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jueves, 3 de noviembre de 2011

Serra de Tramuntana de Mallorca: Patrimonio de la Humanidad

 Lo que la Unesco no sabe

Hace 6 millones de años la Isla de Mallorca era la cima de una gran montaña rodeada por un desierto sin vida azotado por espantosas tormentas de arena cargada de sal. En pleno período Messiniense, a finales del Mioceno, el Mar Mediterráneo se había secado casi completamente a consecuencia de un cambio climático con un enfriamiento del clima global, que había provocado una severa reducción de las lluvias en la cuenca mediterránea y la acumulación del agua dulce en forma de hielo sobre la Antártida, con la consiguiente bajada del nivel del agua de los mares y océanos. Al mismo tiempo las placas tectónicas europea y africana habían colisionado violentamente y se había formado el Macizo Bético-Rifeño, cerrando el paso del agua del Océano Atlántico hacia el Mar Mediterráneo. La disminución de las lluvias y el cese del aporte de agua oceánica había secado casi por completo la cuenca mediterránea, quedando solamente algunos lagos muy salados en las partes más bajas. Las montañas y los lagos estaban rodeados por una gruesa capa de tierra muerta formada por la sal y los sedimentos de los animales marinos y las algas que un día poblaron las aguas.

Fantástica vista de S'Illeta, un islote que se mantiene virgen situado a pocos metros de la costa noroeste de Mallorca. A la derecha se alzan escarpados acantilados que recorren la Serra de Tramuntana en toda su longitud y la han preservado de la codicia humana por su inaccesibilidad. Son la parte más bonita y mejor conservada de la isla.

 Acantilado en Sa Calobra, situada en la parte central de la Serra de Tramuntana, con un agua extraordinariamente limpia. La última foca monje de las Islas Baleares, Monachus monachus, abatida a tiros por un guardia civil en abril de 1958 en aguas de Escorca, muy cerca del acantilado de la imagen, seguramente descansó y tomó el sol alguna vez sobre las rocas que se ven en la parte baja de la foto.
 
Imagen de la cima de una montaña de la Serra de Tramuntana en la que destacan las extraordinarias plantas llamadas cojinetes de monja con su típica forma redondeada y aplanada cubiertas de espinas temibles. (Recomiendo ampliar las fotos con un doble click)

El Mediterráneo se había convertido en una inmensa salina y desde África y Ásia acudían volando grandes bandadas de flamencos rosados a alimentarse de las pequeñas algas, gambas rojas, moscas Ephydra y caracolillos que proliferaban en las aguas salobres de los lagos mediterráneos. El gregarismo de estas aves convertía aquel paisaje de pesadilla en un grandioso y ensordecedor escenario de ballet con millones de bailarinas vestidas de rosa que chapoteaban al unísono como mecidas por el viento, siguiendo el ritmo de una música eterna grabada en sus genes. Tras mirar todas a derecha e izquierda curvaban las 19 vértebras cervicales de sus largos cuellos y hundían su curioso pico en el agua salobre. Con cada sorbito filtrado la riqueza de aquella solución cáustica les premiaba con unos gramos de nutritivo plancton, repitiendo cada día cientos de veces los mismos movimientos del baile que sólo ellas conocían. Lograban así extraer miles de toneladas de algas y animalillos, los cuales se reproducían a un ritmo endiablado nutriéndose a su vez de las heces, las plumas, los polluelos muertos y los huevos hueros de los flamencos en un interminable ciclo de vida y muerte que duró un millón de años. Video Baile de los Flamencos

Algunas plantas halófilas como las salicornias, las salsolas, las suaedas y las sarcocornias sobrevivían con sus raíces adaptadas al fango cáustico de los márgenes de los lagos. Las lluvias eran muy escasas e irregulares, algo más generosas en las cimas de las montañas, donde reinaba a sus anchas el antílope enano Myotragus balearicus sin la presión de ningún depredador terrestre. Sus únicos enemigos naturales eran las grandes aves rapaces con fuerza suficiente para dar caza a algún ejemplar joven, herido o enfermo.

Cráneo de Myotragus balearicus con su robusta mandíbula adaptada al ramoneo de las correosas plantas mediterráneas y sus dos incisivos de rata en la parte inferior que dieron forma a los cojinetes de monja, como si de un escultor se tratase. La depredación  incesante de este antílope durante millones de años obligó a sus plantas preferidas a adaptarse para sobrevivir mediante sucesivas mutaciones que las llevaron a cubrirse de espinas y a esconder sus brotes más tiernos y nutritivos dentro del amasijo de ramillas espinosas. El Myotragus balearicus se extinguió hace unos 4000 años por la depredación despiadada de los primeros habitantes de Mallorca y Menorca que lo cazaban con gran facilidad pues sus patas muy cortas y la estructura ósea peculiar de sus articulaciones le impedían saltar y girar. Sólo podía avanzar en línea recta y a escasa velocidad. Había vivido plácidamente casi sin depredadores durante millones de años y en varios decenios fue borrado de la faz de la Tierra.

Durante el millón de años que duró el período Messiniense surgieron por sucesivas mutaciones adaptativas numerosas especies de animales y plantas, muchas de las cuales sobreviven en la actualidad como verdaderos tesoros. Es el caso del diminuto Ferreret, Alytes muletensis, un sapito endémico de la Serra de Tramuntana de Mallorca en peligro crítico de extinción que en los últimos años ha tenido que afrontar otro grave problema que amenaza todavía más su supervivencia, una enfermedad llamada quitridiomicosis causada por un hongo. Por suerte está superando con éxito esta enfermedad y todo parece indicar que va a sobrevivir.

Imagen de un Ferreret. (Esta fotografía es propiedad de la magnífica página web Racons de Tramuntana)

Entre las plantas que surgieron durante el período Messiniense del Mioceno tardío destaca un helecho cuya distribución actual nos habla claramente del momento en que apareció sobre la tierra tras sucesivas hibridaciones y mutaciones adaptativas. Se trata del Asplenium azomanes, un híbrido alotetraploide con dos genomas completos en el núcleo de sus células. Uno de los genomas le viene de su progenitor macaronésico, el Asplenium azoricum, un helecho actualmente endémico de las Islas Azores y el otro genoma de un ejemplar del complejo trichomanes, tal vez el Asplenium trichomanes subsp. hastatum.

 Asplenium azomanes en la grieta de una roca calcárea orientada hacia el noroeste. La foto fue tomada en las montañas que circundan el Valle de Sóller, situado en plena Serra de Tramuntana.

En el Valle de Sóller el Asplenium azomanes se ha hibridado con el Asplenium  trichomanes ssp. quadrivalens y ha dado lugar al Asplenium x tubalense, un vigoroso híbrido alotetraploide que, aun siendo prácticamente estéril, consigue generar alguna diplóspora fértil, las suficientes para perpetuarse. Al contrario que su padre que huye de la luz directa y aplica sus frondes contra las piedras para evitar los rayos solares, su hijo híbrido adora el sol y extiende sus largas frondes hacia la luz. Su heliofilia es una herencia de su otro progenitor, el Asplenium trichomanes subsp. quadrivalens.

Las viejas paredes de los bancales de Sóller llenas de musgos y líquenes y orientadas hacia el noroeste son el hábitat del Asplenium azomanes y su hijo el Asplenium x tubalense. Todos los pequeños helechos de la família de las Aspleniaceae que crecen en Sóller viven sobre un sustrato de musgos y líquenes. Es una especie de simbiosis.

 Valle de Sóller rodeado de montañas que lo protegen de los vientos del norte, condensan en sus laderas en forma de rocío la brisa marina cargada de humedad y crean un microclima cálido y húmedo ideal para los pequeños helechos híbridos que son uno de los tesoros botánicos más desconocidos de la flora balear. Algún invierno las cumbres de las montañas se cubren de nieve que se derrite rápidamente y nutre de agua dulcísima las fuentes que tan sabiamente supieron encontrar y canalizar hace ocho siglos los mallorquines musulmanes, que fueron despojados de su amada isla y convertidos en esclavos en su propia tierra. Es de justicia reconocer su inestimable aportación a la arquitectura de las fuentes, los canales de riego y los bancales de la Serra de Tramuntana.

Durante el período Messiniense del Mioceno tardío los fondos marinos de las zonas costeras de la islas de la Macaronesia, de Europa y de África habían emergido fuera del agua por la bajada en unos 100 metros del nivel del mar y, junto al recien formado Macizo Bético-Rifeño, habían transformado aquella vasta región en un todo continuo con poca agua que las separase, lo que permitíó el intercambio de especies entre los distintos archipiélagos de la Macaronesia y, a su vez, con la Península Ibérica y el norte de África. 

Mapa aproximado del Mediterráneo occidental durante el Mioceno Tardío. La Serra de Tramuntana formaba parte del Macizo Bético-Rifeño. El nivel del agua de los lagos salobres aumentaba o disminuía dependiendo de las lluvias, de manera que durante algunos milenios permanecieron prácticamente secos.

A medida que el clima se iba haciendo cada vez más árido y frío algunas plantas subtropicales como el Asplenium anceps y su hijo híbrido alotetraploide, el Asplenium azoricum, que habían surgido a través de mutaciones e hibridaciones durante los primeros millones de años del Mioceno y estaban adaptados a un clima más cálido y húmedo, no pudieron soportar la sequía y el frío del último millón de años del Mioceno tardío y sus poblaciones se fueron extinguiendo desde el norte hacia el sur y desde el este hacia el oeste, hasta quedar recluidos en las islas macaronésicas. En la actualidad el Asplenium anceps sobrevive en las montañas de las Islas Canarias más húmedas, en la Isla de Madeira y en las Islas Azores, mientras que su hijo el Asplenium azoricum ha quedado recluido en las Islas Azores, las más húmedas de la Macaronesia.

En algún momento durante su retirada hacia el oeste el Asplenium azoricum se hibridó con el Asplenium trichomanes y dio lugar a un vigoroso híbrido alotetraploide mucho más adaptado a la sequía y al frío, el Asplenium azomanes, el cual rápidamente superó la esterilidad propia de todos los híbridos alotetraploides y con varias mutaciones consiguió reproducirse con mucho éxito, tanto que llegó a poblar las rocas calcáreas orientadas hacia el noroeste de toda aquella vasta región sureña de tierras emergidas. 

Distribución actual del Asplenium azomanes. 

Al finalizar el millón de años del período Messiniense el clima sufrió un calentamiento global que hizo aumentar las lluvias y fundió gran parte de los hielos antárticos, de manera que las aguas oceánicas se elevaron en unos 60 metros. Al mismo tiempo las placas tectónicas africana y europea se separaron partiendo en dos el Macizo Bético-Rifeño y se formó entre ellas un gran surco, el Estrecho de Gibraltar, que permitió de nuevo la entrada de agua del Océano Atlántico hacia el Mar Mediterráneo. Este aporte de agua oceánica junto con el aumento de las lluvias llenó de nuevo con gran rapidez la cuenca mediterránea que dejó de ser un desierto salobre en sólo unos 1000 años. Al elevarse el nivel del mar las montañas se transformaron en islas, quedando emergidas las cimas y las faldas de las mismas y la población del Asplenium azomanes quedó fragmentada en tres regiones separadas por el mar: el sur de la Península Ibérica, las islas Baleares más occidentales y el Rif marroquí.

Inmenso encinar prácticamente virgen en la ladera de una montaña de la Serra de Tramuntana. Éste era el hábitat paradisíaco del Myotragus balearicus.

 Desde hace más de 1500 años el hombre aprovecha las suaves laderas de las montañas de la Serra de Tramuntana para cultivar olivos, reteniendo la tierra calcárea con paredes de piedra seca en forma de terrazas.

La Isla de Mallorca, al igual que el resto de islas mediterráneas, es pues una gran montaña que al final del período Messiniense fue rodeada por el agua y se transformó en una isla. La cima de esta gran montaña llamada Mallorca es la actual Serra de Tramuntana que hace millones de años formó parte de la gran cordillera del Macizo Bético-Rifeño. 

Inflorescencias de Arum pictum con su negro espádice que emite un desagradable olor a carne putrefacta para atraer a las moscas carroñeras que son sus polinizadoras.

Otra planta balear muy abundante en la Serra de Tramuntana nos habla también del período Messiniense, el Arum pictum, un endemismo tirrénico que se formó durante este convulso millón de años del Mioceno tardío. Cuando el Mar Mediterráneo era un desierto reseco las islas de Mallorca y Menorca estaban prácticamente unidas con un profundo valle entre ellas y formaban una única gran isla cuyo extremo oriental se unía con la isla de Cerdeña con muy poca agua que las separase, formando junto con la vecina isla de Córcega y el sur de Francia la llamada Región Tirrénica, lo que permitió el intercambio de plantas y animales entre las entonces montañas baleares orientales, Córcega, Cerdeña y la costa francesa. El Arum pictum vive pues en la actualidad en las islas que conformaban las montañas de la región Tirrénica.

 Flores de Paeonia cambessedesii en marzo. El color de los pétalos puede variar entre un rosado muy pálido casi blanco y un granate intenso. Recomiendo ampliar la foto con un doble click para apreciar mejor su exquisita belleza.

Una de las plantas más bonitas de la Serra de Tramuntana es la endémica Paeonia cambessedesii con unas flores espectaculares. Su llegada a las islas Baleares tiene también una estrecha relación con el período Messiniense. Hace unos años unos prestigiosos botánicos realizaron un estudio genético de todas las paeonias europeas y asiáticas. Tras analizar los resultados y comparar las variaciones en los distintos marcadores genéticos concluyeron que todas las paeonias del Mediterráneo proceden de un híbrido ancestral asiático que se formó hace millones de años por la hibridación entre dos paeonias de las mesetas del Asia central. Desde allí este híbrido antediluviano fue colonizando las tierras de toda Asia y Japón, llegando hasta Oriente próximo. Luego prosiguió su expansión por todos los países ribereños del Mediterráneo y toda Europa. En cada nuevo territorio conquistado se iba diferenciando en distintas especies por sucesivas mutaciones adaptativas.

 Otra flor de Paeonia cambessedesii con el detalle de los numerosos estambres amarillos cargados de polen y el pistilo rojo y ramificado en el centro.

Cuando uno de sus descendientes llegó a la región Tirrénica en pleno período Messiniense colonizó una tras otra las entonces montañas de Córcega y Cerdeña y desde allí saltó a Menorca y Mallorca. Tras la posterior subida del nivel del mar, las montañas baleares se convirtieron en islas y la paeonia tirrénica quedó aislada y sufrió diversas mutaciones adaptativas hasta transformarse en nuestra bellísima Paeonia cambessedesii que en la actualidad sólo vive en Mallorca, Menorca y Cabrera. A pesar de haber cientos de especies de paeonia en Europa y Asia, todas ellas tienen los dos mismos ancestros asiáticos.

 Dryopteris pallida subsp. balearica en la grieta de una roca del Cap de Formentor situado en el extremo norte de la Serra de Tramuntana.

En las montañas de la Serra de Tramuntana vive un helecho cuya historia tiene también una estrecha relación con el Mioceno tardío. Se trata de la Dryopteris pallida subsp. balearica. Al igual que el Arum pictum y la Paeonia cambessedesii este helecho enano de la família de las Aspidiaceae también procede del continente europeo. Antes de colonizar las montañas baleares en Europa vivía la Dryopteris pallida subsp. pallida, un helecho robusto de grandes frondes que se había hibridado con la Dryopteris oreades y había dado lugar a un híbrido alotetraploide, la Dryopteris tyrrhena.

Cuando el Mediterráneo se secó durante el Messiniense, las esporas de la Dryopteris pallida subsp. pallida y de su hija híbrida Dryopteris tyrrhena lograron colonizar las entonces montañas de Córcega y Cerdeña y posteriormente la cima fresca y húmeda de la montaña de Mallorca, es decir, la actual Serra de Tramuntana. La Dryopteris pallida subsp. pallida sufrió una mutación enanizante para adaptarse mejor al clima reseco y caluroso de Mallorca y dió lugar a la mallorquina Dryopteris pallida subsp. balearica, mientras que la Dryopteris tyrrhena prosiguió en su expansión hacia el Macizo Bético-Rifeño y llegó hasta la actual Sierra Nevada granadina, única localidad de este helecho en la Península Ibérica.

Vigoroso ejemplar de Dryopteris tyrrhena procedente de la cima del Puig Major, la montaña más alta de la Serra de Tramuntana, cultivado en el Jardín botánico de Sóller para evitar su extinción. El exitoso cultivo de sus esporas ha producido numerosas hijas que permitirán la repoblación en su hábitat natural.

La curiosa distribución actual de la Dryopteris tyrrhena en territorio español nos demuestra su clarísimo origen messiniense. Como en el caso del Asplenium azomanes, la posterior subida del nivel del mar aisló las poblaciones de Mallorca y Granada. En ambas localidades está recluida en las frescas cimas permanentemente húmedas de las montañas más altas. En Mallorca está en peligro crítico de extinción por la destrucción incesante de su hábitat y el ramoneo despiadado de las cabras asilvestradas. El número de ejemplares en estado silvestre no supera las dos docenas.

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No quiero acabar este artículo sin mencionar otras plantas endémicas que viven en la Serra de Tramuntana. A diferencia de las ya mencionadas no tienen un claro origen messiniense, pero su belleza o su rareza las hacen merecedoras de una mención especial. Algunas de ellas viven en las rocas costeras, otras en las cimas más elevadas y las demás en las faldas de las montañas, especialmente las orientadas hacia el norte y el noroeste.

La diminuta Naufraga balearica, otro tesoro botánico de la Serra de Tramuntana. Es la única especie del género Naufraga.  Pertenece a la família de las Umbelliferae. 

En los últimos 30 años la Naufraga balearica ha sido motivo de una intensa polémica entre botánicos, ya que en un principio se la consideraba un endemismo estricto de Mallorca, pero en 1981 fue encontrada una pequeña población de una planta aparentemente idéntica en el oeste de la Isla de Córcega entre Cargèse y Piana. Sin embargo dos años después en 1983 un grupo de botánicos volvió al mismo lugar y a pesar de buscarla intensivamente no logró encontrarla. Desde entonces se la considera oficialmente extinta en Córcega.

Visión cercana de las diminutas hojas de la Naufraga balearica.

En la actualidad la única población conocida de Naufraga balearica crece en una reducida área del Cap de Formentor en el extremo norte de la Serra de Tramuntana. No se descarta que puedan existir otras poblaciones en la misma zona de Mallorca dado el difícil acceso a los rellanos rocosos de los acantilados donde vive. En el año 2006 fue catalogada en peligro crítico de extinción, ya que el número de plantas adultas conocidas se había reducido drásticamente sin un motivo aparente, tal vez por el cambio climático o el aumento de la contaminación. Los ejemplares de las imágenes son cultivados y fueron fotografiados en el Jardín botánico de Sóller donde parece prosperar sin problemas. Esperemos que este tesoro botánico que lleva entre nosotros muchos millones de años logre sobrevivir al brutal cambio climático provocado por la codicia y la insensatez humanas.

El Senecio rodriguezii es uno de los endemismos más bonitos de las rocas costeras de Mallorca y Menorca. La planta es muy pequeña, sus hojas son carnosas con la superficie rugosa y pertenece a la família de las Compositae. Suele crecer muy cerca del mar en las rocas salpicadas por las olas. La fotografía fue tomada en la desembocadura de un torrente que baja de las montañas muy cerca de S'Illeta en el municipio de Sóller.

Carex rorulenta, una Cyperaceae diminuta endémica de las Islas Baleares, especialmente abundante en la Serra de Tramuntana. La fotografía fue tomada en la Finca pública de Planicia en el municipio de Banyalbufar.

 El intenso y luminoso color dorado de las florecillas de la Brassica balearica, la pequeña col endémica de Mallorca, alegra las cimas de las montañas.  Su hábitat preferido son las inaccesibles grietas rocosas verticales frescas y sombrías donde está a salvo de las cabras.

La Ophrys balearica es la única orquídea endémica de las Baleares. Pertenece al grupo de las Ophrys bertolonii. Su labelo es aterciopelado de un intenso color granate oscuro casi negro. La mancha central en forma de escudo también es granate con un llamativo brillo metalizado. El ginostemo parece la cabecita de un ave con su pico y sus ojos anaranjados. Vista de cerca es una flor de una belleza exquisita. La fotografía fue tomada en la falda de una montaña del municipio de Sóller en la parte central de la Serra de Tramuntana. Recomiendo ampliar la foto con un doble click.

El Erodium reichardii es una planta diminuta de la família de las Geraniaceae. Es endémico de Mallorca y Menorca. Suele crecer sobre rocas frescas y sombrías cercanas al mar. La fotografía fue tomada a principios de marzo en el Cap de Formentor situado en el extremo norte de la Serra de Tramuntana.

El Asplenium majoricum es un campeón de la supervivencia. Este helechito con frondes que no suelen superar los 5 centímetros de longitud es uno de los tesoros botánicos más representativos de la Serra de Tramuntana. Se originó por la hibridación entre el Asplenium fontanum y el Asplenium petrarchae subsp. bivalens, ambos extraordinariamente escasos, cuyos genes, ante el peligro inminente de extinción, han conseguido sobrevivir en su hijo híbrido, mucho más resistente al clima de Mallorca. Es capaz de soportar hasta 6 meses sin una gota de lluvia con la inteligente estrategia de la estivación, en la que se deshidrata completamente hasta parecer muerto y así permanece hasta que por fin en otoño cae la primera lluvia. En menos de 24 horas se obra el milagro. Las frondes se rehidratan, reverdecen, se expanden y al día siguiente el Asplenium majoricum luce tan fresco y lozano como en la primavera, como si nada hubiera ocurrido. El milagro es tan espectacular que, a pesar de llevar ya muchos años viéndolo cada otoño, se me ensancha el corazón y me emociono como un niño ante la explosión de vida de estos helechitos que cada año mueren y resucitan.

El Asplenium trichomanes subsp. inexpectans es otra rareza botánica de la Serra de Tramuntana. Este pequeño helecho tiene las frondes muy frágiles con la lámina como encogida y acabada en una pinna apical grande. Aborrece el sol directo y su heliofobia le lleva a aplicar sus frondes contra las piedras en un desesperado intento de evitar los rayos solares.

El Barranc de Biniaraix situado en plena Serra de Tramuntana es en si mismo un espectáculo de una belleza impactante e inolvidable. Está recorrido por un torrente del mismo nombre y es el hábitat ideal de numerosos helechos, en especial el Asplenium majoricum y sus híbridos: Asplenium x orellii, Asplenium x sollerense, Asplenium x reichsteinii y Asplenoceterach barrancense. También hay algún ejemplar de Dryopteris pallida subsp. balearica.

 El Asplenoceterach barrancense es un helecho híbrido extraordinariamente escaso, tanto que en mis múltiples recorridos por las montañas del Valle de Sóller sólo he logrado encontrar tres ejemplares. Es producto de la increible hibridación entre el Asplenium majoricum y el Ceterach officinarum subsp. officinarum. Por desgracia el ejemplar de la foto sufre la depredación despiadada de las cabras asilvestradas que se comen sus frondes varias veces al año y cada vez está más debilitado. Los organismos que deberían protegerlo lo ignoran.

 Aquí vemos los dos progenitores del Asplenoceterach barrancense y su hijo híbrido creciendo enraizados sobre el musgo que rellena los huecos de la misma piedra calcárea de una pared de bancal orientada hacia el noroeste a unos 300 msnm.

Otro extraordinario tesoro botánico es el Crocus cambessedesii. Su belleza y su floración efímera atrae numerosos botánicos europeos que viajan hasta Mallorca con la única intención de contemplarlo y fotografiarlo. La imagen fue tomada en el camino costero que lleva hasta el Torrent de Pareis.

El Torrent de Pareis, situado en Sa Calobra, durante millones de años ha ido excavando un profundo barranco cuyas elevadas paredes acaban bruscamente en el mar. 

 Hace unos años tuve una experiencia tan fantástica, tan espiritual y mágica que jamás se me va a olvidar. Una mañana de otoño me levanté muy temprano con la idea de buscar helechos en las rocas de este barranco. Llegué cuando acababa de salir el sol, los rayos del amanecer iluminaban las escasas aguas del torrente, no había nadie y fuí caminando barranco arriba sobre la gruesa grava del lecho del torrente con las altas paredes rocosas a cada lado. De pronto me dí cuenta que el único ruido era el de mis propios pasos sobre la grava que las paredes del barranco me devolvían con el eco. Me detuve y escuché atónito el impresionante silencio de aquel lugar mágico. Era un espectáculo maravilloso de naturaleza pura, virgen, intacta, lo más parecido al Paraíso Terrenal. El corazón se aceleró y latió con fuerza en mi pecho y mis ojos se humedecieron por la emoción. Jamás lo voy a olvidar.

 
 Vieja Phyllitis sagittata con sus hermosos soros que se transparentan a contraluz. Este escaso helecho de una belleza antediluviana vive feliz en las frescas rocas del nacimiento del Torrent de Pareis. Sus poblaciones peninsulares están en franca regresión, sobretodo en Andalucía.

La pequeña compuesta rupícola Crepis triasii es un endemismo de Mallorca, Menorca y Cabrera. Su hábitat son las grietas de las rocas calcáreas de la alta montaña orientadas hacia el norte y noroeste.

La labiada Phlomis italica es otro endemismo de Mallorca y Menorca muy abundante en los claros de los viejos encinares de la Serra de Tramuntana. Sus vistosas flores rosadas y aterciopeladas aparecen en mayo.

El endemismo Rhamnus ludovici-salvatoris, dedicado al Archiduque Luís Salvador de Austria, ama el sol directo de la alta montaña de Mallorca, Menorca y Cabrera. La fotografía de sus bellísimos frutos rojos fue tomada en un viejo olivar de la aldea de Caimari.

La Solenopsis balearica, antiguamente llamada Solenopsis minuta subsp. balearica, es otro endemismo de Mallorca de la família de las Campanulaceae. Su pequeñísimo tamaño no les resta belleza a sus flores. Vive en las paredes de los acantilados litorales de la Serra de Tramuntana y en las montañas de Artá. Su necesidad de humedad permanente la obliga a crecer en las grietas rezumantes.

Y por último quiero mostraros esta brillante flor de Ranunculus weyleri, un diminuto ranúnculo endémico de Mallorca que vive en las grietas de las rocas orientadas hacia el norte en la cima del Puig Major y en las montañas de Artá.

Ahora la UNESCO, conociendo un poco más estos tesoros botánicos, tendrá más motivos para apreciar los valores naturales de esta joya mediterránea que tan acertadamente declaró Patrimonio de la Humanidad.


8 comentarios:

  1. Uno de los mejores post de botánica que haya leido nunca; al nivel de los de Javier Grijalvo y Alberto Gil, que también son buenísimos.

    Sobre la Tramuntana estoy completamente de acuerdo con que es una joya: recuerdo haber visto Genista majorica e Hippocrepis balearica en los escarpes calizos, Cyclamen balearicum en los encinares... y los sauzgatillos del Torrent de Pareis, espectaculares.

    Tomo nota del blog y lo visitaré a menudo. Un saludo.

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  2. Muy bueno Joan. lo enlazo en mi blog y con tu permiso te pillo una foto para ilustrarlo.
    www.jolube.es

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  3. Muchas gracias, Josep, Salva y jolube. Sois muy amables.

    Un saludo

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  4. Magnifica entrada.
    Habrá que ahorrar para visitar la “Serra de Tramuntana” y disfrutar de su gran riqueza.

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  5. Fantástica entrada.
    La Sierra... es simplemente magnífica.

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    1. eres un crak, gracias por enseñarnos nuestro patrimonio natural

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  6. Muchas gracias, Jesús, Duathor y Anónimo. Un abrazo.

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