jueves, 13 de febrero de 2014

Injerto ingles con lengüeta

Aesculus x carnea sobre Aesculus hippocastanum

Hace unos años en una tarde de compras en Alcampo entré en el departamento de jardinería de este centro comercial. En un contenedor de desechos habían tirado varios árboles "muertos" sembrados en bolsas de plástico negras. Algunos no estaban muertos de verdad, sólo "muertos de sed". 

 Fantástico ejemplar de Castaño de Indias en la Alhambra de Granada.

Uno de ellos era un Castaño de Indias, un árbol bellísimo que faltaba en mi jardín. Me pareció que seguía vivo, le hinqué la uña, vi que seguía verde bajo la corteza, me dio pena que lo tirasen sin darle una oportunidad, lo metí en mi carrito y me dirigí hacia la caja. 

 Flores del Castaño de Indias granadino, Aesculus hippocastanum.

Le dije a la cajera que lo había cogido del contenedor de desechos y que seguramente estaba muerto. Me miró con desconfianza, se fijó en las hojas resecas del arbolito, hizo una mueca extraña frunciendo el ceño, le pasó el escaner, comprobó el precio y me lo cobró. La verdad es que no me importó. Me había empeñado en intentar salvarlo y darle una oportunidad. 

 Otro Aesculus hippocastanum de flores blancas en el jardín de la Iglesia Rusa de la ciudad francesa de Niza.

Amplio paseo del "Jardin des Tuilleries" de París flanqueado por Castaños de Indias.

Bellísimo ejemplar florido de Castaño de Indias híbrido de flores rojas, Aesculus x carnea, en un jardín de París.

En cuanto llegué lo metí en un cubo de agua durante varias horas para que se rehidratase. Mientras tanto le busqué un buen sitio en el jardín donde pudiera crecer a gusto, cavé un buen hoyo y lo sembré. 

 Flores rojas de Aesculus x carnea.

Al cabo de un par de semanas por fin dio señales de vida y brotó vigorosamente. Nunca había visto un brote nuevo de esta especie arbórea y me sorprendió su abundante pilosidad, la cual actúa como un abrigo y protege la brotación primaveral de las peligrosas e impredecibles heladas tardías. 

Así bien calentito no teme al frío. La naturaleza se las sabe todas. No deja nada al azar. Lo tiene todo previsto.

Hace unos días fui a visitar a un paciente que tiene un hermoso jardín en la parte trasera de su casa con árboles imponentes. Me acordé de haber visto un Castaño de Indias de flores rojas en otra visita que le hice en mayo pasado y cuando ya me iba le pedí si me podía dar una ramita para probar de hacer un injerto a mi pequeño castaño. Me dijo que cogiera las que quisiera. Con una tenía suficiente. En cuanto llegué a casa, la mojé bajo el grifo, la metí en una bolsa de plástico y la guardé en la nevera. Al día siguiente me la llevé al jardín, preparé mi equipo de injertar y me dispuse a hacer el experimento, un injerto de tipo Ingles con lengüeta en este árbol de los Balcanes que nunca había injertado.

Dividí la ramita en dos partes. La de la imagen es el extremo apical.

Con el cuchillo de injertar corté su base en bisel.

Detalle del corte en bisel.

Luego le hice un segundo corte para crear una lengüeta.

Detalle del corte de la lengüeta.

A continuación hice un corte idéntico en una rama del patrón, es decir, de mi joven Castaño de Indias, de un grosor similar y acoplé o ensamblé los dos cortes, que encajaron perfectamente.

Detalle del ensamblaje, una lengúeta dentro de la otra, como si fueran los dos extremos de un enchufe.

Y así quedó el injerto.

Hace unos meses recibí un correo electrónico de una empresa alemana, Fleischhauer KG, dedicada a la fabricación y venta de material agrícola. Me lo mandaba Helga Beck, la secretaria del jefe, escrito en un perfecto castellano. Algunos de sus productos, Okulette y Flexiband, son cintas de goma para injertar en diferentes diseños.

Cintas de goma Flexiband.

En el email la amable Helga me decía: 

"Estimado señor Mundani (en su página no pone como se llama):

Hemos visitado su página web y estamos impresionados de la belleza de
las variedades que alberga su jardín.

La compañia Fleischhauer fabrica Okulette y Flexiband, precintos para el
injerto en rosales y árboles frutales asi como ornamentales, desde hace
más de 50 años y distribuimos nuestro producto en todo el mundo, etc, etc...

Quiesiera mandarle una cajita de muestras con nuestros productos si está interesado, por supuesto gratuitas. ¿A qué dirección puedo mandarlas?

El señor Fleischhauer quisiera saber si habla inglés...."

Intercambiamos varios correos. Me mosqueé al creer que intentaban venderme algo y le contesté que no me interesaba comprar nada. Helga me aclaró que sólo querían que probase sus productos y que les diera mi opinión. Unos días después recibí una caja con cientos de cintas y otros artilúgios para injertar. Me llegaron en septiembre y hasta ahora no he podido probarlos.

Cinta de Flexiband.

Necesité dos cintas para atar y cerrar herméticamente los cortes del injerto. Hay que enrollar la cinta tirando fuerte para que las superficies de la púa y del patrón contacten perfectamente y se produzca la unión. No hace falta hacerle ningún nudo. Basta con pasar el extremo de la cinta por debajo de la última vuelta.

Aquí podéis ver el otro injerto que le hice aprovechando el extremo proximal de la ramita.

Había visto en internet que un injertador de Marruecos rodeaba sus injertos con film de cocina en lugar de embadurnarlos con mástic de injertar y quise probar el invento.

Con las tijeras de podar partí en dos el rollo de film.

 La verdad es que fue fácil rodear todo el injerto y la púa con el film. De esta manera queda cerrado herméticamente y no puede deshidratarse.

La electricidad estática de este film lo mantiene en su sitio, pero por seguridad, dado el fuerte viento y la lluvia de estos meses invernales, al final lo até con un trocito de rafia verde.

Los dos injertos ya finalizados con el film sujeto con la rafia.

 Y aquí podéis ver mi Castaño de Indias al completo. Mide algo más de dos metros. Cuando florezca dentro de unos años dará flores blancas en las ramas propias y flores rojas en las dos ramas injertadas. Espero que los injertos agarren. En unas semanas lo sabré. Os mantendré informados.



domingo, 9 de febrero de 2014

El haya púrpura, un árbol espectacular

Una mutación llenó sus células de antocianinas

El Fagus sylvatica var. atropurpurea es un árbol de una belleza extraña, sorprendente, impactante. No parece posible que un árbol así pueda ser real. Cuando lo vi en los jardines del "Champ de Mars", muy cerca de la Torre Eiffel de París, no me lo podía creer. Es la oveja negra del jardín, el garbanzo negro, el patito feo, pero su negritud no lo hace nada feo, más bien todo lo contrario. Me quedé extasiado, embelesado, prendado de aquel árbol imponente de un color granate tan intenso que de lejos parecía negro.       

El contraste con el verdor de los otros árboles es lo más bonito, lo más llamativo. Su extraño color es debido a una mutación metabólica que le hace sintetizar antocianinas en cantidades astronómicas, las cuales se acumulan en sus hojas, sus frutos, sus ramillas, sus ramas principales y secundarias y también en la corteza de su tronco. Ampliando las fotos con un doble clic se aprecia mejor su belleza..

Las antocianinas son pigmentos hidrosolubles sintetizados por las células vegetales para protegerse de los rayos ultravioleta del sol, sobretodo en los brotes tiernos de muchas plantas, los cuales cuando maduran pierden el color púrpura o rojo que es superado o enmascarado por el color verde de la clorofila. Además de proteger las plantas de los rayos solares, también se encuentran en muchas flores para atraer a los insectos polinizadores. Las antocianinas pueden ser rojas, púrpuras, moradas, naranjas, amarillas o azules. Se acumulan en el interior de las vacuolas del citoplasma de las células vegetales y son las responsables, junto con otros pigmentos, del color de los pétalos de muchas flores.

Para que veáis la diferencia en el color aquí tenéis un brote nuevo de haya "normal" con sus frutos amarillos sin antocianinas.

Tal vez lo más espectacular del haya púrpura es su tronco con una corteza de un color intermedio entre negro, gris oscuro y granate. Este otro ejemplar crece en el bellísimo "Jardin du Luxembourg" de París. Le calculé un diámetro de unos 80 centímetros. La corteza es lisa y muy suave al tacto. Seguramente supera el siglo de vida.


sábado, 1 de febrero de 2014

Leguminosas arbóreas: vainas y semillas

Las leguminosas arbóreas, al igual que las arbustivas y herbáceas, son verdaderas campeonas de la supervivencia. Podríamos decir que se las saben todas para perpetuarse sobre la Tierra. Han conquistado todos los hábitats posibles, especialmente los más tórridos y secos. Un ejemplo de ello son las acacias de las sabanas africanas y australianas.

 
 Bellísima vaina en forma de riñón de Enterolobium contortisiliquum, un gran árbol tropical sudamericano que alcanza los 30 metros de altura y un grosor de tronco de dos metros. En sus países de origen lo llaman Oreja de negro,  Timbó colorado, Timbó-puitá, Guanacaste y Pacará. Su corteza es muy rica en SAPONINAS, por lo que algunos pueblos nativos la utilizan como jabón. También contiene hasta un 22% de TANINO, siendo usada por ello en la curtimbre del cuero. Me mandaron esta vaina del Uruguay.
Como ocurre con otras muchas leguminosas arbóreas, sus vainas y hojas son tóxicas para el ganado bovino y caprino, provocándoles abortos y lesiones cutáneas, sanguíneas, renales y hepáticas, a veces tan graves que les pueden ocasionar la muerte.

 Semilla de Enterolobium contortisiliquum

Todas las leguminosas viven en simbiosis con hongos micorrizas en sus raíces, obteniendo ambos organismos un beneficio mutuo: el micelio del hongo absorbe agua y minerales del suelo y los transfiere al árbol, mientras que éste realiza la fotosíntesis en sus hojas y transfiere al hongo azúcares, proteínas, vitaminas y grasas. Pero no acaba aquí el mutualismo de las leguminosas. En las mismas raíces, entre la maraña de filamentos del micelio de las micorrizas, viven proteobacterias fijadoras del nitrógeno atmosférico, que concentran en pequeños nódulos, abonando la tierra de una manera natural muy efectiva. 

Gigantesca vaina de Flamboyant, Delonix regia, procedente de un árbol cultivado en un jardín público de la ciudad cubana de La Habana. Esta gran leguminosa tropical es considerada uno de los árboles más hermosos de la Tierra, siendo cultivada como ornamental en los jardines públicos y privados de todos los países tropicales y subtropicales del Planeta.

Bellísimas semillas de Flamboyant.

Con estas dos inteligentes estrategias asociativas las leguminosas son capaces de prosperar en tierras muy pobres y secas, donde ningún otro árbol podría sobrevivir. Todos tenemos en mente la imagen de las enormes y solitarias acacias africanas del desierto del Kalahari y las sabanas del Serengueti con sus amplias copas aplanadas como parasoles, que dan sombra a leones, guepardos, hienas, gacelas y elefantes. Sus nutritivas hojas protegidas por espinas temibles alimentan a las jirafas y a los antílopes de cuello largo, y sus vainas son un verdadero manjar para los demás herbívoros. 

Vaina de Caesalpinia ferrea del Brasil y Bolivia. En sus dos países de origen recibe los nombres de Palo de hierro y Árbol leopardo. Su madera, de gran dureza y calidad, es utilizada en la fabricación de guitarras clásicas. Por desgracia contiene un potente alergeno, el 3,4-dimethoxydalbergion, que provoca sensibilización cutánea y fuertes brotes de dermatitis en los operarios que trabajan su madera. Por suerte, la mayoría de ellos con el tiempo desarrollan tolerancia al alergeno y pueden seguir trabajando. Esta vaina procede de un árbol cultivado en un jardín del Uruguay.

Semillas durísimas de Caesalpinia ferrea.

Primeras vainas de mi árbol mundani, cedro rosado o lázcar, Acrocarpus fraxinifolius, originario de Asia tropical, que fructificó por primera vez a los 25 años de edad. En las frondosas selvas húmedas de sus países de origen: India, Birmania, Indonesia y Malasia, alcanza proporciones gigantescas. Su madera es rosada con puntitos negros, muy apreciada para la fabricación de muebles delicados. Su rápido crecimiento ha extendido su cultivo forestal en Centro y Sudamérica y en África tropical, donde hay grandes plantaciones de esta leguminosa. Precisamente mi árbol mundani procede de una semilla traída por un matrimonio amigo de su viaje de luna de miel a Kenia.
 
 Vaina de mundani.

Interior de la vaina anterior.

Diminutas semillas de mundani que al germinar se convertirán en árboles gigantescos.

Las algarrobas son los frutos del algarrobo, Ceratonia siliqua, la leguminosa arbórea más grande y útil del Mediterráneo.

Semillas durísimas de algarrobo, llamadas garrofines, utilizados en la antigüedad como medida de peso para metales preciosos, los llamados quilates (del árabe quirat, nombre procedente a su vez del griego keration, con el mismo significado). Su pulpa es muy rica en azúcares en una proporción de hasta el 40 - 50%. Con ella se obtiene una deliciosa harina negra que sustituye al chocolate, pues su sabor es casi idéntico. Las algarrobas de Mallorca, trituradas y sin los garrofines, son exportadas a los países escandinavos como pienso para los renos de Laponia. Por su parte, los garrofines, triturados en forma de harina, son ampliamente utilizados como espesante en la industria farmacéutica y alimenticia (jarabes, zumos, potitos para bebés, etc).

Abundantes vainas de Leucaena leucocephala, una leguminosa arbórea originaria de México, donde recibe el nombre de guaje. Su cultivo se ha extendido a todas las regiones del mundo con clima mediterráneo y en muchos lugares se ha convertido en una verdadera plaga invasora. Sus hojas y brotes tiernos contienen hasta un 30% de proteínas y son un manjar delicioso y muy nutritivo para las cabras, ovejas y vacas, por lo que esta planta es cultivada como forraje por los ganaderos. En los mercados mexicanos no es difícil encontrar a la venta sus vainas tiernas y sus semillas, que son consumidas por la gente como verdura. 

Sin embargo, esta planta aparentemente comestible e inofensiva esconde un veneno peligroso, la MIMOSINA, un alcaloide antimitótico que provoca la caída del pelo del dorso a los animales, les agranda la glándula tiroides causándoles bocio y les hace perder peso y apetito. Antes de saber esto, yo cultivaba varias leucaenas en mi jardín, y durante bastantes años me alimenté de sus vainas como si fueran alubias verdes, aparentemente sin ningún efecto negativo en mi organismo. Como ya era calvo, no me di cuenta si perdía el cabello y tampoco perdí peso ni dejé de tener un apetito voraz, lo cual no me hubiera importado, pues siempre me han sobrado bastantes kilos. 

En México saben que si se consume en cantidades pequeñas no tiene ningún efecto negativo para la salud. Otro caso muy diferente es el ganado alimentado casi exclusivamente con leucaena. Durante los primeros meses los terneros ganan peso rápidamente, pero poco a poco la cosa cambia y empiezan a perder el apetito, se les cae el pelo del dorso y en pocos meses adelgazan ostensiblemente por la toxicidad de la mimosina. 

Semillas de Leucaena leucocephala, muy ricas en proteinas y también en mimosina.

Por suerte, un investigador australiano, el Dr. Raymond Jones, tras estudiar este problema durante veinte años en plantaciones forrajeras de leucaena de todo el mundo, encontró la solución en el rúmen de las cabras de Hawai, una bacteria que se alimentaba casi exclusivamente de mimosina, degradándola y eliminándola del tubo digestivo del animal, con lo que desaparecía su toxicidad. En su honor la nueva bacteria fue bautizada con su apellido, Synergistes jonesii.  

Los ganaderos mexicanos de la región del Chaco tuvieron conocimiento del descubrimiento y solicitaron la ayuda del Dr. Jones, quien inoculó experimentalmente la bacteria en el rúmen de un grupo de terneros que se alimentaban exclusivamente de leucaena, dejando otro grupo de control sin inocular. Los animales con la bacteria hawaiana engordaron rápidamente con el nutritivo forraje hiperproteico de la leguminosa y en pocos meses alcanzaron un peso superior a 400 kgrs, mientras que el grupo control sin la bacteria engordó al principio, pero rápidamente perdió el apetito, se le cayó el pelo y desarrolló un bocio, no superando los 200 kgrs de peso en el mismo período de tiempo. 

Tras varios experimentos, el Dr. Jones concluyó que bastaba inocular la bacteria en el rúmen del 10% de los terneros de un rebaño para que el restante 90% se contagiara en pocas semanas y el microorganismo pasase a formar parte de la flora bacteriana digestiva de todos los animales. Debía inocularse directamente en el rúmen, pues la Synergistes jonesii es anaerobia y muere fulminada a los pocos minutos en contacto con el oxígeno del aire. Sin embargo, parece ser que este corto intervalo de tiempo es más que suficiente para que tenga lugar su propagación al resto de animales a través de la saliva dejada en la hierba al pastar.

 Bellísimas semillas de la leguminosa arbórea Azfelia africana con un capuchón anaranjado en su extremo proximal semejante a la cúpula de las bellotas. Vive en todos los países del África tropical donde recibe diferentes nombres: Kankalga, Lingahi, Savanna Doussié o simplemente Azfelia. Su madera de gran calidad fue utilizada en la antigüedad para la construcción naval. Hundido en el agua que rodea la costa de la isla indonesia de Belitung se ha encontrado un barco del siglo IX cuyo casco está hecho con madera de esta leguminosa arbórea. Se ha conservado incorrupta durante más de un milenio gracias a su resistencia al agua. No dispongo de ninguna foto de sus vainas, ya que estas semillas fueron un regalo de unos amigos. 

El capuchón anaranjado tiene una consistencia blanda aunque firme, muy rico en grasas, azúcares y proteinas, y es una golosina para las hormigas, que recogen las semillas del suelo bajo la copa del árbol-madre y las llevan al hormiguero para alimentarse del capuchón. Una vez se lo han comido sacan las duras semillas de su hogar y las echan fuera, con lo que la azfelia consigue que dispersen sus semillas lo más lejos posible. Muchas de las hormigas que transportan una semilla hacia el hormiguero no consiguen llegar a él, al ser depredadas por el camino por aves, arañas y pequeños reptiles, y la semilla que transportaban se queda en el sitio, germina y de ella nace un nuevo árbol, otra inteligente estrategia que tiene la azfelia para dirpersar sus semillas, es decir, sus hijos, su próxima generación de azfelias. Yo te doy un capuchón delicioso y tú llevas a mis hijos lo más lejos posible para expandir mi descendencia. Así funciona la naturaleza. Todo tiene una única finalidad: la perpetuación de la especie.

 Curiosa disposición en estrella de mar de las vainas de la Acacia farnesiana, un arbusto que puede alcanzar proporciones arbóreas. Es originario de América tropical y subtropical y se cultiva en Europa desde hace cuatro siglos. 
 
 
Semillas de Acacia farnesiana rodeadas de pulpa marronácea dulce semejante a la de las algarrobas.

 Vainas de acacia de tres espinas, Gleditsia triacanthos, un árbol muy espinoso de crecimiento rápido con una fuerte tendencia a emitir hijuelos de raíz alrededor de la planta madre, que con el tiempo se transforman en nuevos árboles, todos ellos unidos por sus raíces. 

Aquí tenéis el motivo por el que recibe el nombre de acacia de tres espinas.

 Cada semilla produce un abultamiento en la vaina.

 Semillas durísimas de Gleditsia triacanthos.

Vainas tiernas del árbol del Coral sudafricano, Erythrina caffra, una planta con una floración espectacular. Su tronco y ramas carecen de madera propiamente dicha. En realidad es una hierba de porte arbóreo, cuyo xilema al secarse adquiere la consistencia del cartón.

Vainas maduras de Erythrina caffra, que se contraen y abren bruscamente para dispersar las semillas lo más lejos posible de su madre.

 Semillas muy duras e intensamente rojas del árbol del Coral sudafricano. Todas las partes (hojas, corteza, raíces y semillas) de las plantas del género Erythrina, a excepción de los pétalos de las flores y el néctar, son extremadamente tóxicas, sobre todo las semillas. Contienen alcaloides como la eritroina con un potente efecto paralizante de los músculos, tanto que pueden utilizarse para preparar un sustituto del curare. De ahí su color rojo que advierte a los animales de su toxicidad. Hice esta foto y las dos anteriores a principios de mayo en el Jardín Botánico de Lisboa.

Vainas de ceibo, bucaré o simplemente árbol del Coral rioplatense, Erythrina crista-galli, de bellísimas flores rojas, muy apreciado en Argentina y Uruguay, donde es venerado como el árbol y/o la flor nacional.

Semillas de ceibo rioplatense de un color marrón muy oscuro. Hice esta foto y la anterior en un jardín privado del noroeste de la isla de Mallorca.

Vainas de Tamarindo, Tamarindus indica, importadas de Tailandia. Las adquirí en un supermercado de Palma de Mallorca.

Interior de las vainas anteriores con la famosa pulpa de tamarindo, muy dulce y ligeramente ácida, utilizada en la cocina de muchos países tropicales. Si hacéis doble clic sobre este enlace de audio y lo abrís en una nueva ventana, mientras continuáis leyendo esta entrada podréis escuchar la poderosa voz de la famosa Celia Cruz cantando la canción Pulpa del tamarindo

Lustrosas semillas de Tamarindo. Se encuentran rodeadas completamente por la pulpa y, como ocurre en la mayoría de semillas de leguminosas arbóreas, tienen una consistencia muy dura.

Vainas del arbusto mediterráneo Anagyris foetida, llamado popularmente algarrobo o altramuz hediondo por la fetidez de sus hojas y sus frutos, que avisa de su toxicidad a los potenciales herbívoros. Contiene ANAGIRINA, un alcaloide muy tóxico con propiedades eméticas y purgantes y especialmente peligroso por sus efectos teratógenos sobre el desarrollo de los embriones de los mamíferos, y CITISINA, otro alcaloide tóxico con un efecto depresor de la respiración. Este arbusto, que puede alcanzar proporciones arbóreas, es una reliquia de la flora subtropical del Terciario y la única planta europea polinizada por aves, concretamente por currucas y mosquiteros. Sus flores amarillas tienen la forma, el tamaño y la disposición ideal de sus pétalos para que estas pequeñas aves puedan alcanzar con su pico la gotita de néctar del fondo de la flor. Curiosamente el néctar es la única parte de la planta que carece de toxicidad. Las plantas se las saben todas para perpetuarse.

Bellísimas semillas azules de Anagyris foetida.