo en su extremo distal cercano a los dos estigmas. En la imagen estas bracteolas y sépalos no se aprecian dado su pequeñísimo tamaño. Los dos grandes estigmas receptores del polen se abren a modo de plumeros en el extremo de la flor femenina. Para asegurarse la captación de al menos dos granos de polen, suficientes para fecundar los dos carpelos del ovario, los estigmas tienen una superficie muy rugosa y pelosa, lo cual aumenta sobremanera el área receptiva del polen. De ahí que muy raramente las flores femeninas de los nogales se quedan hueras sin fecundar.

Las nueces del nogal negro suelen crecer emparejadas de a dos, aunque también pueden hacerlo solitarias.

Suelen madurar a mediados de octubre y si no son recolectadas caen al suelo bajo la copa del árbol a principios de noviembre.

Nueces maduras en noviembre.

Los frutos del nogal negro norteamericano están rodeados por una cáscara o exocarpio verde-amarillento que se seca rápidamente, se vuelve negra y adquiere la consistencia del cartón. Contiene una gran concentración de taninos y pigmentos marrón-amarillentos, que tiñen intensamente los dedos al pelar las nueces. Estos pigmentos y el tanino que actua como fijador del color fueron utilizados por los indios americanos para teñirse el pelo y para curtir y colorear las pieles de sus vestidos.

La semilla o nuez comestible, es decir, el endocarpio, está rodeada por una gruesa cáscara leñosa de consistencia pétrea, que precisa golpear las nueces con mucha fuerza para cascarlas. Son un alimento fantástico muy ricas en grasas insaturadas y proteinas.

Mismo nogal negro norteamericano brotando y floreciendo a principios de mayo del año 2017.

El nogal negro crece de forma natural en el este de Norteamérica, donde también es ampliamente cultivado para el aprovechamiento de su madera y sus frutos. En el año 1629 fue introducido en Europa como árbol ornamental, siendo posteriormente cultivado en plantaciones forestales por su madera densa, dura y resistente, considerada de excelente calidad y utilizada sobretodo en ebanistería. También se cultiva en Sudamérica y en Asia Oriental.


11 comentarios:

  1. Buenisima entrada por lo que cuantas y como lo cuentas. Mis más sinceras felicitaciones. Un abrazo desde Plantukis

    ResponderEliminar
  2. Muy interesante, me encanta que tengas tantos árboles pero creía que tenías alguno más. Besos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Teresa. Tengo más de 400 árboles plantados y muchos más silvestres. Un saludo.

      Eliminar
  3. Completísimo y con unas excelentes fotografías el artículo de hoy, Juan, pero lo que más me ha sorprendido es saber la cantidad de árboles que tienes y lo maravilloso que ha debido ser para tí ver aquellos bonsais convertidos en árboles después de años ¡es admirable!
    Un abrazo enorme.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Montse. Tienes razón. Cada vez que miro los gigantes descomunales en que se han convertidos mis diminutos bonsais la verdad es que me emociono y me alegro de haberlos liberado. Un abrazo.

      Eliminar
  4. Hola, Juan:
    Gracias por el artículo sobre el nogal negro norteamericano.
    Tengo curiosidad por saber si el abeto de Ronda que mencionas, es el Pinsapo, porque no conozco ni encuentro en internet ningún árbol denominado abeto de Ronda.
    Y si es el Pinsapo, me gustaía saber a qué altura sobre el nivel del mar se encuentra tu Huerto-Jardín, ya que se dice que el Pinsapo sólo prospera a partir de cierta altura y grado de humedad.
    Gracias de antemano, y un cordial saludo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Gregorio:
      Efectivamente, el pinsapo es el abeto de Ronda. Mi jardín está en una falda de montaña. La parte más baja está a unos 60 msnm y la parte más alta a unos 90 msnm. Mi pinsapo está más o menos a unos 75 msnm y está magnífico. En verano le ayudo con dos riegos semanales por goteo para que no sufra por la sequía estival.
      Un cordial saludo.

      Eliminar
    2. Curioso. Yo vivo en un pueblo de Málaga a unos 200 msnm y no se dan. Quizás la clave está en el mimo que le das en verano, o en algunos días de un viento conocido aquí como Terral que resecan todo.
      Gracias de nuevo

      Eliminar
  5. La primera vez que oigo de alguien que deja volar y cavar libres a sus bonsais. Me has alegrado el día... otra vez.

    ResponderEliminar