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domingo, 28 de noviembre de 2010

Cyathea cooperi: sus antepasados alimentaron a los dinosaurios

El helecho arbóreo Cyathea cooperi, sinónimo de Sphaeropteris cooperi, es descendente de los gigantescos helechos que formaron bosques inmensos hace millones de años. Sus frondes tiernas fueran el alimento predilecto de los dinosaurios herbívoros, muchos de ellos con largos cuellos que, como ocurre actualmente con las jirafas, les permitían llegar a la yema central tierna de los helechos arbóreos.

La Cyathea cooperi es australiana,  nativa de Nueva Gales del Sur y Queensland. El hombre, cautivado por su belleza antediluviana, la ha extendido por todos los países del mundo con un clima templado parecido a su lugar de origen, tanto en jardines botánicos como en jardines urbanos y particulares. Se ha naturalizado en Hawai y en las Islas Azores. Resiste heladas no demasiado intensas y prefiere crecer a la sombra o semisombra de árboles altos, ya que el sol directo le quema las frondes. Es fundamentalmente un helecho de sotobosque. En condiciones óptimas puede llegar a los 15 metros de altura con un tronco de 30 centímetros de grosor.

Bellísimas Cyathea cooperi de unos 4 metros en un bosque de cryptomerias en la Caldeira do Faial del Archipiélago de las Azores. En estas islas atlánticas, frescas y templadas con una alta humedad ambiental, se ha asilvestrado y forma bosques mixtos con las plantas propias de la Laurisilva macaronésica y otras plantas introducidas como la conífera japonesa Cryptomeria japonica, el rododendro, la hortensia, etc...

Grupo de jóvenes Cyathea cooperi de dos metros de altura rodeadas de gigantescas Cryptomeria japonica  en un bosque de la Isla de Faial.

Curiosa imagen de tres plantas introducidas e invasoras, Cyathea cooperi, Cryptomeria japonica y Rhododendron indicum, que forman por si solas espesos bosques en las Islas Azores, dificultando enormemente la supervivencia de los árboles y arbustos autóctonos propios de la Laurisilva.

Tres Cyathea cooperi en un jardín de la ciudad de Funchal en la Isla de Madeira. Crecen a la semisombra de altísimas palmeras que las protegen del sol intenso de esta bella isla subtropical.

Ejemplar de unos tres metros de altura que crece a la sombra de árboles gigantescos en el maravilloso Jardín botánico de la Orotava en la isla canaria de Tenerife, especializado en plantas tropicales y subtropicales. Este jardín es una visita obligada para todos los amantes de las plantas exóticas. La diversidad de especies es enorme.

Otro ejemplar del mismo jardín visto a contraluz. (Doble click sobre la foto para ampliarla)

Detalle de la inserción en el tronco de los pecíolos de las frondes. Llama la atención la abundante pilosidad formada por largas páleas lanosas de color pajizo.
 
Cicatrices en forma de panal de miel dejadas por los pecíolos en el tronco que le dan una gran belleza. 

Fronde nueva en mayo con la típica forma enrollada, que sigue la Secuencia matemática de Fibonacci.

Esporangio muy grande de Cyathea cooperi después de la dispersión de las esporas.

Esporas triangulares de superficie espiculada que germinan con facilidad.

Diminutas Cyathea cooperi con su primera fronde acabadas de nacer a los cinco meses de sembrar las esporas.


jueves, 25 de noviembre de 2010

Ternura y fragilidad: Anogramma leptophylla

El helecho de ciclo anual Anogramma leptophylla es la ternura en mayúsculas, ternura de tierno, de fragil, de diminuto, de fugaz, de transparente, de ligero. Su vida no suele superar los 8 meses, desde que germina la espora hasta que muere el helecho.

Os voy a contar el ciclo vital de esta maravilla de la naturaleza. Empezaremos por el principio, la dispersión de las esporas por los esporangios a finales de la primavera:

Esporangio de Anogramma leptophylla tras la dispersión de las esporas. Se ve la estructura reticulada de la bolsa transparente, carácter típico de la família de las Hemionitidaceae y dos esporas que han quedado pegadas. La bolsa, que actúa como un útero, está desgarrada para permitir la salida de las esporas. El anillo  de células tiene dos funciones. Mientras se están formando las esporas actúa como una placenta alimentándolas y rodeándolas en un abrazo protector. Al mismo tiempo va acumulando energía en forma de tensión, de manera que, una vez las esporas están maduras y las circunstancias medioambientales son favorables, el anillo se despliega violentamente con una fuerza inusitada, desgarra la bolsa transparente que contiene las esporas y éstas salen disparadas lo más lejos posible en busca de nuevos territorios.

Esporas de Anogramma leptophylla de un bonito color granate oscuro y un tamaño bastante grande.  La fuerza del anillo del esporangio que actúa como una catapulta, junto con el viento y la lluvia, lleva a las esporas lo más lejos posible. Dado que su dispersión coincide con el final de la primavera, una vez dispersadas, quedan en letargo estival aguantando el calor tórrido y la sequía de los largos meses del verano.

 
Si han tenido suerte y han caído sobre un sustrato húmedo y sombreado, con las primeras lluvias del otoño germinan y dan lugar a un gametofito bastante grande en forma de riñón o de corazón de un color verde oscuro. Si continúan las lluvias otoñales, los gametofitos producen gametos: oósferas femeninas y anterozoides masculinos. Nadando en la humedad del sustrato, atraídos por quimiotactismo por el ácido málico segregado por una oósfera madura, los anterozoides que son flagelados nadan en busca de la fuente de la feromona que tanto les atrae y una vez alcanzada la fecundan. La oósfera fecundada emite un pequeño fronde, el esporofito o helecho verdadero y ya tenemos una nueva Anogramma leptophylla. En la foto se ve un gametofito de color verde oscuro con un pequeño fronde de color más claro, que brota directamente de la oósfera fecundada que se encuentra en el arquegonio del gametofito.

En esta otra foto se ven un grupo de gametofitos o prótalos sobre un sustrato de musgo, que actúa como una esponja y absorbe la humedad del rocío matinal, facilitando el desarrollo de las Anogrammas. Se ve también un fronde nuevo o esporofito, que ha brotado de una oósfera fecundada. Foto hecha en octubre en una pared de bancal del Valle de Sóller.

Aquí se ven varios esporofitos o helechos verdaderos un poco más desarrollados, con las frondes estériles, que van acumulando energía y nutrientes, para poder luego emitir una o dos frondes fértiles  con esporangios muy vigorosas y erectas. Foto hecha en diciembre en el Torrent de Pareis en la costa noroeste de la Isla de Mallorca.

Joven Anogramma leptophylla con las frondes estériles bastante desarrolladas, creciendo en una grieta de una roca acompañada de una Sherardia arvensis.

Vigoroso ejemplar completamente desarrollado con las frondes estériles en la parte inferior y una larga y erecta fronde fértil de 20 cms., fotografiado en la Caldeira do Faial del Archipiélago de las Azores a mediados de mayo.

Varias Anogramma leptophylla sobre un sustrato de hepáticas en una grieta de una roca, compartiendo el hábitat con varios Sedum y un par de Campanula erinus. Se ven las frondes estériles ya secas en la base. Fotografía hecha en mayo en el Parque Natural de la Sierra de Grazalema en Cádiz.

 
Vigoroso ejemplar creciendo en la penumbra intensa de un bosque de Laurisilva del paradisíaco Bosque de los Tiles de la Isla de la Palma. En este caso las frondes crecen péndulas buscando la escasa luz que se filtra entre las copas de los árboles. Fotografía hecha a principios de mayo.

Ejemplar del Valle de Sóller que crece entre las piedras de la pared de un bancal. La fronde fértil mide unos 15 cms. y en su envés está cargada de esporas a punto de ser dispersadas. Foto hecha a finales de abril.

Envés de la fronde anterior con los esporangios maduros a punto de dispersar las esporas. (Doble click encima de la foto para ampliarla)

Bellísima imagen de los esporangios del envés de una fronde fértil de Anogramma leptophylla.

Mismos esporangios anteriores en detalle. Se pueden ver esporangios de tres colores: los rojos son inmaduros y van a madurar en los siguientes días, los negros están en su momento óptimo de madurez y van "pariendo" las esporas contenidas en una bolsa transparente, la cual se desgarra por el stomium al desenrollarse bruscamente el anillo que rodea el esporangio y dispersa las esporas como una pequeña catapulta. Finalmente los transparentes (que se ven verdes) son los úteros ya paridos, las bolsas vacías que quedan tras la dispersión de las esporas.

Una vez ha conseguido completar su ciclo vital, dejando en la tierra las semillas de la próxima generación, la Anogramma leptophylla va palideciendo hasta adquirir un color pajizo y morir a finales de mayo o principios de junio.

Las esporas quedan en estivación, esperando pacientemente las primeras lluvias del otoño y vuelta a empezar. Así es la sencilla vida de este helechito.


sábado, 20 de noviembre de 2010

Híbrido alucinante con pelos ramificados

Pues sí, el Asplenium X helii nothosubsp. lainzii es un híbrido alotetraploide realmente alucinante, el no va más de la rareza genética, un cruzamiento que parece imposible. A su vez sus progenitores son también dos rarezas pteridológicas genéticamente hablando, dos autotetraploides fértiles: el Asplenium petrarchae subsp. petrarchae y el Asplenium trichomanes subsp. quadrivalens, con un genoma duplicado en sus núcleos.

Asplenium X helii nothosubsp. lainzii en una pared de bancal orientada hacia el oeste a la sombra intensa de varios olivos y un lentisco en diciembre. A su alrededor se pueden ver varios ejemplares de uno de sus progenitores, el Asplenium trichomanes subsp. quadrivalens. Foto tomada en un bancal del Puig den Ramis del Valle de Sóller en Mallorca.

Este híbrido ha sido encontrado en la Isla de Mallorca, en Tarragona y en la Sierra de Cazorla de Jaén, conviviendo en el mismo hábitat con sus progenitores. Cuando crece en un lugar muy iluminado tiene una clara heliofobia, aplicando sus frondes a las piedras en un intento de evitar la luz demasiado intensa. Sus frondes miden hasta 20 centímetros con la lámina lanceolada más larga que el pecíolo.

Hermoso ejemplar de Asplenium X helii nothosubsp. lainzii en el camino de "Ses Tres Creus" del Valle de Sóller en la Isla de Mallorca, fotografiado en febrero. Crece en una pared de bancal orientada hacia el noroeste a la sombra de un viejo algarrobo. (Doble click encima de la foto para ampliarla)

Otro ejemplar de este increible híbrido en el camino de "Sa Coma" del Valle de Sóller. Crece en una pared de bancal orientada hacia el norte a la sombra de un almendro.

Y aquí va su complejo arbol genealógico:


Asplenium petrarchae ssp. bivalens          Asplenium trichomanes ssp. trichomanes
                 ( PP                                                                        ( TT )
                              l                                                                                                                           l
                              l                                                                                                                           l
               ( Apomeiosis )                                                                                        ( Apomeiosis )
                              l                                                                                                                          l                      
                              l                                                                                                                          l
                             V                                                                                                                        V 
A.  petrarchae ssp. petrarchae ----> X <---- A. trichomanes ssp. quadrivalens
              ( PPPP )                                     l                                ( TTTT )
                                                                 l
                                                                                                 l
                                                                 ( Hibridación interespecífica ) 
                                                                                                l
                                                                                                l
                                                                                               V
                                              Asplenium X helii nothosubsp. lainzii      .........................
                                                                   ( PPTT )

Sus abuelos son dos helechos diploides normales. En algún momento de su evolución, tal vez hace millones de años, sufrieron una mutación en el gen que codifica la meiosis, llamada apomeiosis, la cual bloqueó la meiosis en sus esporangios ( reducción de los cromosomas a la mitad ) y en su lugar se produjo una mitosis normal. A consecuencia de esta anomalía las esporas producidas por el esporangio mutado en lugar de ser haploides normales fueron diploides (diplósporas). Cuando germinaron dieron lugar a gametofitos diploides, los cuales produjeron gametos diploides (oósferas y anterozoides) y tras la fecundación surgió un helecho híbrido tetravalente con dos genomas idénticos en el núcleo de sus células. 

Para que lo entendais, el caso de los abuelos autotetraploides es como si un espermatozoide humano fuese diploide en lugar de haploide y llevase 46 cromosomas en lugar de los 23 normales y que a su vez el óvulo femenino también fuera diploide y llevase los 46 cromosomas de la madre. Al producirse la fecundación generarían un huevo tetraploide con 46 pares de cromosomas, o sea, con 92 cromosomas, todos los del padre y todos los de la madre. En genética humana esta aberración reproductiva no sería viable y el huevo tetravalente moriría. En cambio en los helechos y en muchas plantas con flores estas aberraciones son relativamente frecuentes y perfectamente viables, al menos en los individuos de primera generación.

Su primo hermano, el Asplenium X orellii, también alotetraploide, hijo del Asplenium majoricum y el Asplenium trichomanes subsp. quadrivalens, tiene un fenotipo macroscópicamente muy parecido, pero carece de pelos o tricomas glandulosos, mientras que el Asplenium X helii nothosubsp. lainzii está cubierto de una abundante pilosidad en el pecíolo y en el tercio proximal de la làmina, herencia de su progenitor Asplenium petrarchae subsp. petrarchae.

Fronde de Asplenium X helii nothosubsp. lainzii con un fenotipo exactamente intermedio al de sus progenitores.  El raquis marrón oscuro casi negro, verde solamente en su extremo apical, lo ha heredado de su progenitor Asplenium trichomanes subsp. quadrivalens. Las pinnas también tienen un aspecto intermedio, aunque son más parecidas a las de su otro progenitor el Asplenium petrarchae subsp. petrarchae.

Otra fronde de este extraordinario híbrido. En este ejemplar las pinnas tienen la forma típica de su progenitor Asplenium petrarchae ssp. petrarchae, pero carecen de tricomas, salvo las más proximales. (Doble click encima de la foto para ampliarla)

Al dar la vuelta a uno de sus frondes vemos que los soros son más bien escasos y tienen una distribución semejante a los del Asplenium petrarchae subsp. petrarchae. Llama mucho la atención el raquis brillante y muy oscuro casi negro, herencia del Asplenium trichomanes subsp. quadrivalens. (Doble click encima de la foto para ampliarla)

Imagen macro con el detalle de los soros del envés de una pinna con el indusio levantado y los esporangios ya desplegados tras la dispersión de las esporas. (Doble click encima de la foto para ampliarla)

No obstante, lo que más ayuda a su identificación son sus tricomas o pelos glandulosos, más abundantes en el tercio proximal de la lámina y en el pecíolo y característicamente pluricelulares, algunos de ellos ramificados. Su progenitor Asplenium trichomanes subsp. quadrivalens carece de pelos glandulosos y su otro progenitor Asplenium petrarchae subsp. petrarchae tiene una abundante pilosidad, pero sus pelos o tricomas son unicelulares, formados por una sola célula tubular y nunca están ramificados.

Característico tricoma glanduloso pluricelular ramificado, exclusivo del Asplenium X helii nothosubsp. lainzii, que sirve para su inequívoca identificación. Para verlo se necesita una lupa de relojero o aún mejor un microscopio. (Doble click encima de la foto para ampliarla)

Otro pelo glanduloso pluricelular y ramificado del Asplenium X helii nothosubsp. lainzii.

Pelo glanduloso unicelular no ramificado de su progenitor Asplenium petrarchae subsp. petrarchae, mucho más grande que los pelos de su descendiente.

Otro bellísimo tricoma glanduloso del Asplenium petrarchae subsp. petrarchae. Es característica su coloración ligeramente morada. Se aprecia bien el bulbo excretor del extremo del tricoma.

El Asplenium X helii nothosubsp. lainzii, como la mayoría de híbridos interespecíficos alotetraploides, es esteril, ya que sus esporangios son incapaces de producir esporas viables en el momento de la meiosis. Los dos genomas que cohabitan en el núcleo de sus células son tan diferentes, tan incompatibles, que no se pueden emparejar para generar esporas haploides con una dotación genética compatible con la vida y mueren antes de su maduración, quedando reducidas a masas negras descompuestas muy pegajosas.

Esporangio de Asplenium X helii nothosubsp. lainzii con las esporas abortadas y descompuestas, que no han podido ser dispersadas debido a que quedan pegadas entre sí. (Doble click encima de la foto para ampliarla)



Imagen microscópica característica de las esporas de los híbridos estériles. Se ven como amasijos negros de esporas descompuestas y apelmazadas.



martes, 16 de noviembre de 2010

Anatomía íntima de la cola de caballo

La cola de caballo, Equisetum telmateia, es un helecho un poco atípico, muy primitivo, con unas estructuras, tanto macroscópicas como microscópicas, que han cambiado poquíssimo en muchos millones de años y recuerdan todavía las algas primitivas de las que evolucionaron, colonizando la tierra firme desde el mar. Tiene un rizoma subterráneo que en primavera brota dos formas de tallos: los estériles muy ramificados, largos y con clorofila y los fértiles no ramificados, mucho más cortos, sin clorofila, que se desarrollan antes que los estériles y acaban en una estructura llamada estróbilo, donde se forman las esporas dentro de los esporangios distribuidos en forma de panal de miel.

Tallos estériles de Equisetum telmateia en mayo, en las afueras de la ciudad de Horta  en la Isla de Faial del Archipiélago de las Azores.

Vigorosos tallos estériles de Equisetum telmateia en noviembre, en el lecho del Torrent Major del Valle de Sóller en la Isla de Mallorca.

Tallo estéril de Equisetum telmateia con los entrenudos ramificados.

Detalle de un entrenudo de un tallo estéril de Cola de caballo.

Estróbilo de un tallo fértil, con los esporangióforos en forma de celdas de panal de miel, cada uno de los cuales con varios esporangios como sacos llenos de esporas en la parte interior.

Detalle del estróbilo anterior, con los esporangióforos que se van separando a medida que maduran y  dejan ver los esporangios verdes llenos de esporas.

Corte transversal de un estróbilo con el interior del tallo que está vacío y alrededor los esporangióforos con los esporangios dirigidos hacia dentro. (Doble click sobre la foto para ampliarla)

Esporangios en forma de sacos llenos de esporas verdes que ya inician su dispersión, desgarrando la fina membrana que las contiene. Así el viento las puede arrastrar lejos del helecho-madre. La dispersión de esporas y semillas por el viento se llama anemocoria.

Esporas maduras de Equisetum telmateia saliendo de los sacos de los esporangios para iniciar la aventura de su vida. Las esporas pueden ser masculinas o femeninas. Cuando germinan generan gametofitos masculinos y femeninos y a su vez estos producen gametos masculinos y femeninos. Después de la fecundación de la oósfera de un gametofito femenino por el anterozoide de un gametofito masculino, nace un nuevo Equisetum telmateia. (Doble click sobre la foto para ampliarla)

Las esporas tienen 4 eláteres, que son como expansiones en forma de correas, que actúan como las aspas de un helicóptero y, ayudadas por el viento, llevan la espora lo más lejos posible para colonizar nuevos territorios.

Dos esporas de Equisetum telmateia que tienen un tamaño bastante grande y un color al principio verde claro que va cambiando a marrón con el paso del tiempo.



sábado, 13 de noviembre de 2010

Zulema, lágrimas de una niña mora

Primer capítulo

Zulema, la niña mora más bonita de Grazalema, a sus tiernos once años llevaba muchos meses llorando desconsolada. Su tristeza era inmensa, profunda, imposible de describir con palabras. Había nacido libre. Su padre, Musarraf,  la adoraba, era la niña de sus ojos, su dátil confitado, su joya. Su madre, Habiba, la esposa predilecta de su padre, no le había podido dar más hijos, pero se sentía feliz al ver lo mucho que Musarraf quería a su niña. Las otras dos esposas, esclavas cristianas capturadas por su marido en un pueblo fronterizo del norte, habían llenado de niños varones los aposentos del pequeño palacio donde vivían. Habiba estaba un poco celosa de estos niños, debería haberlos parido ella, pero no los odiaba.  Con la ayuda de su vieja esclava negra Nahina, traída cuando niña desde el lejano Sudán, había ayudado a las cristianas a parirlos y a criarlos y se sentía un poco su madre. Musarraf no quería a sus esposas cristianas y tampoco a sus hijos. Su corazón era todo para su niña Zulema, morena como su abuela, la madre africana de Musarraf, que éste adoraba. 

 
 Grazalema, la Gran Zulema árabe, vista desde los bosques que la circundan.
 
Zulema no entendía nada de lo que le había pasado, se resistía a aceptar su nuevo nombre cristiano, Beatriz, que su captor le había cambiado por su verdadero nombre. Se negaba a cumplir las órdenes de la esposa de su amo, una infiel, una cristiana gorda y fea que apestaba a sudor rancio y a grasa de cerdo requemada. Ella no era una esclava, había nacido libre y se llamaba Zulema.

Isabel y María, las dos esposas cristianas de su padre y sus hijos mestizos habían sobrevivido a la conquista de su pueblo por los cristianos del norte y eran otra vez libres. El fraile que acompañaba a los conquistadores había bautizado a sus hijos y les había puesto nombres cristianos. Zulema también había sido bautizada y renombrada pero seguía siendo tratada como una esclava.

Sus padres habían sido asesinados cruelmente ante sus ojos de niña y desde aquel día la sonrisa se había borrado para siempre de su rostro. No hablaba. No jugaba. Caminaba siempre cabizbaja con sus ojos llorosos y tristes, negros como el azabache. Entendía la extraña lengua de sus captores. La había aprendido escuchando a las dos esclavas cristianas de su padre, que hablaban en castellano entre ellas cuando estaban a solas con los niños, pero hacía ver que no entendía las órdenes porque su dignidad de niña libre se lo impedía. Jamás seré una esclava, jamás, se repetía una y otra vez. Se sentía dolorosamente sola, rodeada de extraños que la miraban con desprecio, la insultaban y le escupían por ser mora. Sus hermanastros no la querían y hacían como si no la conocieran, temerosos de ser también ellos rechazados por la sangre musulmana de su padre que corría por sus venas.

Abies pinsapo, abeto de Ronda, endémico de Andalucía, que forma inmensos bosques alrededor de Grazalema.

Siempre que podía se escapaba hacia el inmenso bosque de abetos que rodeaba el bellísimo pueblo blanco que llevaba su nombre, Zulema, que los cristianos habían cambiado por Gran Zulema. Allí buscaba la sombra íntima, fresca y acogedora de un viejo abeto, su abeto y se sentaba sobre la hojarasca con la espalda apoyada contra su grueso tronco. Entonces cerraba los ojos y sentía el cálido abrazo invisible de su padre, sus fuertes brazos que apretaban sin hacer daño y que a ella la hacían tan feliz. La voz amorosa de Musarraf retumbaba en sus oídos desde el recuerdo: "Zulema, mi niña, un día serás la reina de estos bosques".

Allí, sumida en un extraño éxtasis, en una huida hacia el recuerdo grabado de forma indeleble en su memoria, conseguía ser feliz de nuevo, se olvidaba de su desgracia, de su tristeza, de su soledad. Se sentía querida, respetada, notaba el aliento a hierbabuena de su padre que le susurraba al oído palabras bonitas y dos grandes lágrimas de felicidad brotaban de sus ojos, resbalaban por sus mejillas y caían sobre la hojarasca, regando las raíces del viejo abeto que temblaba de emoción, como si albergase en su tronco el alma de su padre.

Al rato Zulema se levantaba ya reconfortada y se paseaba acariciando todas y cada una de las plantas que por allí crecían. Las llamaba por sus nombres moros y ellas parecían entender sus palabras. Había una pequeña hierba muy peludita que Zulema quería con especial cariño, un helechito muy menudo y frágil cuyas frondes se rompían nada más tocarlas. Ella conocía su fragilidad y se sentía identificada con aquella plantita insignificante y sin embargo tan bonita.

Pleurosorus hispanicus, un tesoro de Andalucía

Musarraf se la había enseñado como si de un gran tesoro oculto se tratase. Con su fuerte mano de padre había cogido uno de sus deditos y le había hecho acariciar la superficie velluda de sus frondes. A ella se le había iluminado la mirada y con sus grandes ojos de azabache se había girado hacia su padre y le había dicho: "¡Qué suave es, parece terciopelo!". "Sí, mi niña, como terciopelo, como tú", le había respondido él.

Haz y envés de las frondes de Pleurosorus hispanicus, con su tupida pilosidad glandulosa.

Como si de sus recuerdos dependiera su supervivencia, Zulema recordaba todas las palabras de su progenitor y repetía una y otra vez los paseos que había dado en su compañía. Él le había inculcado el amor por su tierra, sus bosques de abetos, los arroyos que bajaban de la sierra tras las abundantes lluvias, sus animales, sus plantas, hasta la más insignificante de las hierbas. En brazos de su padre había admirado la belleza inmaculada de las florecillas blancas de la Saxifraga, compañera de hábitat del helechito de terciopelo.

Pleurosorus hispanicus y Saxifraga bourgeana, en las afueras del pueblo de Grazalema.

Flores de Saxifraga bourgeana.

También en brazos de Musarraf había aprendido a querer y a reconocer los pájaros de aquel paraíso por su canto, sin necesidad de verlos. Su corazón había latido rápido por la emoción cuando su padre le enseñó el contenido de un nido con los pajarillos recién nacidos abriendo inocentemente sus picos. Jamás lo iba a olvidar. Sus recuerdos con todos aquellos detalles eran para ella como el más preciado de los tesoros. Eran su agarradero para poder sobrevivir.

Su malvada ama cristiana la insultaba y maltrataba continuamente, sobretodo cuando se escapaba hacia el bosque. Entonces mandaba a sus hijas a buscarla y la obligaban a volver a casa, donde recibía una gran paliza. Para doblegar su carácter indomable, su ama la castigaba a no poder salir de la casa durante semanas y la humillaba con los trabajos más penosos y duros.

Zulema deseaba morir, no pensaba en otra cosa. Jamás volvería a ser feliz. Los días se hacían interminables, una tortura sin fin. Las noches, sin embargo, eran su momento de evasión. En sueños volvía a pasear en brazos de su padre, olía su olor de hombre, su aliento de hierbabuena, sentía la fuerza de su abrazo, el calor de su cuerpo, escuchaba las palabras bonitas que Musarraf le susurraba al oído y era otra vez feliz, en sueños, pero feliz.

Pasaron varios años. Su carácter se amansó por pura resignación y su ama envejeció, volviéndose menos severa con ella. Las hijas de la casa se casaron y fueron a vivir con sus suegras y Zulema siguió soltera, porque ningún mozo del pueblo la quería, por ser mora.

Aunque no la quisieran como esposa, en el fondo secretamente la deseaban porque era la más bonita del pueblo, con su largo pelo negro cubierto por un velo blanco de algodón, sus ojos de azabache, sus labios como una rosa a medio abrir, su piel morena, su talle esbelto de princesa mora, sus caderas suaves, su andar elegante, su voz dulce como la miel de la flor del olivo. Sí, la deseaban, pero eran cobardes.

Bellísimas flores masculinas de Abies pinsapo.

En la Gran Zulema, su pueblo, había otros moros esclavizados, bautizados eso sí, pero en el fondo tratados como esclavos, como la misma Zulema. Uno de estos moros se llamaba Taufik, un mozo fuerte y hermoso que los cristianos habían bautizado como Fernando. Tenía la misma edad que Zulema y como ella seguía soltero porque ninguna cristiana le quería como esposo. Hacía años que estaba secretamente enamorado de ella y a escondidas la seguía en sus escapadas al bosque de abetos. Había visto muchas veces lo que hacía en su ritual en recuerdo de su padre. La había escuchado cantar a los pájaros y a las hierbas en su lengua materna, que era también la suya. Otras veces la había visto llorar amargamente y él también había llorado sin que ella se apercibiera de su cercanía. Conocía su amor por el pequeño helecho de terciopelo. Deseaba con desesperación abrazarla, acariciarla, besarla, decirle que la amaba, pero no se atrevía porque nada podía ofrecerle. No tenía nada. No tenía casa. Era un esclavo.

Sí, Taufik estaba muy triste, lloraba desconsolado cuando nadie le veía. Como Zulema también deseaba morir. Una tarde de agosto con un calor bochornoso fué a resguardarse del sol bajo la tupida copa del viejo abeto de Zulema. Se sentó donde ella se sentaba y rompió a llorar amargamente. Acabó durmiéndose y estando profundamente dormido en sueños sintió que el tronco del abeto le abrazaba y se asustó. Quiso levantarse y escapar pero no pudo. El miedo le paralizó y fue entonces cuando escuchó como un susurro que le hablaba con una voz de hombre que le pareció familiar. "Taufik, hijo mío, sé lo mucho que quieres a mi niña Zulema. No llores más. Hace años le prometí que un día sería la reina de estos bosques. Levántate, escarba con las manos donde estabas sentado y encontrarás una cajita de plata llena de monedas de oro. Son para vosotros. Con ellas compra este bosque y construye un palacio para Zulema. Después despósate con ella y hazla feliz".

Aturdido, como delirando, Taufik respondió al árbol: "¿Y cómo le digo que la quiero? Nunca he hablado con ella y no tengo ni padre ni hermanos que puedan pedir su mano por mí". Y el árbol le respondió: "No temas, yo te diré lo que tienes que hacer para conquistar su corazón. ¿Ves la hierbita velluda que crece en esta roca rezumante? Arranca una hojita con cuidado, pues es muy frágil y regálasela a Zulema en cuanto la veas. No hace falta que le hables, sólo dásela".

Envés de una fronde de Pleurosorus hispanicus, endémico de Andalucía y el norte de África.

Taufik sintió que la sangre le hervía en las venas y que su corazón le iba a estallar en su pecho. Había encontrado por fín una esperanza para ser feliz con su amada. Escarbó a los pies del viejo abeto y encontró la cajita de plata con las monedas de oro. Luego fue en busca de su amo y le compró su propia libertad. Ya sin el yugo de la esclavitud se encaminó hacia la casa del dueño de aquellos montes y le compró por una docena de monedas de oro el bosque de abetos que tanto amaba Zulema. Pagó después por la libertad de varios esclavos bautizados como él y les pidió que le construyeran un palacio, pequeño pero hermoso como una joya, junto al viejo abeto. Zulema y él no necesitaban nada más para ser felices.

Taufik sabía que a Zulema le extrañaría ver a aquellos hombres construir un palacio en su querido bosque y esperó a que acudiera. La vió de lejos acercarse con su paso ligero de gacela y la quiso como nunca la había querido. Iba a ser suya. 

Zulema llegó a donde él estaba y con la cabeza agachada y cubierta por el velo de algodón blanco habló con voz suave pero firme: "¿Qué haces en mi bosque?". A Taufik la voz  tan cercana de Zulema le pareció la más bonita del mundo. Su corazón latía alocadamente en su pecho, pues nunca había estado tan cerca de su amada y con dos lágrimas de felicidad en sus ojos moros le contestó: "Estoy construyendo un palacio para ti. Quiero que seas mi esposa. Tu padre me dio tu mano en sueños y para que me creas me dijo que te diera esta hoja". Alargó entonces la mano abierta hacia ella y le enseñó la pequeña hoja velluda de la hierba de terciopelo y entonces Zulema supo que aquella era la voluntad de su amado padre. Levantó la vista hacia Taufik y le miró directamente con sus ojos de azabache. Su mirada atravesó como una lanza los negros ojos de aquel muchacho y llegó hasta su alma y así ella supo que era bueno y noble y le quiso por esposo. Cogió la hojita y se la guardó en la mano. "Búscame cuando hayas acabado el palacio y seré tu esposa", le contestó. Taufik se sintió como si flotase en una nube, como las que visitan casi a diario el bellísimo pueblo blanco de la Gran Zulema, su amada esposa.

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