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sábado, 23 de abril de 2016

Las cuatro coníferas monumentales de la Plaza de Murillo de Madrid

La Plaza de Murillo está justo al lado del Real Jardín Botánico de Madrid. Es un amplio paseo ajardinado embellecido por árboles gigantescos, seguramente centenarios: cedro del Himalaya, cedro del Atlas, abeto de Ronda, picea de Afganistán y varios magnolios y castaños de Indias.


Imponente Pinsapo o Abeto de Ronda, Abies pinsapo, de más de 20 metros de altura, creciendo como una flecha hacia su dios, el luminoso sol que le da la vida.

 Así era hace 11 años, en mayo del 2005.

Grueso tronco profundamente anclado en el suelo de Madrid, lo que le permite soportar los embates del viento sin que corra peligro de ser arrancado de cuajo.

A mediados de abril está cubierto de flores masculinas cargadas de polen, que se abren en las ramas medias e inferiores. En las ramas más altas se encuentran las flores femeninas como pequeños conos erectos verde-amarillentos sobre los que se pega el polen fecundador arrastrado por el viento, en este caso del propio árbol, ya que no se ven otros pinsapos en los alrededores.

La belleza de los conos masculinos con su vivo color rojo-sangre es espectacular.

Cedro del Himalaya, Cedrus deodara. Su nombre de especie deriva del idioma urdu (deodar) y éste del sánscrito (devdar), que significa árbol de los dioses. El ejemplar de la imagen está sembrado a pocos metros del recinto del Jardín Botánico. Tiene el extremo de las ramas pendulares.

 Así era en mayo de 2005.

 Varias ramas podadas afean y rompen la estructura armoniosa de su copa. Ignoro si tuvieron que podarlas por haberse roto por acción del viento o por el peso de la nieve.

 Detalle de las ramas podadas.

Su tronco es bellísimo con una corteza marrón-grisácea finamente cuarteada y una amplia base que le da estabilidad.

Sus acículas son bastante largas, de tacto suave y de un bonito color verde-azulado.

Cedro del Atlas, Cedrus atlantica. Es una imponente conífera que forma bosques en las montañas del Atlas marroquí y argelino. Las ramas de los ejemplares adultos adoptan una disposición en forma de pisos más o menos horizontal que les confiere una gran belleza.

Detalle de las ramas horizontales. En los ejemplares silvestres, debido a los fuertes vientos que soplan en las montañas magrebíes, las ramas tienden a crecer todas en el mismo lado a modo de bandera, a excepción de los que crecen en lugares resguardados, en cuyo caso adoptan una disposición horizontal como el ejemplar madrileño de la imagen.

El tronco es cilíndrico con la corteza finamente agrietada de un color pardo-grisáceo, aunque en los ejemplares silvestres del Atlas llega a ser casi negra.

Detalle de la corteza.

Estructura de las ramas.

Las acículas son más cortas que en el cedro del Himalaya y su color es verde oscuro con un ligero tinte azulado, salvo en las hojas nuevas que son más claras.

Picea de Afganistán, Picea smithiana. Su estructura piramidal es bellísima. No tiene ningún otro árbol cerca, lo cual, junto con su gran altura, acrecienta su belleza. Como en el abeto de Ronda su ápice crece como una flecha hacia el sol que le da la vida. 

A diferencia de los cedros que tienen las piñas erectas, en las píceas crecen hacia abajo en forma pendular. Los extremos de las ramillas también son pendulares. Fotografía de mayo de 2005.

Sólo un robusto y profundo sistema radicular explica que un árbol tan alto pueda permanecer erguido soportanto los embates del viento y el gran peso de su alargada copa. Su corteza está cubierta de escamas blanco-grisáceas.

Detalle de una piña o estróbilo y de las acículas que son muy largas y de tacto suave. Esta conífera gigantesca vive en la cordillera del Himalaya y en las montañas vecinas, desde Afganistán hasta Nepal. Forma bosques a alturas superiores a los 2.000 msnm junto con el cedro del Himalaya.


2 comentarios:

  1. Hola Juan

    Es curioso que los pinsapos cultivados tienen un aspecto diferente de copa a los silvestres. En la serranía de Ronda nunca he visto uno con esa forma tan esbelta. Muy buenas fotos.

    un abrazo

    José Angel

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    1. Gracias, José Angel. A mí también me sorprendió este ejemplar madrileño tan alto y estilizado.
      Un abrazo.

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