sábado, 22 de diciembre de 2018

La estructura en pata de garza de la base del tronco da estabilidad al imponente árbol Mundani

Dentro de dos meses el árbol más espectacular del jardín cumplirá treinta y dos años. Nació en febrero de 1987 de una semilla procedente de un árbol que embellecía una avenida de la ciudad de Nairobi (Kenia). Su madre keniata vivía (o vive todavía) a 1.795 m.s.n.m. en plena línea del ecuador africano. 

 Base del mundani, Acrocarpus fraxinifolius, en septiembre de 2005. Tenía entonces dieciocho años y siete meses. Llevaba catorce años sembrado en el huerto a unos 70 m.s.n.m. y medía ya unos diez metros.

 El mundani, lazcar o cedro rosado es una leguminosa arbórea originaria del Asia ecuatorial (India, Malasia, Indonesia, Birmania), donde forma parte, junto con otros árboles, de las exuberantes selvas tropicales del sur de Asia. Su abuela, pues, era asiática, su madre africana y él es mallorquín.

 Misma base seis años después, en noviembre de 2011. El mundani había alcanzado ya casi un cuarto de siglo de vida.

Un año después, diciembre de 2012, los cambios en la base son mínimos, salvo un ligero engrosamiento del tronco.

 A pesar de estar adaptado a vivir en selvas tropicales permanentemente cálidas y húmedas, mi árbol mundani ha aprendido a tolerar el frío y la sequía sin apenas inmutarse. Si llueve poco crece poco, si llueve mucho crece mucho. En los inviernos especialmente fríos, con temperaturas en ocasiones inferiores a -2º, se comporta como un árbol caduco, tira las hojas y entra en hibernación durante los meses de enero y febrero. (En el Trópico es un árbol perennifolio).

 A finales de noviembre de 2014 las raíces de la base se han engrosado y sobresalen de la tierra en forma de pata de garza para dar estabilidad al altísimo árbol.

Cuando a finales de marzo o principios de abril las temperaturas vuelven a subir, abre en primer lugar sus flores y a las dos semanas brota hojas nuevas de un color rojo intenso, para poder soportar las siempre imprevisibles heladas tardías de primavera.

Cuatro años después, en diciembre de 2018, las raíces sobresalen todavía más y al mismo tiempo la base del tronco va dejando de ser cilíndrica y se engrosa irregularmente formando costillas, tal como crecen los árboles gigantescos más viejos de la Tierra.

 Aquí tenéis varios ejemplos:

Árbol de Júpiter, Lagerstroemia indica, con su espectacular y amplia base que le da estabilidad, embelleciendo el fantástico Jardín Botánico de Sóller. Sólo un violento huracán conseguiría arrancarlo.

Pino carrasco, Pinus halepensis, con un tronco de un metro de diámetro y una amplia base de raíces fírmemente asentadas sobre las rocas y la escasa tierra de este pinar del municipio de Bunyola (Mallorca).

 Este viejo algarrobo, Ceratonia siliqua, varias veces centenario, con su grueso tronco acostillado y su amplia base de sustentación radicular, no le teme a los cálidos vientos que soplan desde el norte de África en el Algarve portugués.
Espectacular base de sustentación de esta Casuarina equisetifolia, originaria de Australia, que crece esplendorosa y feliz en los Jardines de los Reales Alcázares de Sevilla.

Este Ficus elastica no corre ningún peligro de ser arrancado por un huracán. Da sombra a los paseantes en los hermosos jardines del Parque de María Luísa de Sevilla.

Esta vetusta encina centenaria crece esplendorosa en el lecho de un torrente seco del municipio de Escorca, en plena Serra de Tramuntana de Mallorca. Un huracán le podría quebrar las ramas, pero jamás arrancarla de raíz.

Este grueso tronco de un metro y medio de diámetro de Metrosideros excelsa, una mirtácea neozelandesa, se asienta sobre una poderosa base de raíces que le dan estabilidad frente a los vientos atlánticos, que soplan a veces con furia en el bellísimo paseo marítimo de la pequeña y entrañable ciudad de Horta, capital de la isla azoriana de Faial.

Este increible tronco de haya negra, Fagus sylvatica atropurpurea, con su amplia base de sustentación da estabilidad a uno de los árboles urbanos más espectaculares de la ciudad de París. Su corteza es muy lisa y suave al tacto. Su negritud, al igual que la de las ramas, las raíces, las hojas y los frutos, se debe a una curiosa mutación que le hace sintetizar cantidades ingentes de antocianos granates, tan concentrados en sus tejidos que le confieren este fantástico color negro.

Espero vivir lo suficiente para ver mi querido mundani convertido en un coloso de varios cientos de toneladas y una altura superior a treinta metros. Este año la primavera, el verano y el otoño han sido muy cálidos y lluviosos, y el árbol ha alargado sus ramas hacia arriba y hacia los lados alrededor de un metro. A finales de diciembre conserva todas sus hojas y está magnífico. Calculo que en la actualidad debe rondar los veinte metros de altura.

En los próximos años os mantendré informados de su evolución.

Y para acabar aquí tenéis un video casero que he grabado este mañana:

 Disculpad la mala calidad y el ligero temblor de mis manos.

8 comentarios:

  1. Esta precioso. Besitos y feliz navidad.

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  2. Es impresionante ver como forman esas estructuras con sus raíces fuertes y potentes, me ha encantado ver esta serie.
    Deseo que pases, junto a tus familiares y amigos, una Feliz Navidad!!

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  3. Todos esos árboles son una maravilla. ¡ Ojalá ! se cumpla tu deseo de vivir muchos años para poder ver crecer ese precioso Mundani que tienes en tu jardín y contarnos su evolución.
    Feliz Navidad
    Saludos

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    1. Muchas gracias, Pini.
      ¡Felices fiestas y Feliz Año Nuevo!
      Un abrazo.

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  4. Que bonito! Donde tienes la finca ? En nuestra finca de Sencelles hay un algarrobo viejisimo con raices que sobresalen sujetandolo al suelo. A ver si encuentro la manera de enviarte foto.

    Por cierto acabo de sembrar semillas de lulo traidas de Colombia. Ya lo hice con tomate de arbol y uchuvas y el invierno de Sencelles les gusta mucho mas que el verano !

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