lunes, 23 de noviembre de 2015

Sa Barraca Blanca, la Mallorca más auténtica

Si, amigos, auténtica, entrañable, un trocito de la Mallorca más íntima y desconocida, que don Llorenç y doña Catalina junto con su tercer hijo varón que, siguiendo la ancestral costumbre mallorquina, lleva el mismo nombre que su padre, son el alma de esta finca de ensueño ubicada en la Marina de Llucmajor a pocos kilómetros del mar.

Los anfitriones con su perrito Tilín nos recibieron con los brazos abiertos. 

 La casa de Sa Barraca Blanca tiene las paredes exteriores encaladas para que se mantenga fresca durante los largos y tórridos veranos del sur de Mallorca. Cuando los invitados llegamos sobre las 12h del mediodía los anfitriones ya lo tenían todo preparado para agasajarnos. 

 El cielo estaba nublado y el bellísimo reloj de sol que adorna la pared de la casa que mira al mediodía no marcaba ninguna hora.

 Estos relojes de sol sólo fallan cuando el astro rey está cubierto por nubarrones.

Varios bancos y una mesa-camilla ante la entrada de la casa. Cada año en noviembre Llorenç-hijo organiza una comida de amigos del Camino de Santiago, a la que invita también a otros amigos que nada tenemos que ver con el Camino. Este año nos hemos reunido unas treinta personas entre invitados y anfitriones.

Adornando la entrada hay varios "carretons de batre", piedras cilíndricas agujereadas a lo largo tiradas por una mula para trillar los cereales en la era, que se utilizaron hasta hace unos 50 años. Yo recuerdo a mis abuelos trillar el trigo con estas piedras. Ponían unas "clucales" (guarnición que cubría los ojos al animal para que no se marease) a una mula que tiraba del "carretó de batre" dando vueltas alrededor de mi abuelo, que la sujetaba con una cuerda larga y la azuzaba con una fusta de acebuche. Yo debía tener unos 6 ó 7 años y la imagen del animal jadeando por el duro trabajo durante horas bajo un sol de justicia, su pelo negro empapado en sudor y su hocico echando espumarajos quedó grabada para siempre en mi memoria de niño. Unos años después se abandonó la trilla con bestias y se empezaron a utilizar las novedosas máquinas trilladoras.

Antiguo engranaje de un molino para hacer harina.

Dos tinajas antiguas flanqueando la entrada de la casa y una cortina para ahuyentar a las moscas.

Sobre una mesa pudimos admirar este enorme "bisbe" (estómago del cerdo), relleno de sobrasada cien por cien ecológica elaborada por la familia con sus propios cerdos, alimentados con cereales, higos secos, higos chumbos, habas, algarrobas, palas de chumbera, hierba, etc..

 Tras saludar a los anfitriones nos metimos dentro de la cocina, donde Marilena y Marce estaban friendo deliciosos buñuelos de boniato.  A su lado, en la lumbre de la chimenea, doña Catalina y Fina, una amiga de la familia, estaban cocinando "arroç brut", un plato tradicional típico de las fiestas del campo mallorquín con el que nos chupamos los dedos. Entre sus ingredientes había carne troceada de cerdo, "quica" (gallina enana) y pichón, con tirabeques, judias tiernas, cebolla, tomate, perejil, "esclata sangs" (nízcalos), caracoles, etc... Como debe ser, el caldo estaba más sabroso que el arroz.

 Dos hondas con sus respectivas piedras, a ser posible cantos rodados, adornan el interior de la casa. Los antiguos honderos baleares eran famosos en todo el Mediterráneo. Los romanos los reclutaban para sus ejércitos. Las piedras lanzadas contra los barcos enemigos les agujereaban el casco de madera y provocaban su hundimiento.


 A unos metros de la casa hay este edificio antiguo construido con bloques del abundante "marès" (piedra de arenisca), que forma el subsuelo de esta zona de Mallorca próxima al mar.

Bajo su techumbre de tejas árabes hay un viejo horno de leña.

En estos hornos tanto se puede cocer un buen pan como asar un cabrito o una lechona.

La boca del horno se cierra con una tapa metálica con un asa.

Dicen que quien avisa no es traidor. Así que junto a la tapa metálica hay esta placa avisando del peligro de acercarse demasiado a la boca del horno.

Al lado del horno Llorenç guarda la leña perfectamente cortada y colocada aprovechando al máximo el espacio.

Más tarde nos mostró esta curiosa rama de pino carrasco, Pinus halepensis, con un crecimiento anormal en su extremo, donde la yema apical, bien por una mutación o por la acción de un virus o un phytoplasma, se transformó en 23 piñas apelotonadas, todas ellas perfectamente normales.

Parece una porra de guerra antigua. Si fuera de metal sería un arma temible.

La malformación es realmente bonita, ¿verdad?

Detalle de la inserción de las piñas en el extremo apical.

Algunos invitados platicando amistosamente esperando el aperitivo.

Llorenç nos mostró muy orgulloso su enorme tomatera trepadora, nacida de una semilla de un tomate que alguien echó en esta pila de piedra labrada. Ha crecido prácticamente sin tierra y sus largos sarmientos han trepado sobre las ramas de un alcornoque. Lleva produciendo tomates durante todo el verano y a finales de noviembre todavía tiene algunos sin madurar. Una verdadera campeona esta tomatera. En la misma pila se pueden ver varias colmenas antiguas hechas con arcilla cocida.

 Tomates verdes y maduros a finales de noviembre. Los todavía verdes madurarán en pleno diciembre. La cercanía del mar a sólo unos 4 kilómetros suaviza el clima de Sa Barraca Blanca y permite el cultivo de hortalizas de verano hasta principios del invierno.

A su lado crece un cactus centenario de la especie Cereus uruguayanus var. monstrosus, originario de Sudamérica, cuyas raíces han corroido (se han comido) no sólo la tierra sino también las paredes de arcilla cocida de la "alfàbia" (tinaja) donde está sembrado. Vive de la poca agua que llueve en la Marina de Llucmajor y del rocío matutino, que se condensa sobre sus tallos verrugosos procedente de la brisa marina cargada de humedad. Al igual que la tomatera es otro campeón de la supervivencia.

 Los líquenes que cubren sus tallos espinosos indican que el hábitat de Sa Barraca Blanca está libre de contaminación ambiental, pues estos extraños seres mitad alga mitad hongo sólo sobreviven en un medio totalmente limpio y puro. Son un indicador de ausencia de polución.

Estos líquenes pertenecen a dos especies diferentes: el amarillo es Xanthoria parietina y el gris ramificado Ramalina farinacea. Que me corrijan los expertos si el nombre no es correcto.

Detalle de los órganos reproductores de la mitad fúngica del líquen Xanthoria parietina, los llamados apotecios, que son como copitas anaranjadas en los que se forman las esporas del hongo. Para más información ---> Xanthoria parietina, el líquen de pan de oro.

Tras una corta espera la mesa-camilla quedó cubierta de ricos manjares, destacando sobre todos ellos la sobrasada gigantesca de un sabor y un aroma exquisitos y una deliciosa quiche cocinada por Marce, la esposa valenciana de Joan Bestard.

Era sólo el aperitivo, pero poco faltó para que nos lo acabásemos todo.

 Los invitados platicando distendidamente, mientras los nubarrones se iban alejando y el sol empezaba a brillar.

 Estábamos todos muy a gusto.

 Pedro Lorenzo, gran aficionado a la fotografía, le mostraba las que acababa de hacer a un amigo. .

Era evidente la sincera amistad y el buen ambiente entre los invitados.

El dia acompañó con una temperatura muy agradable.

A la izquierda con jersey granate el padre Jaume Alemany, el alma del Camino de Santiago, que cada año lo organiza todo para que el trayecto hacia la Ciudad Compostelana transcurra sin problemas. Es el capellán de la prisión de Palma y algunos años convence a unos cuantos presos para que se apunten a hacer el Camino. 

Mientras nos poníamos las botas con los aperitivos, el perrito Tilín se subió sobre el hombro de su amo y amigo inseparable.

Tilín es un miembro más de la familia. Le encanta subirse sobre el hombro de don Llorenç.

Jaume y Matilde de Bunyola trajeron a su perrita Fosca para que jugase con su amiguete Tilín.

Las dos cocineras del "arroç brut", doña Catalina y su amiga Fina, observadas por Matilde, salieron a avisarnos de que la comida estaba lista.

Antes de entrar en el comedor le hicimos una foto a don Llorenç con los dos novietes, que no paraban quietos y querían seguir jugando.

Aquí les vemos corriendo como locos hacia los cerdos.

Varios cerditos hozando en la tierra rojiza de Sa Barraca Blanca.

Llorenç es un gran profesional de la agricultura. Aquí podemos ver una plantación de higueras, todas perfectamente podadas.

Sus frutos son un alimento excelente tanto para los humanos como para los cochinos. Al igual que los cerdos de bellota de Extremadura y Andalucía, los mallorquines criados por el método tradicional se podrían llamar cerdos de higos. Su carne libre de hormonas y antibióticos y enriquecida con los ácidos grasos y los azúcares de los higos produce una sobrasada de una calidad extraordinaria.

Llorenç está muy orgulloso de las antiquísimas barracas construidas en varios puntos de la finca con piedras adosadas formando un techo con la misma técnica que los milenarios Talaiots de los primeros habitantes de las Islas Baleares.

Como os decía, Llorenç domina todos los trabajos del campo con maestría, sobretodo las complicadas técnicas de los injertos. En la imagen podéis ver una encina de bellotas amargas injertada exitosamente con estacas de encina de bellotas dulces. Este injerto es uno de los más difíciles de conseguir y Llorenç lo domina. Para más información ver este artículo ---> Un día de injertos en Son Vivot.

Otra encina injertada por Llorenç en Sa barraca Blanca. 

Detalle de uno de los injertos de la encina anterior.

Esta "arada amb rodes" (arado con ruedas) adorna la finca como si de una escultura metálica se tratase. Sustituyó al primitivo arado de madera romano y fue sustituida a su vez por los modernos tractores.

Esta barraca esconde una sorpresa.

Tanto las paredes como el techo están construidos con piedras adosadas sin cemento ni vigas.

Al asomarnos nos encontramos con una charca de agua. La llaman Sa Bassa de Sa Pleta y sirve para que los cerdos tomen baños de agua fresquita en pleno verano, algo que les encanta.

En toda la finca de Sa Barraca Blanca abundan las esparragueras de la especie Asparagus albus, que dan unos espárragos blancos y gruesos de excelente sabor.

Algunas de las esparragueras estaban cargadas de frutos. Tienen la forma y el tamaño ideal para ser tragados por las aves pequeñas, que tras digerir la pulpa defecan las semillas lejos de la planta madre, ayudando así a la dispersión de la especie.

Detalle de los frutos y de las hojas parecidas a las acículas de los pinos.

Como en el caso del cactus sudamericano, muchas de las esparragueras estaban también parcialmente cubiertas por el líquen Xanthoria parietina.

A unos 50 metros de la casa hay este antiguo abrevadero para los animales.

El abrevadero más bajo está destinado a los animales de pequeño a mediano tamaño: cerdos, ovejas, gallinas, pavos, ocas, etc...

El más grande y alto es para las bestias de carga: mulos, caballos, etc...

Otra planta que también abunda en Sa Barraca Blanca es el endemismo tirrénico Arum pictum subsp. sagittifolium, que sólo crece en Mallorca, Menorca, Cabrera, Córcega y Cerdeña.

La variedad típica tiene las hojas adornadas con un reticulado blanco más o menos marcado siguiendo las nervaduras de la hoja.

Aquí y allá también se puede ver algún ejemplar de hojas muy oscuras que carecen del dibujo blanco en las nervaduras, como se puede ver en esta imagen.

Comparación de las dos variedades de Arum pictum que crecen en Sa Barraca Blanca.

Las chumberas son americanas, pero tras 500 años entre nosotros ya las consideramos mallorquinas. Todas las "possessions" de la isla (cortijos) cuentan con su respectivo corral de chumberas. Sus palas tiernas, llamadas nopalitos en México donde la gente se las come como verdura, en Mallorca sirven de forraje para los animales, especialmente para los cerdos. Sus frutos, los higos chumbos, son un manjar tanto para los humanos como para los animales. A mi me gustan mucho.
El corral de chumberas es el hogar de las aves de la finca, como esta media docena de ocas.

Y también para el pavo semental, que Llorenç ha bautizado como "Floquet de neu" (Copito de nieve).

Su pavoneo es todo un espectáculo.

Parece decir: "Soy el más guapo y más chulo de toda Sa Barraca".

Su pequeño harén de hembras son todas negras. Los pavos son originarios de los bosques de Norteamérica.

Entre las chumberas una de las pavas ha hecho este nido. Se ven algunos huevos más pequeños de alguna gallina despistada que ha aprovechado el nido para poner los suyos.

Una "gallina faraona" (pintada) se ha unido al harén al quedarse viuda y una oca macho, llamada Jaumet, que tiene un problema serio de identidad, pues cree ser un pavo, también prefiere pasear con las aves norteamericanas en lugar de sus congéneres. Se crió entre pavos desde recién nacido en la finca de Son Vivot de Jaume y Matilde y cuando estuvo grandecito se lo regalaron a Llorenç. Tal vez en primavera, cuando tenga la subida de hormonas, se interese por alguna oca hembra. De lo contrario intentará emparejarse con una pava.

Cabeza de pintada, un ave gallinácea originaria de África, que se ha aclimatado muy bien en los países mediterráneos.

Y por último os presento a Fletxa, la yegua inglesa de raza enana que vive a sus anchas en Sa Barraca Blanca.

Es un animalito muy dulce con un pelo anaranjado espectacular.

Aquí la vemos comiendo cebada con los cochinillos.

Un pequeño y entrañable paraíso Sa Barraca Blanca, ¿verdad?


domingo, 25 de octubre de 2015

LAS ANACARDIÁCEAS Y SUS FRUTOS

Pistacho, Pimentero del Brasil, Mango, Anacardo, Lentisco, Falso pimentero, Ciruelo del Kaffir, Cornicabra, Zumaque americano, Árbol de las pelucas...

Las Anacardiáceas son una de las familias de plantas más extendidas en todo el mundo. A excepción de los casquetes polares y anillos prepolares, ocupan todos los nichos ecológicos posibles, desde las regiones tropicales y subtropicales, hasta las mediterráneas, templadas y predesérticas.

El pistacho, Pistacia vera, produce uno de los frutos secos más apreciados a nivel mundial. Los pistachos se pueden consumir simplemente asados como si fueran almendras, cacahuetes o avellanas o bien en forma de helados, pasteles y turrón. En Turquía, Siria y el Líbano se elaboran verdaderas exquisiteces con pistachos molidos, como la famosa Baklava, cuyo origen se remonta a la antigua Mesopotamia. Existen muchas variantes regionales de este dulce. Unas llevan nueces, otras avellanas, otras almendras o pistachos o bien una mezcla de varios de ellos. Recuerdo un documental sobre la cocina libanesa en la que se mostraba paso a paso todo el proceso de la complicada elaboración de este delicioso pastel varias veces milenario con sus 33 finísimas hojas de masa filo, entre las cuales se intercalan capas de pistachos enteros y molidos, todo regado con jarabe de miel y horneado sólo unos minutos a fuego vivo. Os aseguro que mi estómago rugió famélico en mi vientre y mis glándulas salivares segregaron varios cientos de mililitros de saliva ante la visión de aquel manjar de dioses oriental, que crujía y humeaba al cortarlo en porciones romboidales recién sacado del horno. Casi pude oler su aroma embriagador a través de la pantalla del televisor.

Los pistachos, cuando están maduros, parecen agigantados frutos de lentisco o bien pequeños mangos erguidos. Su color rojo y amarillo es muy llamativo.

La capa externa o exocarpio es ligeramente carnosa y fácil de despegar. Bajo ella hay una cáscara dura y blanquecina, el mesocarpio, formada por dos valvas que se separan al madurar y dejan asomarse la almendra o semilla, rodeada a su vez por una fina membrana roja, el endocarpio. 

Aquí podemos ver las tres membranas o capas protectoras de un fruto de pistacho. 

Todas las anacardiáceas sintetizan resinas aromáticas con un olor muy característico similar a la trementina.

Una resina famosa es el mastic o mastique de la isla de Quíos, que se extrae por incisiones en la corteza del lentisco, Pistacia lentiscus. Su nombre viene del verbo masticar, por el uso como chicle que se hace de esta resina.

El lentisco es tal vez la anacardiácea más conocida y más abundante en la Cuenca Mediterránea. Sus frutos tienen exactamente la misma estructura que un fruto de pistacho aunque mucho más pequeños

Frutos del lentisco hembra fotografiados en la localidad de S'Estanyol situada en la costa sur de la isla de Mallorca. Sus frutos son un excelente alimento para los pájaros, que luego defecan los huesos y facilitan la dispersión de las semillas, ayudando así a la perpetuación de la especie.

Sotobosque de un tupido pinar costero del sur de Mallorca cubierto de un espeso matorral de lestiscos.

Lentiscos en el Cabo de Sâo Vicente en Portugal.

Los lirones caretos mediterráneos son felices entre las tupidas ramas de los lenticos. Aquí vemos un nido de lirón en una garriga del centro de la isla de Mallorca.

Los frutos de algunas anacardiáceas son muy ricos en taninos (desde un 13% hasta un 28%) y han sido utilizados desde la antigüedad para curtir pieles de animales. Hay anacardiáceas con hojas y frutos fuertemente urticantes que provocan reacciones alérgicas severas a las personas que las tocan.

La cornicabra o terebinto, Pistacia terebinthus, se parece mucho al lentisco y se hibrida con él con relativa facilidad.

El falso pimentero, Schinus molle, originario de Sudamérica, ha sido plantado como árbol ornamental en las calles y jardines de todas las regiones del mundo con un clima mediterráneo. En sus paises de origen se le llama gualeguay o anacahuita, a excepción del Río de la Plata donde se le denomina aguaribay o aguaraibá.

Los llamativos frutos rojos del falso pimentero tienen un sabor picante y se utilizan como condimento con el nombre de pimienta rosa.
 
Otro racimo de falso pimentero.
 

 Las sustancias volátiles muy aromáticas de las hojas de las anacardiáceas son un excelente repelente para los insectos. Los nativos de ciertas regiones se las colocan sobre la cabeza para evitar las picaduras de los mosquitos. La decocción de las hojas y los frutos se utiliza como un excelente fungicida para eliminar los hongos de la tierra de los tiestos y los jardines. Los pequeños frutos rojos de algunas anacardiáceas se usan como condimento culinario solos o combinados con otras especias, en especial en la cocina de los países del Mediterráneo oriental y norte de África. Los frutos del pimentero del Brasil (Schinus terebinthifolius), del lentisco (Pistacia lentiscus), de la cornicabra (Pistacia terebinthus) y del falso pimentero (Schinus molle) una vez desecados reciben el nombre de pimienta rosa y son utilizados como un sustituto de la verdadera pimienta negra.
 
El Schinus terebinthifolius, llamado terebinto de Sudamérica, fotografiado en el Botanicactus de Ses Salines en el sur de Mallorca.

El ciruelo cafre o ciruelo del Kaffir de Sudáfrica, Harpephyllum caffrum, es un árbol dióico que se suele plantar en las calles y jardines de la región Mediterránea. Los ejemplares femeninos producen unos frutos rojizos parecidos a pequeños mangos. 
 
Frutos del ciruelo del Kaffir.

Detalle de la pulpa blanquecina y el exocarpio rojo de un fruto de ciruelo del Kaffir.

El género Rhus contiene numerosas especies, todas ellas muy ricas en taninos y altamente urticantes. Los bellísimos frutos rojos y aterciopelados de la imagen pertenecen a la especie Rhus aromatica de América del Norte donde recibe el nombre de Zumaque oloroso. Los frutos, del tamaño de un guisante, contienen un 27% de taninos y son muy astringentes y diuréticos. No se recomienda su uso en medicina natural por su toxicidad.
 
Inflorescencia de Rhus aromatica, cultivado en el fantástico Jardín botánico de Sóller, situado en plena Serra de Tramuntana de Mallorca.

 Los frutos de otra especie, Rhus coriaria, llamado Zumaque, son utilizados como especia desde la antiguedad reducidos a un polvo rojo en la cocina de los paises del Mediterráneo Oriental. Son el principal ingrediente de la salsa Lahmacun de Turquía e Iraq, la salsa zahtar o zaatar de la cocina de Siria, Turquía, Líbano, Israel, Jordania, Palestina y los países del Magreb y la salsa Dukka de la cocina de Egipto. Es uno de los condimentos clásicos del Kebab. En la imagen se ve un racimo de frutos muy maduros de Rhus coriaria asilvestrado, fotografiado en la localidad de Puntallana en la isla de la Palma.
 
 El mango, Mangifera indica, es originario de Asia y se cultiva en todas las regiones tropicales y subtropicales de la Tierra. En la imagen se ve un bellísimo ejemplar florido, como si fuera un bonsai gigante, cultivado en un jardín de la localidad de Tigalate en la isla de la Palma.

Detalle del mango anterior con sus llamativas inflorescencias a principios de mayo.

Rama de mango cargada de frutos fotografiada en la localidad de Tazacorte en la isla de la Palma. El mango es uno de los frutos más consumidos y apreciados en todo el mundo. Su deliciosa pulpa anaranjada, muy rica en vitaminas y antioxidantes, es dulce y jugosa con un ligero aroma a trementina.

Las inflorescencias de todas las anacardiáceas, como la del mango de la imagen, tienen forma de uva erguida. Fotografía tomada a un joven ejemplar cultivado en la isla de Mallorca.

 Detalle de las flores del mango anterior.

sábado, 10 de octubre de 2015

Navegó de Mallorca a las Islas Canarias con los repobladores tras el genocidio de los Guanches y 500 años después volvió a sus orígenes.

Su reproducción por estacas enraizadas ha mantenido intacto su genoma a lo largo de los siglos

Cuando la vi tan imponente, tan sana, tan vigorosa, tan feliz, con aquellas brevas negras tan grandes y aquellas hojas tan verdes de casi dos palmos de anchura, no pude resistir el deseo de acercarme a ella para verla mejor. Brillaba un sol africano cegador y soplaba una agradable brisa con aroma a mar que venía del cercano Océano Atlántico, que se encontraba a sólo diez pasos. La habían plantado en medio de un jardín rectangular del Paseo Marítimo de Puerto de la Cruz en Tenerife como un árbol ornamental más. Bien regada, a sus anchas y sin la competencia cercana de otros árboles, ya no podía ser más feliz en aquel paraíso. Me moría de ganas de encontrarle una breva madura para probarla.

Breva de higuera Blava cogida del árbol el dia 19 de junio. Esta variedad de higuera es bífera, produce dos cosechas de frutos. Las brevas son alargadas y bastante grandes.

Pulpa muy oscura de la breva anterior.

Detalle de la pulpa que es dulce y jugosa.

Pulpa de otra breva Blava tras darle un mordisco.

 Cesta de mimbre llena de brevas Blava fotografiada el día de San Juan, 24 de junio de 2015.

 Misma cesta anterior.

Higos de la segunda cosecha con su típica asimetría, más panzudos hacia uno de los lados.

Los higos son uno de mis frutos predilectos. Me acostumbraron a su sabor desde muy pequeño y siempre me han gustado. Recuerdo con mucho cariño como mi abuela paterna Margalida componía las brevas en un canasto bien forrado por dentro con hojas de higuera con sus manitas deformadas por la artrosis, cubiertas por mangotes postizos para no volverse morena, comuna decía ella (vulgar, campesina, de clase inferior) y para evitar las gotas de látex de la higuera que le quemaban la piel. Estaba sorda como una tapia y era la bondad hecha mujer. Me quería con delirio y yo a ella. Siempre que los nietos íbamos a verla nos preparaba en la sartén unas galletas de manteca y azúcar absolutamente deliciosas. Era una artista para conseguir que cupieran muchas brevas en el canasto. Aprovechaba hasta el último rinconcito y con ellas dibujaba una espiral de brevas que era todo un espectáculo.  

Ostíolo de los higos anteriores. Fijaos en la negritud intensa de la piel que bajo los rayos del sol se ve azulada. Despues de hacerles esta foto, me los comí con la piel incluida. Por si no lo sabéis, justo debajo de la piel hay una altísima concentración de vitaminas y antioxidantes anticancerígenos. Si los higos no han sido fumigados con pesticidas, se pueden comer tranquilamente sin pelar, tal cual, a mordiscos.

Se me han humedecido los ojos recordando aquellos momentos tan entrañables de mi infancia. Yo tendría entonces 8 ó 9 años. Recuerdo que me sentaba sobre un bloque de arenisca que había delante de la casita de aperos de la finca. A media mañana la abuela me daba la merienda: dos rebanadas de pan moreno con una rodaja de sobrasada vieja. Yo la observaba como hechizado sin perder ningún detalle de todo cuanto hacía con sus manos de artista. Las brevas eran para vender a un mercader del pueblo, que con las primeras luces del alba las llevaba al mercado del Olivar de Palma, y en un santiamén se las quitaban de las manos. Me imagino a los palmesanos que al ver aquellas brevas tan hermosas y tan bien compuestas no podían resistir la tentación de comprarle una docena. La superficie del bloque de arenisca me picaba en los muslos. Hace 50 años los pantalones de verano de los niños eran tan cortos que dejaban los muslos totalmente descubiertos. Me levanté, puse un saco de esparto sobre el bloque y vaya diferencia. Entonces si que daba gusto estar sentado junto a mi abuela.

Es muy llamativa la asimetría de los higos de la variedad Blava. Si os fijáis, madura primero la panza y después la espalda. La pulpa es muy dulce y jugosa y la piel muy fina.

Solíamos llenar seis o siete canastos que cargábamos en el carro tirado por Margarita, una burrita de raza mallorquina, menuda, mansa y muy peluda. El abuelo, que también me quería con delirio, a veces me daba las riendas y me la dejaba conducir. Ella se sabía de memoria el camino, pero yo en mi inocencia creía que la hacía ir por donde yo quería y me sentía poderoso. Margarita murió dos años después que el abuelo de pura tristeza. Tenía 25 años. Yo la quería mucho pero en aquellos años estaba estudiando en Barcelona y no podía sacarla a pasear. Un dia mi madre me llamó para decirme que la había encontrado muerta en el establo. Sentí una puñalada en el corazón. El recuerdo de aquel animalito tan dulce formará parte de mi vida para siempre. A ella también le gustaban mucho los higos.

Como muchos ya sabéis, los higos mediterráneos son polinizados por la avispilla Blastophaga psenes que vive dentro de los higos de las higueras bordes, higueras macho, cabrahigos o cabrahigueras con flores masculinas dentro de los higos de la segunda cosecha llamados prohigos. En las Islas Baleares la mayoría de las higueras cultivadas son hembras partenocárpicas. Son capaces de madurar los higos sin necesidad de ser fecundadas, pero, si son visitadas por la avispilla con su cuerpo impregnado de polen procedente de las flores masculinas de un cabrahigo, entonces las flores femeninas partenocárpicas quedan polinizadas y fecundadas y los higos tienen muchas semillas amarillas mezcladas con la pulpa. Éstas son las responsables del delicioso bouquet a almendras o a avellanas tostadas que sentimos dentro de la boca cuando comemos un higo y chafamos las semillas entre los dientes.

Me lo estaba comiendo y pensé que a lo mejor os gustaría ver la pulpa de este higo Blava, que adquiere un color carne intenso cuando está totalmente maduro, y se vuelve casi negro cuando el higo ya está medio seco. Entonces su dulzor, su aroma y su sabor se intensifican y es un verdadero bombón dentro de la boca.

En California estaban desesperados por conseguir higos como los nuestros. Las higueras llevadas allí  por los colonizadores españoles producían higos que maduraban bien, pero no contenían semillas y eran muy sosos, sin alma, sin bouquet. Entonces descubrieron el secreto y vinieron a buscar semillas de higuera, las sembraron y de ellas nacieron cabrahigos, semicabrahigos, higueras femeninas partenocárpicas e higueras femeninas perfectas de tipo Esmirna. Ya tenían el árbol silvestre, la cabrahiguera ancestral, pero les faltaba la avispilla. Se subieron de nuevo a un avión y vinieron a buscar ramas de cabrahiguera mediterránea con la esperanza de que dentro de los higos sin madurar habría avispillas. Y efectivamente, las había. Ahora cuidan más a los cabrahigos que a las higueras y sus higos tienen por fin alma y bouquet a almendras tostadas.

Así pues, como os iba diciendo, tras inspeccionar rama por rama aquella vigorosa higuera canaria de Tenerife logré encontrarle dos brevas maduras. Era a medianos del mes de mayo. Me las comí, mejor dicho, las devoré con dos mordiscos y se me antojaron deliciosas, como un bombón. ¿Y qué creéis que me vino entonces a la cabeza? Pues arrancarle una ramita, mojarla bien con el agua del grifo de la habitación del hotel, meterla en una bolsa de plástico y acomodarla entre la ropa dentro de la maleta.  Cuando llegué a Mallorca el mismo día la planté en una maceta. Me agarró enseguida y un año después la trasplanté al huerto. Ahora es una higuera preciosa de casi cinco metros de altura y otros tantos de anchura y cada año me da una buena cosecha de brevas y otra de higos tardíos.

Aquí tenéis el motivo por el que le dieron su nombre. Cuando el sol del mediodía ilumina el higo, su piel brilla con un color azul-grisáceo muy llamativo. Por ese detalle y por su pulpa oscura los mallorquines de hace cinco siglos la bautizaron con el nombre de Blava (Azul).  

Seguramente os preguntaréis cómo puñetas logré saber el nombre de esta variedad. La respuesta ya no puede ser más sencilla. Me lo dijo mi madre nada más ver los primeros higos. Los reconoció enseguida. Yo no había sido capaz de darles un nombre. Creía que era una higuera canaria o norteafricana y resulta que es bien mallorquina. Los colonizadores mallorquines, que fueron a repoblar las Islas Canarias tras el genocidio de los guanches hace ahora más de 500 años, se llevaron ramas de higueras mallorquinas. Una de ellas era de la antiquísima variedad Blava. Medio milenio después yo hice lo mismo a la inversa y ahora tengo una preciosa higuera Blava, la más sana, vigorosa y productiva de mi huerto-jardín.

La higuera Blava se reproduce fácilmente por acodo aéreo--->Acodo aéreo de higuera Blava y Sevillana