Bellísima flor de Pyrus pyraster fotografiada el día 1 de marzo de 2022. Sus cinco pétalos de un blanco inmaculado contrastan con las anteras rosadas de los estambres todavía inmaduras. Antes de madurar y empezar a dispersar el polen, esperan que el pistilo reciba el polen de otra flor a través de los insectos polinizadores, sobre todo abejas y abejorros y, una vez el ovario esté fecundado, en unas horas maduraran y se cubriran de polen, para que los insectos hagan su trabajo a cambio de una gotita de néctar. De esta manera el peral evita la autopolinización.
Hace 16 años, a finales del año 2010, mi amigo Antoni Font Gelabert, gran amante de la vida y la naturaleza y entusiasta de la navegación por el mar Mediterraneo, me trajo semillas de diversas plantas de las islas del mar Egeo, entre ellas bellotas de Quercus macrolepis de la isla de Nysiros y semillas de Cupressus sempervirens y Pyrus pyraster de la isla de Kos. De todas ellas obtuve un vigoroso ejemplar de Quercus macrolepis que ya se acerca a los tres metros de altura, dos altísimos Cupressus sempervirens, cuyos progenitores silvestres griegos cubren de un manto verde las islas egeas y las costas mediterráneas de Anatolia, y finalmente, un Pyrus pyraster de dos metros y medio de altura, que lleva varios años floreciendo y fructificando. Por desgracia, cada año a principios de otoño desaparecen todas las peras en dos o tres días sin haber alcanzado su completa maduración. Todavía no he conseguido saber qué animal se las come con tanta fruición.
Flores de Pyrus pyraster en diferentes estadíos de maduración. Al mismo tiempo han brotado las primeras hojas de un bonito verde claro. Intensificaran su color con el paso del tiempo, como se puede apreciar en las fotografías siguientes.









