miércoles, 23 de septiembre de 2015

¿Por qué la higuera macho se perfuma como hembra?

"Porquoi le figuier mâle se parfume en femelle?"
Este interesante artículo fue publicado en el año 2012 en la revista francesa "Tela Botanica" y en el Blog Passeur de Sciences del periódico Le Monde. 

He intentado hacer la traducción y aquí la tenéis:

---"Cariño, no hagas nada, yo me encargo de todo" es sin duda una de las mentiras más comunes en la especie humana. Sin embargo, es una verdad en el caso de la higuera mediterránea que sólo se encuentra en nuestras latitudes templadas y por lo tanto es la única que tiene que pasar por un invierno. La cabrahiguera, la higuera macho, no escatima ningún "esfuerzo" para que sus polinizadores tengan éxito en su misión: los protege, los mima y ... los engaña. Así es como lo hace.

Blastophaga psenes hembra en mayo dentro de un sicono de la segunda cosecha de cabrahiguera macho llamada prohigo.

Igual que muchos de sus congéneres, el Ficus carica depende de una sola especie, una mini-avispa llamada Blastophaga psenes, para asegurar la polinización. Se trata en realidad de un proceso de intercambio de recompensas: a cambio del transporte del polen, la Blastophaga tiene derecho a poner sus huevos dentro de los higos, pero sólo dentro de los que producen las higueras macho. Éstas de hecho realizan el papel de viveros de avispas con su floración primaveral. Mientras que las higueras femeninas todavía no han entrado en acción, las masculinas dan sus primeros higos del año (éstos son simplemente bolsas de flores). Atraídos por el olor que emiten los higos, los insectos que salen de su letargo invernal acuden para poner los huevos. La primera aportación de la higuera macho a la perpetuación de la especie está garantizada: multiplicar el número de polinizadores durante el verano.

Cuando en la estación cálida las higueras hembra empiezan a florecer produciendo higos, las higueras macho hacen evidentemente lo mismo y se podría decir que no hay más que esperar a que las blastophagas cumplan con su misión de transportadoras de polen. Pero no es tan simple. De los centenares de miles de especies de plantas con flores que existen, el Ficus carica forma parte de unas 7.500 especies que no juegan limpio con sus polinizadores. La higuera hembra no da ninguna recompensa a las avispillas que atrae con su olor. A pesar de aportar el polen no les permite hacer la puesta dentro de los higos, puesto que son el lugar destinado a su propia reproducción. Las blastophagas no pueden penetrar los largos estilos de las diminutas flores femeninas con su corto ovipositor y mueren sin haber depositado sus huevos. No es necesario ser un botánico para darse cuenta que existe un riesgo evolutivo importante para la planta si sólo son las cabrahigueras macho las que practican el mutualismo con el polinizador. El peligro es que las avispas visiten sólo los árboles masculinos e ignoren a los femeninos.

 
Detalle de la Blastophaga psenes anterior que ha perdido las alas al entrar por el estrecho ostíolo del sicono.

Salvo que ... Salvo que los insectos no sean capaces de diferenciar los primeros de los últimos. Se ejerce de hecho una fuerte presión de selección sobre la planta para que el género que no ofrece ninguna recompensa se haga pasar por el que sí la da: en el supuesto que nos ocupa para que la higuera hembra emita un aroma similar al que propaga la higuera macho. Como acaba de demostrar un interesante estudio francés publicado en julio por Ecology Letters, este mimetismo químico existe precisamente en la higuera mediterránea, pero ¡funciona ... en la otra dirección! Es la higuera macho la que altera la composición del perfume cuando los árboles hembra producen sus flores. El perfume que emite en verano es significativamente diferente al de la primavera y se asemeja al olor de las hembras. Con los olores mezclados las blastophagas son incapaces de distinguir el sexo de los higos y visitarán los dos sexos, lo cual garantiza la polinización.

El estudio no sólo ha demostrado las modificaciones químicas de estos olores, sino que también ha verificado que los insectos son sensibles a ellos mediante la técnica de electroantenografía. Ésta consiste en medir la respuesta eléctrica de la antena del insecto cuando se expone a los componentes de la fragancia. Para conseguirlo se tiene que colocar un electrodo en la antena y otro en el cuerpo del insecto, lo cual resultó particularmente difícil en el caso de la Blastophaga porque en esta mini-avispa sólo 3 milímetros separan el extremo de la antena del otro extremo del cuerpo.

 
Melosa, jugosa y apetitosa pulpa de un higo Carlina con las pequeñas semillas fertilizadas por el polen aportado por la avispilla Blastophaga psenes.

Al final de la historia vemos hasta qué punto la higuera macho invierte su rol en la reproducción y en las "tareas domésticas". Después de haber dado alojamiento a las blastophagas, acaba engañándolas ... pero también gratificándolas. De hecho, será en los higos de verano de la cabrahiguera macho donde pondrán los huevos de los que saldrá la generación de avispas de la siguiente primavera. Ya de por si fascinantes, las relaciones entre plantas e insectos logran con este curioso caso de mimetismo químico un increíble nivel de complejidad.

 Enlaces al artículo: Revista Tela Botanica y Blog Passeur de Sciences del periódico Le Monde.



jueves, 17 de septiembre de 2015

El Velcro: una exitosa simulación biónica

Lo inventó la naturaleza hace millones de años

Se atribuye su invención al ingeniero suizo Georges de Mestral, que en 1941, paseando con su perro por el campo, observó que las semillas espinosas de una planta compuesta de nombre científico Arctium lappa se quedaban enganchadas a su pantalón y al pelo de su perro, siendo muy difíciles de arrancar.

Semillas de diferentes plantas que, por evolución convergente, durante millones de años han desarrollado, copiado o repetido el mismo método de enganche al pelo de los animales, para que éstos actúen de transportadores involuntarios de sus semillas. Al rascarse para liberarse de tan molestos pasajeros, contribuyen sin saberlo a la dispersión de las semillas que pueden así colonizar nuevos territorios y perpetuar la especie con mayor eficiencia. A este sistema de dispersión de semillas a través de animales se le llama Zoocoria.

 Georges de Mestral se llevó varios de estos frutos a su casa y los observó con el microscopio. Presentaban una superficie espinosa semejante a un erizo de mar con la punta de las espinas vuelta hacia atrás a modo de gancho. Entonces tuvo la brillante idea de utilizar este invento de la naturaleza para diseñar un tejido similar a las semillas capaz de engancharse a otro tejido parecido a la tela de sus pantalones. Lo llamó Velcro, vocablo compuesto por la primera sílaba de las palabras francesas Velours (terciopelo) y Crochet (ganchito), es decir, terciopelo ganchudo.

 La fuerza del enganche de la semilla de Xanthyum echinatum es tan fuerte que los microscópicos ganchitos de media docena de espinas pueden levantar una toalla.

 Así pues, en justicia, el ingeniero suizo no inventó propiamente el sistema de enganche, sino que lo aplicó inteligentemente a la unión de dos tejidos en un brillante ejemplo de Biónica aplicada a la industria textil. Se puede decir que la naturaleza tiene soluciones para todos los retos que se le presentan, sólo hay que observarla para aprovecharse de ellas.

Velcro que cierra un bolsillo interno de una chaqueta.

Detalle de los dos componentes o caras del velcro anterior. Los ganchitos del componente "macho" de la derecha son idénticos a los de las semillas zoocóricas.

 
Aunque no se trata del Arctium lappa de Georges de Mestral, el ejemplar de la imagen, Arctium chaberti subsp. balearicum, es un endemismo de Mallorca con unos frutos tanto o más enganchosos, incluso cuando son todavía inmaduros como los de esta foto que tomé hace años en el Jardín botánico de Sóller.

Frutos maduros de Arctium chaberti subsp. balearicum

  En esta imagen podéis ver cuatro ejemplos de velcro natural que este mediodía he encontrado paseando por mi jardín. Todas estas semillas tienen un diseño parecido y los ganchitos de sus espinas son idénticos a pesar de pertenecer a tres familias botánicas diferentes. Las semillas más pequeñitas pertenecen a la umbellífera Torilis arvensis subsp. neglecta. Son prácticamente idénticas a las de otra umbellífera algo más robusta de nombre científico Daucus carota subsp. carota, llamada vulgarmente zanahoria silvestre. Los dos frutos más grandes de la izquierda pertenecen a la leguminosa Medicago polymorpha. A pesar de su aspecto redondeado en realidad cada una de ellas es una larga legumbre llena de semillas diminutas enrollada a modo de ensaimada con el dorso cubierto de espinas ganchudas dirigidas hacia fuera. Y como ya he señalado en la imagen anterior, la semilla más grande pertenece a la compuesta Xanthyum echinatum subsp. italicum.

Diminutas semillas de Torilis arvensis subsp. neglecta, tan enganchosas que al ponerlas en contacto se quedan pegadas entre sí, como si fueran un amasijo de trocitos de velcro.

Detalle de las semillas anteriores.

Una semilla de Torilis arvensis subsp. neglecta vista al microcopio a 40 aumentos.

Imagen ampliada de la microfotografía anterior. En el extremo de cada espina se pueden distinguir varios ganchitos. Por evolución convergente también las garrapatas, los piojos y las ladillas tienen patas enganchosas que les permiten agarrarse con fuerza al pelo de sus víctimas. ¿Verdad que esta semilla os recuerda a un piojo humano?

El parecido con las semillas enganchosas es muy llamativo. Fijaos en los ganchitos en el extremo de las patas. Esta imagen pertenece al fotógrafo Vladimír Bádr de la web checa http://www.biolib.cz/en/image/id17518/

Semillas de Daucus carota subsp. carota que también se quedan enganchadas entre sí al ponerlas en contacto. Siempre que me paseo por mi jardín acabo con numerosos de estos frutos semejantes a un erizo enganchados a la pierna de mis pantalones. Lógicamente antes de irme me los tengo que arrancar uno a uno y así la planta consigue que yo lleve a sus hijos lo más lejos posible de su madre para colonizar nuevos territorios.

Detalle de las semillas anteriores.

Dos frutos de Medicago polymorpha. Parecen ruedas espinosas.

Como podéis apreciar el extremo de cada espina acaba en un gancho vuelto hacia atrás.

Y para acabar aquí tenéis en detalle la semilla de Xanthyum echinatum susbp. italicum. Su diseño es tan eficiente y sofisticado que además de tener un contundente gancho en el extremo de cada espina, presenta también espinitas secundarias cubriendo cada espina en toda su longitud, para perfeccionar y asegurar así un agarre imposible de mejorar.

¡Bendita naturaleza!


domingo, 30 de agosto de 2015

Tortilla de higos con patatas y flores de hinojo

Un delicioso plato agridulce 


INGREDIENTES
(Para 2 personas) 
-1 docena de higos muy maduros, ya un poco desecados
-1 docena de flores y semillas tiernas de hinojo
-2 patatas medianas para freír
-4 huevos 
-Pimienta blanca molida
-Aceite de oliva
-Sal
 Higos Blava y Coll de Dama Negra troceados con la piel. Están muy maduros y se han secado parcialmente sobre el árbol. Su riqueza en azúcares y aromas es extraordinaria. Los de pulpa más clara son Coll de Dama Negra y los de pulpa casi negra son de la antiquísima variedad mallorquina Blava.

Dos o tres patatas medianas para freír troceadas a cuadraditos. Se fríen solas en abundante aceite de oliva y se reservan.

Una docena de flores y frutos tiernos de hinojo, que dan a la tortilla un sabor y un aroma deliciosos.

Si no se tienen flores o semillas tiernas se pueden usar semillas secas un poco majadas en un mortero.

Cuatro hermosos huevos de gallina campera. Se cascan dentro de un bol mediano, se les añade sal al gusto, pimienta blanca molida y las flores de hinojo y se baten enérgicamente. Se les añaden los trozos de higos crudos y las patatas fritas, se remueve bien para que el huevo impregne todos los ingredientes y se echa en una sartén mediana con una cucharada sopera del aceite de freír las patatas. Se le da la vuelta y se fríe por el otro lado y una vez cuajado el huevo se saca de la sartén.

Y aquí la tenéis. ¿Verdad que os apetece probar un trocito?

Debe quedar jugosa por dentro.

Os aseguro que está deliciosa con el contraste del dulce de los higos con el salado de las patatas y el aroma del hinojo.

¡Buen provecho amigos!



domingo, 23 de agosto de 2015

COCA DE HIGOS CON PIÑONES

En las Islas Baleares llamamos COCA a las tortas, tartas, pasteles, bizcochos, es decir, todos los productos de repostería en forma redondeada o cuadrada y más o menos grandes.


Las cocas saladas, sólo con verduras (coca de julivert, coca de trempó, coca de pebres torrats) o bien acompañadas de trozos de tocino, carne o pescado (arenques, sardinas, lampuga) y otros ingredientes son muy semejantes a las pizzas italianas. Y las dulces tienen una infinidad de combinaciones (gató d'ametlla, coca de quarto, coca d'ous pujats, coca d'ous batuts, coca de brossat, coca d'albercocs, coca de cireres, coca de poma, coca de raïssons, etc). Incluso las hacemos agridulces (coca amb tallades), con trocitos de sobrasada, botifarrón, camaiot, tocino, combinados con albaricoques, ciruelas, cerezas, piñones, ... todo regado con abundante azúcar que, una vez horneada la coca, queda caramelizado sobre los demás ingredientes y les confiere un sabor chocante y exquisito.

Esta tarde, ante la abundancia de frutos en mis higueras, se me ha ocurrido preparar una coca con higos y piñones.

La masa para una coca mediana tiene los siguientes ingredientes: 80 gramos de mantequilla, una cucharada sopera de azúcar, medio vaso de agua y la harina de trigo que se beba. Una vez amasada debe quedar compacta, elástica y no debe pegarse a los dedos.

Se cubre una bandeja para hornear con papel encerado.

Se va aplastando la masa hasta cubrir toda la bandeja formando un borde elevado y se recorta el papel sobrante.

Se echa una cucharada sopera de leche condensada.

Y se reparte bien sobre todo el fondo de la coca. En lugar de la leche condensada se le puede echar una crema pastelera, pero en el caso de los higos frescos no es una buena idea, pues éstos desprenden mucho jugo al hornearse y la coca quedaría muy acuosa.

Se rellena la coca con dos capas de higos cortados en rodajas de medio centímetro. Son de cuatro variedades: Blava, Coll de Dama Negra, Albacor y Napolitana Blanca.

Se le echa por encima  un puñado de piñones crudos.

Y con la ayuda de un pequeño colador se cubre todo con una capa de azúcar glass. A continuación se mete en el horno a 180 ºC durante 45 minutos, pasados los cuales se continúa con 5 minutos de grill a 200 ºC para tostar los piñones y caramelizar el azúcar.

Y aquí tenéis el resultado: una deliciosa coca de higos con piñones. Os aseguro que huele de maravilla y su aspecto ya no puede ser más apetitoso.

El grosor de la coca es de unos 2 centímetros.

Al ser higos polinizados por la avispilla Blastophaga psenes tienen muchas semillitas que crujen entre los dientes al masticarlas junto con los piñones, y todo el conjunto es una explosión de aromas y sabores, un orgasmo olfativo y gustativo, que provoca la secreción de endorfinas de placer en nuestro cerebro y nos llena de felicidad aunque sólo sea un momento.


¡¡¡BUEN PROVECHO, AMIGOS!!!



sábado, 1 de agosto de 2015

El Mocán, sus bayas alimentaron a los guanches

El Mocán o Mocanero, de nombre científico Visnea mocanera, es la única especie del género Visnea perteneciente a la familia de las Theaceae. Es un arbusto o pequeño árbol que no suele sobrepasar los 8 metros de altura, aunque excepcionalmente puede alcanzar los 15 metros. Es endémico de la región Macaronésica. Vive en las Islas Canarias y en Madeira.

 Hojas de Mocán.

 Flor y capullos florales de Mocán a finales de noviembre.

Las flores acampanadas se disponen en racimos colgantes.

Los cinco pétalos de la flor lucen un blanco inmaculado y suelen estar parcialmente soldados por su base. .

Los cuatro o cinco sépalos con frecuencia adquieren un vistoso color rojizo.

Las flores son hermafroditas. Los órganos reproductores están formados por un androceo en forma de múltiples estambres acabados en anteras color crema repletas de polen del mismo color, que rodean al gineceo constituido por un ovario ínfero que se prolonga en un corto pistilo acabado en un estigma trifurcado.

Fruto todavía verde a finales de mayo. Es una baya globosa con una semilla en su interior rodeada por una pulpa dulce y jugosa. Una vez ha madurado suele tener el tamaño y la forma de un garbanzo aunque en ocasiones puede alcanzar un tamaño más grande y llegar a los dos centímetros de grosor. 

Los frutos maduran en pleno verano, como los de la imagen fotografiados a principios de agosto. Los canarios los llaman yoyas y se los comen al natural como si fueran pequeñas cerezas. Los aborígenes canarios, los guanches, también se los comían, tanto en fresco como desecados, siendo un componente importante en su alimentación. También los machacaban y luego hervían a fuego lento hasta obtener una especie de miel o melaza rojiza. Incluso los fermentaban una vez machacados y fabricaban así un licor muy dulce llamado Quecerquén o Quarcequén.

Fruto maduro de un intenso color rojo sangre que en plena maduración adquiere un color púrpura casi negro. Al ser pariente del árbol del Té sus frutos y semillas contienen componentes similares al té verde, sobretodo antioxidantes y estimulantes suaves.

Cada fruto contiene una única semilla cónica rodeada por pulpa verde amarillenta. Las palomas Rabiche y Turqué, endémicas de Canarias, se alimentan de sus bayas, que evolutivamente tienen el tamaño y la forma ideales para ser tragadas enteras por estas aves, que tras digerir la pulpa, regurgitan o defecan las semillas lejos de la planta madre, siendo por tanto esenciales para la supervivencia de los bosques de Laurisilva.

Pequeño Mocán recién nacido a finales de septiembre de 2005. Nació de una semilla que me mandó mi amigo Josep procedente del Jardín Botánico de Barcelona.

Ahora, diez años después, se ha convertido en un arbolito muy sano y vigoroso, de unos tres metros de altura, que vive muy a gusto en mi jardín en plena Serra de Tramuntana de Mallorca. Sus antepasados ya vivieron aquí hace millones de años cuando en la Cuenca Mediterránea reinaba un clima subtropical cálido y húmedo semejante al de las paradisíacas islas de la Macaronesia.