sábado, 25 de enero de 2020

Araucaria heterophylla, una exitosa cosmopolita

Araucaria excelsa, pino de la isla de Norfolk, árbol de pisos

Antes del año 1774 esta bellíssima conífera austral de la familia de las Araucariaceae era una perfecta desconocida. Fue en ese año que el marino inglés James Cook, más conocido como Capitán Cook, la descubrió en la diminuta isla australiana de Norfolk de sólo 36 km2 de superficie, único lugar de la Tierra donde crece formando frondosos bosques como un endemismo antediluviano, el pequeño refugio, cual maternal regazo, donde consiguió sobrevivir a los numerosos y destructivos cataclismos climáticos durante millones de años. 

En la actualidad, 246 años después de su descubrimiento, es una de las coníferas más cosmopolitas de la Tierra, cultivada por su gran belleza y su adaptabilidad en todas las regiones de clima templado y mediterráneo del planeta.

Es tan grande su adaptabilidad, que a pesar de ser un árbol gigantesco en su estado adulto, alcanzando los 80 metros de altura, es profusamente cultivado como una decorativa y hermosa planta de interior durante sus primeros años.

El pasado día 13 de diciembre, en cuestión de horas, como si estuvieran sincronizadas, la docena de gigantescas araucarias excelsas que embellecen los jardines de las casas de indianos de mi pueblo se pusieron todas de acuerdo, tal vez a través de la emisión de misteriosas feromonas, como si hablasen con palabras de perfume entre ellas, y dispersaron masivamente sus millones de semillas aladas, cubriendo las calles con sus hijitos como si de una alfombra de vida se tratase.

 Durante 34 años, otoño tras otoño,  había intentado germinar estas semillas australianas sembrándolas en macetas al aire libre, pero hasta ahora no me había germinado ninguna. Testarudo como soy no me acabada de creer que todas fueran hueras, es decir, que ninguna estuviera polinizada por el polen emitido por los estróbilos de los dos o tres ejemplares masculinos, quien sabe por qué más escasos que los femeninos, que crecen aquí y allá en todo el Valle de los Naranjos.

Así pues, decidido a conseguir su germinación, este otoño sembré 20 semillas en una fiambrerita sobre unas servilletas de cocina humedecidas con agua del grifo que, tras cerrarla con su tapa hermética, situé a medio palmo del termo de casa, a una temperatura más o menos constante de 20ºC.

 Y pasados 41 días aquí tenéis el resultado. Cuatro de las veinte semillas han germinado emitiendo una vigorosa raíz pivotante, que en su afán por profundizar en el terreno, se han visto obligadas a crecer retorcidas.

 Su tormento hoy ha finalizado.

 He llenado cuatro macetas con tierra vegetal comercial y he procedido a sembrar una semilla en cada una de ellas.

 Al ir a sembrar la más desarrollada, el capuchón leñoso de la semilla se ha desprendido y han aparecido las cuatro primeras hojitas, que con toda probabilidad mañana o pasado mañana estarán completamente abiertas mirando hacia la luz de su dios Sol, el que les da la vida.

 Las cuatro araucarias recién nacidas ya trasplantadas en una maceta.

 Debido a que es un árbol subtropical y por tanto bastante friolero en su infancia, las mantendré a una temperatura estable hasta la primavera, en un contenedor de plástico que acabo de comprar por 13 euros en una tienda regentada por una señora china.

 Éste es el único ejemplar, todavía adolescente a sus 44 años, que embellece mi jardín. Lo compré en un vivero de plantas a finales del tórrido y seco verano de 1985. Medía 90 centímetros y tenía nueve pisos, es decir, nueve años. Actualmente mide unos 8 metros. Cada año brota cinco ramillas que se distribuyen en un mismo plano horizontal de simetría pentagonal, de ahí su nombre de árbol de pisos. Según sea un año más o menos lluvioso o seco, el brote crece en consonancia con la disponibilidad de agua, aumentando o disminuyendo las distancia entre los sucesivos pisos.

 En esta imagen se aprecian bien los pisos con cinco ramas en cada uno de ellos. El nido que coloqué sobre una de sus ramas hace algo más de tres años todavía no ha interesado a ningún pajarillo.

Mismo nido anterior recién colocado el día 9 de noviembre de 2016.

 En este hermoso ejemplar de unos 16 años, fotografiado el año 2013 en los jardines de Sa Granja del pueblo mallorquín de Esporles, se aprecian muy bien los pisos.

Y en esta espectacular imagen de postal podéis ver la gigantesca araucaria excelsa que embellece sobremanera el Parque del Loro de Tenerife, como si fuera la gran sacerdotisa del dios de los guanches que habita en la cumbre del cráter del Teide.

Tronco de mi Pino de Norfolk. A sus 44 años tiene un grosor de unos 20 cms. Tras él se ven los tubos metálicos que distribuyen el agua de riego por todo el jardín. El suelo está cubierto de hojarasca rojiza.

 Estas dos araucarias centenarias que crecen en pleno casco urbano del pueblo mallorquín de Sóller son los progenitores de las semillas que he sembrado. Resulta muy llamativo el dimorfismo sexual de esta conífera del Pacífico. Ambos ejemplares tienen la misma edad y la misma altura, pero la hembra, mucho más vigorosa, tiene un grosor de tronco y una anchura de ramas prácticamente el doble que el macho que tiene a su derecha. Las sembró un indiano que hizo fortuna en Puerto Rico y volvió rico.

Bellísimo tronco de la araucaria hembra anterior, que este invierno dispersó miles de semillas por las calles de todo el pueblo.

Hojas de tacto suave de la Araucaria heterophylla. Estos brotes terminales son utilizados por los viveristas para reproducir la planta vegetativamente, pero al ser laterales, una vez enraizados tienen tendencia a crecer horizontalmente, a diferencia de las plantas nacidas de semilla.

La corteza es lisa y luce un bonito color salmón. Su capa más externa cubierta de musgo se va desprendiendo en forma de fragmentos papiráceos que se enrollan sobre si mismos a medida que se despegan de la nueva corteza.

Edito diez días después, día 4 de febrero de 2020,  para mostraros las cuatro pequeñas araucarias ya nacidas y con sus cuatro hojitas desplegadas.


 ¡Qué bonitas! ¿Verdad?

 
Estos son los restos de las cáscaras vacías de las semillas. 


Edito noventa y siete días después, día 11 de mayo de 2020,  para mostraros las cuatro pequeñas araucarias ya crecidas con sus primeras ramas.

A la de arriba le cuesta prosperar, pero poco a poco va brotando.

 Una de las dos más hermosas.

Y esta la otra.

Edito día 26 de septiembre de 2020  para mostraros la evolución de las pequeñas araucarias

Así de hermosas se ven a los ocho meses de edad. La que falta se la regalé a un amigo.

Esta es la más vigorosa.

Y aquí la tenéis siete meses después, el día 23 de abril de 2021. Ahora tiene quince meses.


viernes, 17 de enero de 2020

INJERTO DE CHAPA O PLACA

Injerto de naranjo Washington Navel sobre limonero

Este tipo de injerto se hace en Abril, Mayo y Junio a ojo velando, es decir, que las yemas brotan el mismo año y en Julio, Agosto y Septiembre a ojo durmiente, es decir, que la chapa o placa agarra bien, pero las yemas no brotan hasta la primavera siguiente. Este método de injerto funciona bien en los cítricos, en el olivo y en los algarrobos.

 En primer lugar se corta con el cuchillo de injertar la corteza del patrón en una zona lisa y sin yemas, haciendo dos cortes horizontales unidos por un corte vertical en forma de H acostada. Luego con ayuda del cuchillo de injertar se despega la corteza de la madera de cada lado como si abriésemos una ventana y se recorta un poco la corteza de cada lado en sentido vertical, para que luego no cubra completamente la chapa. Obsérvese el cambium más claro bajo la corteza, que es la única parte del arbol que crece y debe entrar en íntimo contacto con el cambium de la chapa.
        
A continuación con el cuchillo de injertar se hacen dos cortes horizontales completos en la corteza de una rama de la variedad a injertar, rodeándola completamente, seguidos de otro corte vertical que una ambos cortes horizontales. Luego con la ayuda del cuchillo se despega la corteza y se saca entera.  Esto es la CHAPA a injertar, que puede tener una, dos y hasta tres yemas. 
 
 
La chapa o placa anterior ya despegada y preparada para ser injertada. Si el árbol está en plena vegetación con la savia corriendo por su cambium, la corteza es muy fácil de despegar.     

 En este caso tiene dos yemas, señaladas por los dos pecíolos de las hojas, que habremos cortado para disminuir la transpiración del injerto. Obsérvese el cambium interior de color más claro y jugoso, que es la parte viva de la chapa y es lo que debe unirse íntimamente con el cambium del patrón.    

A continuación se coloca la chapa en la ventana del patrón, con las dos partes de la corteza ya rebajadas, para que no cubran completamente la chapa. Obsérverse que la chapa y la ventana del patrón tienen las mismas medidas.    

Aquí se aprecia mejor la corteza rebajada del patrón, dejando descubiertas ambas yemas con los pecíolos. La corteza de la chapa, tanto en su parte superior como en su parte inferior, debe coincidir con la corteza de la ventana del patrón, para que haya una continuidad, una vez agarrado el injerto.  

Seguidamente se ata el injerto con cinta plástica transparente, especial para cítricos. Esta cinta es la misma que se utiliza para los injertos en tomateras y sandías. Es muy resistente, muy facil de manejar y su transparencia permite ver el estado del injerto. Una vez rodeada completamente la chapa injertada, se hacen dos nudos simples con los dos cabos de la cinta. 

Pasados unos 10 días, si el injerto ha agarrado, los pecíolos se caen con facilidad al tocarlos con el dedo y dejan una herida bien verde en la chapa.

A los 15-20 días se desata el injerto y, si todavía no han brotado las yemas, no tardan demasiado en hacerlo.      
       


   


viernes, 10 de enero de 2020

INJERTO OMEGA CON ALICATES ESPECIALES

INJERTO DE KIWI HEMBRA SOBRE KIWI MACHO

Este tipo de injerto se puede hacer en todos los árboles y
arbustos, tanto de hoja caduca como de hoja perenne, en cualquier més comprendido entre finales de invierno y principios de otoño, dependiendo del clima. En los injertos Omega de árboles y arbustos de hoja perenne hay que cubrir el injerto con una bolsa de plástico. También deben cubrirse los injertos de hoja caduca si se hacen en plena vegetación, pero no si el árbol está aún hibernando.

Un detalle importante a tener en cuenta es que la estaca a injertar y el patrón deben tener exactamente el mismo grosor.

En primer lugar se corta con unas tijeras de podar un trozo de tallo con una yema de la planta a injertar y seguidamente se procede a hacerle el corte omega en su parte inferior con un aparato especial para este tipo de injertos.    
 

Aquí podéis ver estos alicates especiales.
Professional Grafting Pliers.


 
Y aquí se aprecia la cuchilla en forma de Omega.

 
 El mismo trozo de tallo anterior con el corte Omega visto de lado.


En el patrón se hace un corte invertido con los mismos alicates, donde encajará exactamente el injerto.


A continuación se acopla el injerto en el patrón, introduciéndolo de lado, respetando la curvadura en Omega.


Aquí se puede ver en detalle el anclaje perfecto del injerto en el patrón.

 
A continuación se ata con cinta plástica especial para injertar tomateras y sandías, como la de la casa valenciana Borrull, se embadurna con mástic de injertar el extremo superior del injerto para que no pierda agua y no sea atacado por hongos y se deja sin cubrir con una bolsa de plástico por ser de hoja caduca y estar todavía hibernando.


sábado, 12 de octubre de 2019

Agave attenuata, un recuerdo de La Laguna

 El ágave del dragón o ágave cuello de cisne es originario del estado mexicano de Jalisco, cuna del tequila y los mariachis, donde crece a gran altura (entre 1.900 y 2.500 msnm) sobre suelos volcánicos. Curiosamente en la naturaleza es muy escaso hasta el punto de encontrarse en peligro de extinción, mientras que prospera fantásticamente cultivado como planta de jardín en todas las regiones de clima subtropical y mediterráneo libre de heladas del Planeta.

 En el año 2002 visité por primera vez la bellísima Isla de Tenerife, de la que quedé enamorado. El dia de la vuelta a Mallorca, mientras esperaba en el Aeropuerto de La Laguna para coger el avión, di un paseo por los jardines que lo circundan y no pude resistir la tentación de coger un hijuelo diminuto de un vigoroso Agave attenuata. Era tan pequeño que me cupo en el bolsillo del pantalón. Dos años y pico después ya había multiplicado su tamaño por diez sembrado en una maceta. En la imagen, tomada el 25 de diciembre de 2004, estaba magnífico con una hojas tiernas y sedosas de más de 20 centímetros, muy diferentes a las del resto de ágaves, que suelen ser más duras y espinosas.

 Poco después lo sembré en el huerto junto a un Quercus x cerrioides. Se había ramificado y había crecido espectacularmente. En la imagen lo podéis ver tal como era el dia 2 de febrero de 2006. Es muy llamativo el color verde ceniciento de sus hojas.

 Trece años después, en enero de 2019, floreció por primera vez. Habían pasado 17 años desde que me lo traje como un hijuelo desde Tenerife.

 Aquí podéis ver la inflorescencia en forma de trompa que se alargó hasta superar los dos metros de longitud.

 El dia 18 de abril de 2019 ya estaba finalizando la floración de sus cientos, por no decir miles, florecillas amarillo-verdosas, cuyos capullos se abren empezando por la base de la trompa hacia la punta.

 Últimas flores en abrirse. Son muy llamativos los largos estambres amarillos con unas vistosas anteras cargadas de polen.

 Estos capullos se abrieron en los siguientes días.

 Detalle de una florecilla con sus seis tépalos amarillo-verdosos soldados por su parte inferior en forma de tubo, seis largos estambres cada uno de ellos con una antera aplanada en su extremo y un solo pistilo femenino en cuya base se encuentra el ovario lleno de óvulos.

 La larga inflorescencia ya ha finalizado la floración de todos sus capullos. La imagen fue tomada el día 19 de junio. He retirado con la mano los estambres secos del extremo de la trompa para que se vean los frutos.

 Frutos de Agave attenuata ya maduros a finales de junio. A los pocos días se secaron y se abrieron liberando sus semillas.

 Numerosas semillas de color blanquecino, abortadas por no haber sido fecundadas, acompañadas de bastantes semillas negras perfectamente viables. Tomé la fotografía el día 9 de agosto.

Detalle de las semillas viables rodeadas de incontables semillas abortadas. Las sembraré en primavera.


domingo, 6 de octubre de 2019

Espaguetis al pesto verde de pistachos con guarnición de gambones al pesto rojo con romero


PARA LA SALSA PESTO DE PISTACHOS

 INGREDIENTES PARA 4 PERSONAS:


1-Albahaca fresca (las hojas y flores de 4 brotes como el de la imagen).
 2-Unos 100 gramos de pistachos tostados y descascarillados.
3-Unos 100 gramos de queso curado de leche de vaca de Menorca.
(Tan bueno y aromático como el Parmesano)
4-Aceite de oliva virgen extra (medio vaso).
5-Uno o dos dientes de ajo.
6-Pimienta negra molida al gusto.
7-Sal al gusto.

 La albahaca o alhábega, nombre andalusí, al-habága, del Ocimum basilicum.

 Los pistachos, Pistacia vera, del griego πιστάκιον (pistákion), un regalo de Oriente próximo.

 Las aceitunas, del árabe andalusí azzaitúna, Olea europaea, del que se extrae nuestro delicioso y salutífero aceite de oliva.

El ajo, Allium sativum, del latín allium, imprescindible en cualquier salsa pesto.

Salsa pesto de pistachos.  
La salsa pesto se puede hacer de cualquier fruto seco, crudo o tostado (piñones, pistachos, nueces, almendras, avellanas, anacardos, macadamias, cacahuetes, pipas de girasol, pipas de calabaza, etc...)

 PARA LA GUARNICIÓN DE GAMBONES

SALSA PESTO ROJA CON ROMERO

INGREDIENTES PARA 4 PERSONAS

1-Tomates secos (unos 70 gramos).
2-Piñones de pino piñonero, Pinus pinea, tostados o fritos (70 gramos).
3-Un brote pequeño de romero fresco (las hojas).
4-Medio vaso de aceite de oliva virgen extra.
5-Uno o dos dientes de ajo.
6-Pimienta negra molida al gusto.
7-Sal al gusto.

El tomate, del vocablo tomatl, procedente del idioma indígena mexicano náhuatl, Solanum lycopersicum.

 Los piñones de pino piñonero, Pinus pinea, del latín pinus, se extraen de grandes piñas como la de la imagen.

El romero, Rosmarinus officinalis, del latin ros maris, una labiada con abundantes aceites esenciales muy aromáticos.

Salsa pesto roja al romero, muy rica en licopenos rojos, potentes antioxidantes que protegen del cáncer de mama y de próstata.

 Los gambones pelados se fríen un par de minutos, vuelta y vuelta, y se mezclan con la salsa pesto roja que, con el toque del romero, combina magníficamente con el sabor del marisco.

 Plato ya montado, con tres pequeños pimientos de padrón fritos para completar la guarnición. 

¡DELICIOSO!

La mejor prueba de que ha estado de rechupete es el plato vacío.

¡BUEN PROVECHO, AMIGOS!