banear

jueves, 8 de octubre de 2015

Cotoneaster majoricensis: luchando por la supervivencia de esta reliquia del Cuaternario

Ha sido catalogado en peligro crítico de extinción por la rápida regresión de sus escasísimas poblaciones naturales y las dificultades en su reproducción.

Hasta el año 2002 no se conocía ninguna planta natural del género Cotoneaster en las Islas Baleares. Fue en este año cuando fueron descubiertos varios ejemplares en la cima del Puig Major creciendo en los rellanos y grietas rocosas más inaccesibles, sombrías y frescas, orientadas hacia el norte a una altura entre 1170 y 1400 msnm. 

Allí reciben con regularidad la humedad de la brisa marina que asciende en forma de niebla o de nubes desde el cercano mar Mediterráneo, se condensa como un agua dulcísima sobre las hojitas y también bajo ellas gracias a su abundante pilosidad y cae gota a gota sobre el sustrato calcáreo-arcilloso, regando las sedientas raíces de esta pequeña reliquia del Cuaternario, testigo de lejanos tiempos más frescos y húmedos, como lo son también numerosas hierbas, lianas, arbustos y árboles que comparten su hábitat, también en clara regresión, tales como Taxus baccata, Sorbus aria, Amelanchier ovalis, Ilex aquifolium, Agrostis barceloi, Lonicera pyrenaica subsp. majoricensis, Pimpinella tragium, Cystopteris fragilis subsp. fragilis, Polystichum aculeatum, etc, etc...

Se realizó entonces una inspección concienzuda de las cimas de todas las montañas de la Serra de Tramuntana de Mallorca consiguiendo encontrar otra pequeña población en la Serra des Teixos en el Macizo de Massanella.

 Tras estudiar la nueva especie con las técnicas más modernas y sofisticadas, incluido su genoma comparándolo con el de especies emparentadas, los prestigiosos botánicos Llorenç Sáez y Josep Antoni Rosselló, la describieron y registraron para la ciencia en el año 2012. 


Hace algo más de dos años a mi amigo Xavier Manzano, técnico de protección de especies de la Conselleria de Agricultura, Medio Ambiente y Territorio del Gobierno Balear, se le ocurrió la idea de proponerme un reto casi imposible: hacer germinar semillas de Cotoneaster majoricensis, pues ni ellos ni nadie lo había conseguido hasta entonces. Glups, me dije, ¿quién soy yo para hacer milagros? Le advertí que no me hacía responsable si fracasaba y se perdían inutilmente las valiosas semillas. Acepté con un miedo atroz a fallar.

A finales de septiembre del año 2013 varios técnicos de la Conselleria subieron  a la cima del Puig Major y consiguieron recolectar once frutos de un único ejemplar. Pocos días después mi amigo y también técnico de protección de especies Rafel Mas me los trajo una tarde al salir del trabajo.

Al ser un experimento oficial sobre una especie en grave peligro de extinción y no ser yo ni biólogo ni ingeniero agrónomo especialista en reproducción vegetal, mi amiga y también técnico de protección de especies, Eva Moragues, me consiguió el permiso del Conseller para que pudiera cultivar legalmente las semillas.

Ya tenía los frutos y el permiso. Empezaba entonces el reto. Os debo confesar que me gustan los retos, me estimulan, me motivan y me obligan a espabilarme para no fallar a las personas que confian en mí. También me cuesta mucho tirar la toalla y darme por vencido. Así pues lo primero que hice fue investigar la mejor manera de obligar a las perezosas semillas de esta plantita amante de las alturas a despertar de su largo sueño, como si para ello me tuviera que transformar en una especie de príncipe azul que besa a la bella durmiente y la despierta de su sueño eterno. Me fue de gran utilidad un libro, al que guardo como un tesoro, que me regaló mi amigo Antoni Font, titulado "Semillas de Árboles y Arbustos Forestales" de Gabriel Catalán Bachiller. En él se explica la mejor manera de hacer germinar las semillas de las plantas forestales más reacias a hacerlo. Por supuesto no está el Cotoneaster majoricensis, pero sí especies emparentadas.

Metí los once frutos en un vaso de agua con dos gotas de lejía para reblandecer su reseca y dura pulpa y tras 24 horas de maceración procedí a retirar la pulpa y limpiar bien las diminutas semillas metiéndolas en un coladorcito bajo el chorro del grifo de la cocina. De los once frutos obtuve 23 semillas, una de ellas muy pequeña y probablemente no viable. 

Pensando en cómo podía evitar perder las diminutas semillas entre la tierra de estratificación miré a mi alrededor y se me iluminó la mente al ver unas cabezas de ajos en un saquito de malla de plástico.

 Saqué los ajos, limpié bien el saquito bajo el grifo y metí dentro las semillas. 

Detalle de las semillas en el saquito de ajos.

Una pequeña fiambrera redonda se me antojó perfecta para el cometido.

La llené de tierra vegetal tipo Composana, la humedecí sin encharcarla, enterré en ella el saquito y tapé la fiambrera.

La metí en la nevera en el fondo del estante para verduras a una temperatura entre 6 - 7ºC y me olvidé de ella por un tiempo. Era día 28 de septiembre de 2013.

Esta estratificación en frío durante 3 - 5 meses persigue desbloquear el llamado letargo interno de las semillas. El frío intenso equivale a la hibernación en los mamíferos, pues simula el largo invierno bajo la nieve que soportan los frutos del Cotoneaster en las cimas más altas de la Serra de Tramuntana. Al empezar la primavera y aumentar las temperaturas, las semillas notan el calor y el pequeño embrión que contienen despierta de su letargo, como despiertan los lirones y los osos de la hibernación.

Unos 4 meses después, día 25 de enero de 2014, llené 23 compartimentos de un semillero con tierra vegetal tipo Composana, que siempre me ha dado muy buenos resultados.

Saqué la fiambrerita de la nevera y pude comprobar que las semillas habían sido micorrizadas por el micelio de un hongo micorriza.

Detalle de la maraña de filamentos blancos del micelio de micorriza.

En este momento es muy importante no quitar la cubierta de micelio de las semillas. Como sabéis las raíces de todas las plantas, especialmente las forestales y en general todas las silvestres, viven en simbiosis con un hongo micorriza, a veces específico y exclusivo de cada planta y otras veces inespecífico, pudiendo micorrizar el mismo hongo diferentes especies.

Aquí tenéis las 23 semillas, ya estratificadas y con los dos letargos superados. El letargo interno lo superan con largos meses de frío intenso. El letargo externo, el que les confiere la dura e impermeable cutícula que rodea el embrión e impide que éste se hidrate y pueda germinar, se supera también con la estratificación por la acción de las bacterias y hongos de la tierra, incluido el hongo micorriza, que corroen o escarifican la cubierta más dura de la cutícula y la hacen permeable a la entrada de agua en el interior de la semilla.

En la naturaleza la escarificación es mucho más rápida, pues la planta aprovecha los jugos digestivos de las aves y roedores que se alimentan de sus frutos, de manera que al defecar esparcen las semillas con sus excrementos con la cutícula ya perfectamente escarificada y permeabilizada a la hidratación. El paso por el tubo digestivo les permite superar con rapidez el letargo externo y ya sólo les queda por superar el letargo interno soportando durante unos meses las bajísimas temperaturas de las cimas de las montañas.

Con un palito procedí a hacer un agujero en la tierra de cada compartimento.

Y eché en cada uno de ellos una única semilla, cubriéndola con medio centímetro de tierra.

Tras un riego generoso cubrí el semillero con una rejilla de plástico, para evitar la instintiva tendencia de los mirlos que al ver la tierra húmeda suelen escarbar en las macetas en busca de lombrices, perdiéndose así las semillas.

Ahora empezaba lo más delicado del proceso. Los pequeños fragmentos de micelio de micorriza que cada semilla llevaba pegados debían crecer en la tierra de cada compartimento y estimular  así la germinación. Una vez producida ésta, sus filamentos blancos rodean las raicillas de la diminuta planta y empieza la simbiosis, la asociación mutualista que durará toda la vida del Cotoneaster. El hongo micorriza absorbe agua y nutrientes minerales de la tierra y, mediante unas pequeñas anastomosis entre los filamentos del micelio y las raíces, los transfiere a la planta micorrizada. Ésta le devuelve el favor transfiriéndole a cambio azúcares, proteinas y otros nutrientes sintetizados en las hojas mediante la fotosíntesis. Tu me das, yo te doy. Así funciona la vida en la naturaleza. La simbiosis es un mutualismo positivo perfecto. La otra simbiosis en la que una de las partes es explotada sin recibir nada a cambio se llama parasitismo.


Mi sorpresa fue mayúscula cuando el día 19 de abril de 2015 vi que habían nacido dos pequeños Cotoneaster a los 15 meses de la siembra de las semillas. Fue tan grande mi satisfacción que casi me puse a saltar como un niño de pura alegría. ¡Lo había conseguido! ¡Había superado el reto! Enseguida escribí un email a Eva, Xavier y Rafel  y otro a Josep Antoni Rosselló i Llorenç Sáez comunicándoles la buena noticia y después publiqué esta misma foto en mi facebook. A los pocos días nacieron otros dos ejemplares y unas semanas después se asomó al mundo el quinto que por desgracia no logró sobrevivir.

Y aquí tenéis el resultado a los 619 días de la siembra, o lo que es lo mismo, a los 738 días de iniciado el proceso de la estratificación en frío. Las semillas que no han germinado lo pueden hacer en las próximas primaveras, ya que a veces tardan hasta 5 años en germinar.

Hace unos días me llamó Xavier Manzano para preguntarme si podía venir a buscar los Cotoneaster y ayer por la mañana, día 6 de octubre de 2015, vino a primera hora acompañado por Eva Moragues. Se los llevaron directamente a la cima del Puig Major para sembrarlos en su hábitat natural y reforzar así la exígua población existente.

 Eva Moragues y Xavier Manzano posando con tres de los cuatro Cotoneaster majoricensis que sembrarán cerca de su madre.

 Con un servidor.

Dos de los Cotoneaster, tal vez los más sanos, vistos desde arriba.

Los mismos ejemplares vistos de lado.

Uno de los Cotoneaster visto de cerca.

Este es el tercer ejemplar que pasará el resto de sus días sembrado en su hábitat natural cerca de su madre.

 Visión cercana de uno de los Cotoneaster majoricensis en el que se aprecia la abundante pilosidad que cubre las hojas, sobretodo por el envés, los pecíolos y los brotes tiernos.

Los pelos son muy largos.

Xavier llevaba una lupa de botánico y nos hizo ver la abundante pilosidad.

Me hace mucha ilusión que estos tres pequeñajos de sólo cinco meses, que he cuidado con paciencia regándolos cada día durante el largo, tórrido y reseco verano mallorquín, ayuden a salvar la especie de la extinción. En esta imagen todavía estaban en mi huerto.

Y aquí los tenéis tras el viaje, primero por carretera y después a pie salvando desniveles vertiginosos, que les ha llevado a las altas cumbres de la Serra de Tramuntana, donde crecen los escasos ejemplares que logran sobrevivir a la depredación despiadada de la plaga de cabras asilvestradas, que curiosamente ningún político de ningún partido se ha atrevido jamás a controlar de verdad, pues parecen impedírselo poderosos intereses cinegéticos de "caza mayor" que mueven miles de euros, abonados generosamente por cazadores europeos multimillonarios que pagan cantidades astronómicas a los propietarios privados de las montañas por abatir los machos cabríos más hermosos y reducir así el estres que les ocasionan sus importantes negocios en sus impecables, pulcros y perfectos países del centro y norte de Europa.

Este escarpado desfiladero con una gran pendiente, orientado hacia el norte, es decir, hacia el cercano mar Mediterráneo que les va a aportar con regularidad la preciada humedad marina que tanto necesitan para sobrevivir, va a ser su hogar a partir de ahora. Eva y Xavier lo han elegido por estar cercado con tela metálica a prueba de cabras, por la abundante tierra calcárea que se acumula entre las rocas y por su orientación norte, que les asegurará un ambiente fresco y sombrío.

Me llena de orgullo y satisfacción ver a mis pequeñajos ya sembrados en su hábitat.

Otro ejemplar recién sembrado por Eva y Xavier. Ojalá sobrevivan los tres, logren alcanzar la madurez dentro de 6 ó 7 años y produzcan muchas semillas viables que faciliten su supervivencia.

La Consellería me ha autorizado a quedarme con el cuarto ejemplar, para que lo siembre en mi huerto-jardín y sirva en el futuro como fuente de semillas para la reproducción y la repoblación.

Es el único que presenta una ligera clorosis. Se ve que la tierra vegetal es demasiado ácida para él, pues está adaptado a la tierra calcárea y arcillosa de las montañas mallorquinas.

En esta imagen se aprecia mejor la clorosis de las hojas.

Para darle un ambiente más acorde con sus gustos, he mezclado 4/5 partes de tierra calcárea de mi jardín con 1/5 parte de tierra vegetal.

Antes de rellenar la maceta con la mezcla de tierras he cubierto el fondo con piedras del mismo huerto como drenaje.

Y aquí tenéis a mi pequeñajo que se ha quedado con papá.

Espero y confío en que la tierra caliza con un ph aproximado de 7'5 sea de su agrado y supere rápidamente la clorosis. Si todo va bien dentro de unos años medirá alrededor de un metro y entonces empezará a producir ramilletes de florecillas blancas y sus primeros frutos piriformes.

A diferencia de la mayoría de rosáceas el Cotoneaster majoricensis es capaz de madurar sus frutos por partenocarpia y producir semillas viables por partenogénesis sin necesidad de polinización cruzada. Ello es debido a una mutación relativamente frecuente en las plantas y especialmente en los helechos llamada Apogamia o Apomixis gametofítica, en la que queda bloqueada la meiosis durante la formación de las células germinales femeninas y en lugar de producir gametos haploides con la mitad de cromosomas, se produce una mitosis dando lugar a ovulos diploides con una dotación genética idéntica a su madre, que se convertirán en semillas viables y, si germinan, nacerán de ellas plantas clónicas todas ellas con el mismo genoma que sus hermanas y su madre partenogenética. Así eran pues las 23 semillas que sembré y así son los cuatro ejemplares que han conseguido germinar. Mi pequeño Cotoneaster, a pesar de estar solo en el huerto y a muchos kilómetros de los ejemplares más cercanos, podrá producir frutos y semillas viables gracias a la apomixis gametófítica. ¡Benditas mutaciones!

Edito esta entrada tras siete meses, día 7 de mayo de 2016, para mostraros mi diminuto Cotoneaster, que ha superado sin problemas el largo invierno y ahora está brotando vigorosamente. Le creía muerto y ahí lo tenéis, más hermoso y lozano que nunca.

Lo más sorprendente es la revitalización súbita de sus hojas "muertas" tras las lluvias de estos días. Habían permanecido caídas hacia abajo, mustias, resecas, marrón-grisáceas, es decir, muertas, durante los meses de invierno y en un par de días, nada más empezar a brotar la hermosa hoja nueva del ápice, las hojas viejas se han levantado, enderezado, rehidratado, expandido, reverdecido, con la misma clorosis que presentaban antes del invierno, como si nada hubiera ocurrido. Por suerte la nueva brotación no presenta ningún síntoma de clorosis, como podéis comprobar por su intenso color verde. Esta curiosa forma de hibernación es una sorprendente adaptación para sobrevivir al frío intenso de las altas montañas mallorquinas que son su hábitat natural y a la sequía que a veces tortura a los seres vivos de la isla algún que otro invierno. Ignoro si los ejemplares que viven en las cimas de las montañas se comportan como caducos, perdiendo las hojas en otoño. Lo que si queda demostrado es que mi pequeño Cotoneaster no es caduco, sino más bien marcescente y reverdeciente: las hojas se secan, pero no se caen, permanecen todo el invierno péndulas y casi pegadas al tallo, rodeándolo como si de un abrigo se tratase, exactamente igual que las hojas de los robles marcescentes, pero, al contrario que en éstos, en que las hojas viejas se caen con la nueva brotación primaveral, en el caso del Cotoneaster majoricensis, no sólo no se caen, sino que reverdecen.

 Yo alucino, ¿y vosotros?

Edito este artículo el día 28 de agosto de 2016 para que veais lo magnífico que se ha puesto mi pequeño Cotoneaster majorocensis.

En menos de cuatro meses desde la última foto ha triplicado su tamaño y ahora, a finales de agosto, está brotando vigorosamente.

Edito de nuevo este artículo el día 17 de noviembre de 2016 para mostraros su evolución en dos meses y medio.

El brote de la derecha se ha desarrollado bastante, superando al de la izquierda que en agosto era el más vigoroso.

40 comentarios:

  1. Enhorabona!! Una gran feina! Ets un crak!! Una abraçada.

    ResponderEliminar
  2. Extraordinario trabajo, "no pierda usted las buenas mañas".
    un fuerte abrazo chicharrero.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias, Jesús. Un fuerte abrazo mallorquín.

      Eliminar
  3. Ei! quina enveja botànica. Ets un afortunat. Una forta abraçada des del Pirineu!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Moltes gràcies, La Colina del Arrendajo.
      Una forta abraçada.

      Eliminar
  4. Interesante y loable, me ha gustado mucho la iniciativa y el artículo.

    ResponderEliminar
  5. Me alegra mucho el éxito de tus desvelos, ojalá prosperen y se recupere esta especie.
    Un abrazo

    ResponderEliminar
  6. Ets lo millor de lo millor! Quin orgull conèixer-te, Juan! Molt bona feina! Enhorabona!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Moltes gràcies, Cati. Em faràs empegueir. Una abraçada.

      Eliminar
  7. Me alegro que todo haya salido como querías. Ahora, que esos vástagos superen las adversidades en su crecimiento y se transformen en unos bellos y sanos ejemplares y contribuyan a la salvación de la especie. Enhorabuena
    Saludos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias, Pini. Que tus deseos, que también son los míos, se hagan realidad. Saludos.

      Eliminar
  8. Es un trabajo admirable el que has hecho y ahora sólo queda que la naturaleza siga su curso y los cotoneaster prosperen en su hábitat.
    Siempre nos das una lección, hoy la de que el esfuerzo y el trabajo bien hecho siempre da buena recompensa.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  9. Gran trabajo Juan. Pero da un "miedo" dejar esas plantitas solas en el monte; tan pequeñitas .... Un abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Antonio. Así es y más todavía habiendo miles de bocas famélicas de cabras. Un abrazo.

      Eliminar
    2. Muy rara vez se observa en blog alguno sobre estos temas de gran amplitud rigurosidad semejante. Gracias, es un estimulo para quienes ven y estudian practican el asunto en su maxima capacidad.

      Eliminar
    3. Muchas gracias, antigonum cajan.

      Eliminar
  10. Como siempre, me ha encantado leerte, Juan. ¡Enhorabuena!

    ResponderEliminar
  11. ¡Muy buen trabajo, Juan, no hay semilla que se te resista!

    un abrazo

    José Angel

    ResponderEliminar
  12. !Sí señor!, me desenrosco la boina caballero. Menos mal que aún quedan algunos que se preocupan por cuidar de las cosas pequeñas entre tanto mediocre miope y tanto delincuente suelto explotando lo público sin piedad desde hace décadas.

    Me has alegrado el día, hasta podría decir que la semana oye.

    Preguntas inevitables. 1 ¿porqué no han llevado ninguno a jardines botánicos?, 2 ¿no sería posible injertar material de esos árbustos en otros cotoneaster para multiplicar el material y obtener más semillas antes? y la tercera picantona ¿crees que el botánico o botánica a la que podrían haber contratado para hacer ese trabajo (si no los tuvieramos tan mal acostumbrados a coger la pasta y luego encontrar a alguien que haga el trabajo gratis) está en el paro o simplemente se ha ido de España?

    pvaldes

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias, pvaldes. No sé responder a tus tres preguntas. Carezco de la información.

      Un saludo.

      Eliminar
  13. Enhorabuena Juan por tu hermoso y eficiente trabajo!!!

    ResponderEliminar
  14. Hola Joan. Quina sorpresa! Els ejemplars del Puig Major perden totes les fulles a l'hivern. Sempre. Es curiós el que ha passat a ca teva, amb unaltre clima s'ha comportat d'una manera totalment diferent!
    Salut i fins aviat!!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Xavier: Idò vaja misteri. Es veu que al clima quasi a nivell del mar del meu hort es comporta com marcescent i reviscola les fulles a la primavera. A veure com va evolucionant al llarg dels anys. Vos mantendré informats.
      Salut i fins aviat!!!

      Eliminar