La naturaleza es obstinada, tiene muchos recursos y es sorprendentemente sabia. Las especies, para no extinguirse, mutan, se hibridan, se adaptan a nuestras agresiones, hibernan, estivan, las mejores y las más fuertes sobreviven. No todo está perdido.
Hace unos meses acabé de escribir el relato novelado sobre la azarosa vida de La morisca andalusí. En él describí un delicioso plato medieval prácticamente vegetariano llamado Cogollos de hinojo a la granadina, cuyos ingredientes se adaptaban a los alimentos que había en Europa hace 500 años. Todavía no habían llegado las numerosas frutas, hortalizas y cereales de la recién descubierta América (patatas, tomates, pimientos, calabazas, frijoles, maiz, cacao, mandioca, piña tropical, aguacates, chirimoyas, guayabas, zapotes, lúcumos, papayas, maracuyás, alquejenjes, grumichamas, feijoas, tomates de árbol, etc).
Hoy he querido demostrarme a mi mismo que este plato morisco no es una fábula sino que se puede preparar con relativa facilidad. Os aseguro que me ha sabido a gloria. Es un guiso para chuparse los dedos. Las proporciones de los ingredientes pueden variar según el gusto del cocinero o los comensales.
Ingredientes para cuatro personas
-4 cogollos grandes de hinojo.
-100 gramos de avellanas tostadas.
-3 ajos pelados.
-12 granos de pimienta negra.
-1 cucharadita de semillas de comino.
-1 ramita o una cucharadita de canela en polvo.
-El zumo de dos limones.
-El zumo colado de dos granadas.
-1 cucharada de miel de azahar.
-3 hojas frescas de laurel. -4 huevos hervidos.
-Aceite de oliva.
-Agua.
-Sal.
Se
limpian bien los cogollos de restos de tierra, se echan en una olla con
agua y sal y se hierven hasta que estén tiernos. Se sacan del agua, se
escurren y se cortan a rodajas. Se echan en una sartén con aceite de
oliva y se saltean hasta quedar ligeramente tostados. Se sacan y se
reservan. En
un mortero grande se pican finamente tres ajos, 100 gramos de avellanas
tostadas, una docena de granos de pimienta negra y una cucharadita de
semillas de comino. Una vez picado se le añade el zumo de dos
limones, una cucharada de miel de azahar, el zumo colado de dos granadas
bien maduras, una cucharadita de canela en polvo y sal al gusto. Si no se dispone de canela en polvo se puede picar una ramita junto con los demás ingredientes. Se
mezcla todo y se deja reposar unos minutos. En
una cazuela grande de boca ancha se echan seis cucharadas del aceite de
saltear el hinojo, tres hojas frescas de laurel y la picada de ajos y
avellanas. Se remueve sin parar para que no se queme ni se pegue y
cuando ha adquirido el aspecto de una crema suave y brillante se echan
encima las rodajas de hinojo previamente salteadas y se mezclan bien con
la salsa removiendo con un cucharón de madera durante unos minutos. Se
retira la cazuela del fuego, se prueba si está bien de sal, se le
añaden por encima los huevos hervidos partidos por la mitad, se deja
reposar todo un par de minutos y se sirve.
De este fantástico árbol asiático, que sobrevivió misteriosamente a la letal radiación de las bombas atómicas que asolaron Hiroshima y Nagasaki, se ha hablado largo y tendido en libros e internet. No quiero repetir sus virtudes ya conocidas, sólo compartir con vosotros una curiosidad en las semillas de esta maravilla de la naturaleza.
Mi joven Ginkgo biloba con sus llamativas hojas amarillas preparándose para la hibernación en diciembre. Recomiendo ampliar las fotos con un doble click.
Como ya todo el mundo sabe, el ginkgo es dioico, tiene pies masculinos y pies femeninos. En parques y jardines se suelen plantar ejemplares masculinos, pues los femeninos producen unos frutos cuya pulpa emite un olor nauseabundo cuando está bien madura por su riqueza en ácido butírico.
Brotación primaveral en mayo.
La inmensa mayoría de árboles dioicos producen semillas cuyo sexo no se puede saber hasta que los árboles surgidos de ellas han crecido lo suficiente para florecer. El Ginkgo biloba es una excepción. Sus semillas tienen formas diferentes según el sexo del embrión que contienen.
Frutos de Ginkgo día 30 de julio.
Primeros frutos de mi ginkgo hembra recién caídos día 15 de octubre de 2023. Ha tardado 32 años en fructificar por primera vez.
Frutos maduros recogidos del suelo debajo de la madre de mis dos ginkgos en noviembre de 2006.
Aquí podéis ver claramente la diferencia que permite distinguir las semillas del que será un árbol femenino (arriba) y un árbol masculino (abajo). La cáscara de las semillas femeninas tiene sólo dos valvas, mientras que la de las semillas masculinas tiene tres.
Semilla femenina bivalva a la izquierda y semilla masculina trivalva a la derecha.
De esta manera tan sencilla se puede conocer el sexo de los futuros árboles sin tener que esperar entre 20 y 30 años a que den las primeras flores. Otro detalle curioso de este árbol que lleva 270 millones de años sobre la Tierra es la exagerada desproporción entre las semillas femeninas con aproximadamente el 95%-98% y las masculinas que representan sólo entre el 2% y el 5% del total. La naturaleza es muy sabia y sabe que el polen de las flores de un sólo macho es suficiente para polinizar las flores de un centenar de hembras. Para perpetuar la especie, pues, resulta mucho más inteligente y económico gastar energía produciendo semillas femeninas.
Hola amigos, me imagino que os habrá sorprendido el título que le he dado a la entrada. Tranquilos, ahora os lo explico.
Solanum linnaeanum
Estos tomatillos o manzanitas del diablo son los frutos de una solanácea sudafricana invasora que lleva varios siglos perfectamente naturalizada por toda la cuenca mediterránea. En Mallorca los llamamos "METZINES" del verbo catalán "emmetzinar" = envenenar, porque antiguamente se utilizaban mezclados con la comida para matar a las personas no deseadas o como venganza al más puro estilo siciliano (vendetta).
Era típica laCOCA de METZINES (una "coca" es el equivalente mallorquín de las pizzas italianas). La cocinera preparaba una deliciosa "coca de trempó" = ensalada mallorquina a base de tomates, pimientos verdes, cebolla, ajos, todo cortado en trozos pequeños y aliñado con sal y aceite, que se podía comer tal cual o se podía poner sobre una masa hecha con harina, levadura natural, manteca de cerdo o aceite y sal, bien aplanada en forma redondeada o cuadrada con el borde un poco elevado para que los jugos del "trempó" no se saliesen de la coca durante la cocción.
Lo que la hacía venenosa era la media docena de tomatitos del diablo (metzines) que la cocinera mezclaba con el "trempó" bien troceados y bien disimulados con los demás ingredientes. Una vez horneada la coca, era muy dificil distinguir los trocitos de metzines pues saben a tomate y la víctima no notaba nada raro en el sabor.
Al poco rato de comerse la coca empezaba a sentir dificultades severas para respirar, violentos espasmos abdominales, vómitos terribles y diarrea intensa que iban en aumento, llegando a vomitar y defecar sangre.
Si había comido muchas "metzines" y/o era una persona debil, podía incluso morir por hepatitis tóxica, edema pulmonar y parada cardiorespiratoria
Era una venganza al más puro estilo mafioso o bien un intento de asesinato de una esposa harta de su marido. El que muriera o no la víctima dependía de la cantidad de tomatillos que ingería y de su fortaleza física.
Al igual que la gran mayoría de higueras mediterráneas que son casi
todas hembras partenocárpicas, capaces de madurar los higos sin
necesidad de ser fecundadas, nuestros caquis son también todos hembras
partenocárpicas, maduran sus frutos sin ser polinizadas y éstos no tienen por
tanto ninguna semilla o, mejor dicho, no deberían tenerla.
Los caquis, Diospyros kaki, son originarios de China y desde hace
muchos siglos se cultivan en el Japón. De allí fueron llevados al Mediterráneo donde encontraron un clima ideal similar al de su origen. Actualmente
se cultivan en todas las regiones del mundo con un clima
mediterráneo. Salvo alguna excepción, todas las especies del género Diospyros son dioicas, con árboles machos y árboles hembras. Pertenecen a la familia de las
Ebenaceae.
Y os preguntaréis ¿porqué a veces los caquis tienen semillas si en teoría no hay ningún macho asiático en todo el Mediterráneo? La respuesta es muy sencilla. El secreto está en el pie o patrón sobre el que están injertadas la mayoría de hembras cultivadas, el Diospyrus lotus, un árbol que vive de manera natural desde Europa hasta Asia y puede alcanzar una altura de 30 metros. Sus frutos son muy pequeños, no suelen superar los 2 o 3 centímetros de diámetro y bien maduros son muy dulces. En la antigua Grecia era muy apreciado como árbol frutal mucho antes de la llegada de los caquis asiáticos. Los frutos se comían tanto frescos como desecados como si fueran uvas pasas, ciruelas pasas u orejones de albaricoque. Precisamente el nombre del género Diospyros procede de la unión de dos palabras griegas: Dios y Pyros, que traducido significa Trigo de Zeus.
Diospyros lotus hembra asilvestrado, nacido de una semilla en la falda de una montaña de la Sierra de Tramontana de Mallorca.
Frutos diminutos y muy numerosos del Dyospyros lotus
anterior. Suelen tener muchas semillas y deben estar bien maduros para ser comestibles, ya que de lo contrario son muy astringentes por la gran cantidad de taninos que contienen.
Y surge una nueva pregunta. ¿Cómo ha conseguido asilvestrarse en Mallorca esta especie alóctona? De nuevo la respuesta es muy sencilla. El Diospyros lotus tiene una fuerte tendencia a echar hijuelos de raíz a veces a mucha distancia del árbol original. En
teoría el árbol que venden en los viveros es un caqui asiático de la especie Diospyros kaki, pero sus raíces son de Diospyros lotus, muy utilizado como patrón por su gran rusticidad y resistencia a la sequía y a todo tipo de suelos, de manera que prácticamente el 100% de los caquis que se venden en los viveros están injertados sobre Diospyros lotus.
Tarde o temprano, sobre todo cuando el injerto de caqui va envejeciendo y empieza a perder fuerza, las raíces del patrón echan muchos hijuelos y si no son arrancados crecen muy deprisa y en pocos años se convierten en árboles, todos ellos hermanos clónicos unidos por sus raíces al clon-madre original, es decir, que en realidad son un mismo individuo. Puesto que los viveristas consiguen los patrones de Diospyros lotus sembrando semillas, de ellas nacen árboles macho y árboles hembra que son injertados con una púa o yema de caqui hembra mucho antes de conocer su sexo.
Así pues los patrones de nuestros caquis pueden ser machos y hembras y sus hijuelos de raíz lógicamente también. Si aquí y allá un caqui abandonado en una finca de frutales o en un huerto acaba echando hijuelos y éstos llegan a florecer y a dar frutos, los pájaros se los comen como si de un bombón se tratase y dispersan luego las semillas lejos de su madre. Alguna logra germinar si cae en un lugar propicio y de ella nace un caqui asilvestrado, que en el caso de ser macho producirá flores con polen que fecundará las flores femeninas de un caqui cultivado partenocárpico. Ésta es pues la explicación de las semillas que tienen a veces nuestros caquis.
Aquí podemos ver la jugosa y apetitosa pulpa de un caqui en la que se puede distinguir por transparencia un hueso en la mitad superior. Si ampliáis la foto con un doble click lo veréis mejor. Este hueso es un hibrido entre Diospyros lotus y Diospyros kaki. Antiguamente los campesinos sembraban estos huesos y llamaban caquis bordes a los árboles híbridos que de ellos salían. Si nacía un macho lo injertaban de caqui hembra partenocárpica y si nacía una hembra la dejaban sin injertar, puesto que sus pequeños frutos eran deliciosos bien maduros.
Otro caqui con tres semillas. El caqui que da estos frutos tan jugosos ha echado varios hijuelos a tres metros del tronco que tienen las hojas típicas del Diospyros lotus, muy diferentes a las del Diospyros kaki que tiene injertado encima. Esta próxima primavera quiero probar de injertar uno de estos hijuelos con una estaca o una yema de Diospyros digyna, un extraño caqui originario de México que los nativos llaman Zapote negro por sus frutos de pulpa negra como el chocolate.
Siempre me acordaré de un caqui borde que mi abuelo paterno había sembrado de un hueso junto a un pozo de una finca cercana a la aldea de Randa en el centro de Mallorca. Producía unos caquis pequeñitos de pulpa compacta extraordinariamente dulce y aromática, sobre todo la parte más oscura que rodeaba las semillas que era la mejor. Su pulpa era tan consistente que los caquis caían al suelo cuando estaban maduros y no se chafaban. En otoño yo disfrutaba yendo con mi abuelo a cosechar los frutos del caqui borde, montados los dos en el carrito tirado por Margarita, una pequeña burrita muy peluda de raza mallorquina. Producía tantos caquis que yo me daba un atracón y luego ayudaba a mi abuelo a llenar una gran cesta de mimbre con los que quedaban para llevarlos a casa. Incluso le daba media docena a Margarita directamente en la boca como si fueran caramelos. Tanto a ella como a mí nos gustaban mucho. Un invierno llovió torrencialmente, se formó una gran balsa de agua estancada y el caqui borde se murió con las raíces podridas.
Semillas híbridas de caqui extraidas de un caqui cultivado.
Flores masculinas de un Diospyros lotus
asilvestrado que conseguí a partir de un hijuelo de raiz cogido en la montaña. Lo tengo sembrado en mi jardín y el polen de sus flores poliniza mis tres Diospyros kaki hembras. Del mismo modo que los higos son mucho más dulces y aromáticos si son polinizados, los caquis fecundados por el polen del Diospyros lotus son mucho más sabrosos y cuantas más semillas tienen mejor. La pulpa que rodea las semillas es extraordinariamente rica en azúcares.
Flor femenina de caqui partenocárpico.
En otoño y principios de invierno, cuando la fruta escasea, tanto los caquis de los árboles cultivados como de los asilvestrados son una valiosa fuente de alimento para las aves. En la imagen tomada a principios de octubre se ve un caqui picoteado por petirrojos, mirlos y mosquiteros comunes.
Video muy interesante en Youtube, donde se ven caquis silvestres cargados de frutos en un bosque de China, recolectados por una muchacha, pelados y secados, y finalmente guardados para que sirvan de alimento en el gélido invierno---> https://www.youtube.com/watch?v=QHTnuI9IKBA
Éstas son las galletas saladas típicas de Mallorca, tal como las ha elaborado siempre mi madre que ayer cumplió 85 años.
En Mallorca las llamamos Galletes d'Inca, Galletes d'oli, Galletes fortes o Galletes marineres y son una verdadera delicia, sobre todo calentitas recién sacadas del horno. Sus ingredientes son muy sencillos, sanos y baratos y su elaboración muy fácil.
Ingredientes:
Un vaso de agua tibia y un vaso de aceite de oliva, exactamente la misma cantidad de ambos líquidos, levadura natural de pan, sal al gusto y la harina de trigo que se beba. Se pueden hacer sin sal para las personas hipertensas. También se puede poner más agua y menos aceite a gusto del consumidor. Éstos son los auténticos ingredientes tradicionales.
En algunas marcas comerciales, para abaratar costes de producción, se sustituye parte o la totalidad del aceite de oliva por manteca de cerdo, aceite vegetal (el cancerígeno aceite de palma rico en las nocivas grasas saturadas o bien aceite de girasol, de colza o de soja), grasas hidrogenadas o margarina vegetal, lo cual convierte las galletas en insalubres por su alto contenido en colesterol, por el potencial cancerígeno del aceite de palma o por la procedencia poco clara de los aceites utilizados.
Las llamadas grasas hidrogenadas son literalmente colesterol químico procedente del petróleo, mucho más pernicioso para la salud que la manteca de cerdo. La margarina vegetal se elabora solidificando aceite de palma, de soja, de colza o de girasol añadiéndole un 20% de grasas hidrogenadas procedentes del petróleo, es decir, que sería mucho más sano que hicieran las galletas directamente con mantequilla de leche de vaca. Cuando compréis galletas de Inca os recomiendo que leáis los componentes, para que no os den gato por liebre.
Otro detalle que me parece importante reseñar es que la mayoría de marcas comerciales de galletas de Inca utilizan el conservante E-320, Butilhidroxianisol (BHA), un derivado del petroleo con actividad hormonal (disruptor hormonal) que resulta ser altamente peligroso para la salud con efectos nocivos sobre la reproducción y claramente cancerígeno en ratas, prohibido en los países "civilizados" para la alimentación de niños y embarazadas. Encontraréis mucha información al respecto en internet.
Yo he utilizado levadura natural desecada, pero si se tiene levadura fresca es mucho mejor. La harina debe ser la misma que se utiliza para hacer pan.
Para empezar he diluido media bolsita de levadura desecada en medio vaso de agua tibia, a la que he añadido una pizca de azúcar y un poco de harina para activar la levadura, dejándolo reposar unos minutos. En un lebrillo he echado medio vaso de aceite de oliva de buena calidad, el medio vaso de agua tibia con la levadura y un poco de sal y he ido añadiendo harina de trigo hasta que la masa resultante se ha despegado de mis manos y de las paredes del lebrillo, amasándola un rato y formando luego una bola que he dejado reposar unos minutos.
Cuando la masa ha empezado a hincharse por la acción de la levadura, la he aplanado con un rodillo y he ido recortando las galletas con la ayuda de un vaso de boca estrecha.
Con la ayuda de un pequeño tenedor he pinchado el centro de cada galleta.
Así más o menos debe quedar la galleta una vez hecha.
Dependiendo del gusto de cada cual se pueden meter inmediatamente en el horno para que queden más compactas o se pueden dejar fermentar en un lugar caliente para que se hinchen, de manera que queden como un pequeño bollo con el centro hundido.
Tras la cocción se pueden dejar enfriar en el horno apagado para que pierdan agua y queden crujientes.
Con un cuchillo se parten fácilmente por la mitad como si fuera un panecillo para hamburguesa.
Una vez partidas quedan como se ve en la foto.
Son ideales para preparar pequeños bocaditos de lo que se quiera: foiegras, queso, atún, anchoas, sobrasada, mermelada, leche condensada, nocilla, tomate, unas alcaparras con pimentón dulce y aceite, pasta de aceitunas negras o simplemente aliñadas con un chorreón de aceite de oliva virgen extra. Se preparen como se preparen están deliciosas.
Una cena para chuparse los dedos y rebañar pan a gusto.
Esta noche se me ha ocurrido preparar una cena ligerita y muy sabrosa. He apretado con los dedos uno de los aguacates que cogí el otro día en mi jardín para saber si ya estaba maduro, lo he notado blandito pero todavía consistente y me he dicho: "¡Uhmmm, a éste me lo como en guacamole!"
Ingredientes para dos personas:
Dos aguacates de unos 200 gramos cada uno.
Un tomate mediano.
Un pimiento verde mediano o dos si son pequeños.
2 ó 3 cebolletas.
3 ó 4 ajos (a gusto de los comensales).
Una cucharada sopera de alcaparras.
Un chorro de vinagre de Módena.
Una cucharadita de postre de pimentón dulce.
Un chorreón de aceite de oliva.
Sal.
Vinagre de Módena
Pimentón dulce mallorquín de excelente calidad
La preparación es muy sencilla. Se pelan los aguacates, se les retira el hueso y se chafa la pulpa en un plato grande con la ayuda de un tenedor hasta obtener una crema suave con algún grumo. Se pela el tomate, se quita el rabo y las semillas al pimiento, se limpian las cebolletas, se pelan los ajos, se corta todo a trocitos pequeños y se añade a la crema de aguacate. Se le echa una cucharada de alcaparras, una cucharadita de pimentón dulce, un chorro de vinagre de Módena, un chorreón de aceite de oliva y sal al gusto. Se mezcla todo, se prueba y se rectifica de sal si hace falta.
Y aquí tenéis el Guacamole de Ultramar. Lo he acompañado con unos fantásticos mejillones en salsa gallega, que combinan a la perfección con este plato improvisado que me ha sabido a gloria, tanto que he rebañado el plato con pan hasta dejarlo bien limpio. Lo he llamado Guacamole de Ultramar por estar elaborado con una combinación de productos de los dos lados del Océano Atlántico.
El Parque Natural de Sa Dragonera era una de mis asignaturas pendientes. Aprovechando que a principios de octubre el GOB organizaba una excursión ornitológica a esta pequeña isla, me apunté ilusionado con la esperanza de ver un trocito de naturaleza todavía virgen en nuestro destrozado y sobreexplotado archipiélago.
Fue declarado Parque Natural por el Gobierno Balear el 26 de enero de 1995. Está formado por la isla Sa Dragonera y por los islotes Pantaleu y Sa Mitjiana. Ocupa una extensión de 2'88 km2, es decir, 288 hectáreas. Sa Dragonera tiene una longitud máxima de 3700 metros y una anchura de 780 metros. Está separada de la costa de Sant Elm del municipio de Andraitx en la isla de Mallorca por un tramo de mar de unos 800 metros de anchura y de poca profundidad, donde crece un rico bosque submarino de Posidonia oceanica.
Isla Sa Dragonera.
(Recomiendo ampliar las fotos con un doble click)
Islote Pantaleu.
Letrero informativo del Parque Natural de Sa Dragonera situado en el puerto de Sant Elm (San Telmo), justo al lado del pequeño muelle donde se coge la barca turística "La Margarita" que lleva a Sa Dragonera. El pasaje vale 10 euros.
Video doméstico donde se ve en primer lugar el pequeño islote Pantaleu y a continuación la isla Sa Dragonera, cuyo extremo nordeste queda escondido detrás de la costa de Andraitx de la isla de Mallorca. Lo grabé desde el muelle de Sant Elm. Se ve mucho mejor sin ampliar.
Grabé este otro video desde el interior de la barca. Se ve un cormorán buceando muy cerca del islote Pantaleu y después la isla de Sa Dragonera. Estábamos tan cerca que la càmara no me permitió captar la cumbre más alta de la isla, denominada Na Pòpia, que está a 360 msnm. Como en el video anterior tampoco se ve el extremo nordeste de Sa Dragonera.
Acabábamos de bajar de la barca en el pequeño muelle de Cala Lladó. En su agua limpísima nadaban numerosas medusas moradas.
Nunca había visto sargantanas y me sorprendió gratamente la abundancia de estas pequeñas lagartijas endémicas de las Islas Baleares que no temen a la gente. Pertenecen a la subespecie Podarcis lilfordi gigliolii, endémica de Sa Dragonera. En la foto podéis ver un ejemplar tomando el sol al lado de su escondrijo de hojas de lentisco.
Cuatro sargantanas devorando los restos de una manzana.Estaban hambrientas y comían todo lo que les echaba la gente
Otra sargantana con un buen trozo de manzana en la boca.
Detalle del dibujo y los colores de la piel de la sargantana anterior.
Una de las primeras plantas que me llamó la atención fue el endemismo tirrénico Arum pictum con el bellísimo diseño reticulado de las nerviacions blancas de sus hojas. El ejemplar de la foto empezaba a florecer después de las primeras lluvias del otoño.
Este Arum pictum ya había abierto su llamativa flor morada. Su espádice casi negro emite un olor fètido a carne putrefacta que atrae a sus polinizadores que son las moscas carroñeras.
Detalle de la espádice con su típica forma en estróbilo.
Lo último que esperaba encontrar eran helechos. Nada más empezar a caminar, en un tramo del sendero orientado hacia el norte, vi una decena de ejemplares de Cheilanthes acrostica que acababan de despertar de la estivación.
Cheilanthes
acrostica solitaria con las raíces enraizadas en las grietas de esta roca calcárea. Parece increible que pueda sobrevivir con tan poca tierra.
Costa de Sant Elm vista desde Sa Dragonera. Un luminoso sol estaba saliendo por detras de la isla de Mallorca.
Esta bellísima inflorescencia de cebolla albarrana, Urginea maritima, alegraba el camino.
Sus florecillas vistas de cerca tienen un diseño, una luminosidad y unos colores fantásticos.
La nueva brotación de las Euphorbia dendroides nos recordó que había empezado el otoño. A diferencia de la mayoría de plantas estas lechetreznas arbustivas pierden las hojas en verano y permanecen dormidas en estivación, esperando pacientemente las primeras lluvias de finales de septiembre y/o principios de octubre, momento en que despiertan y brotan vigorosamente, cubriéndose de hojas de un llamativo color verde pálido.
La
variante balear de romero de tallos péndulos, Rosmarinus officinalis var.
palaui, es abundante en Sa Dragonera, conviviendo con la forma normal de
tallos erectos.
Otra variante de romero, la de flores albinas, también es relativamente abundante en Sa Dragonera.
La pureza del color blanco de las florecillas es extraordinaria, parecen brillar con luz propia.
Aquí y allá se pueden ver ejemplares con las flores de un color celeste muy claro, intermedio entre la forma normal de flores azules y la de flores albinas.
Me llamó la atención la abundancia del liquen Xanthoria parietina que
teñía de color naranja dorado las rocas calcáreas, como si estuvieran forradas con láminas de pan de oro.
Exemplar
típico de Xanthoria parietina que crece bien redondo extendiéndose como una mancha de aceite.
Cuando llueve las algas del liquen reverdecen y éste adquiere un intenso color verde dorado.
Detalle de los apotecios del micobionte, componente fúngico del liquen, en diferentes fases de maduración. El otro componente, el ficobionte, son algas fotosintéticas que viven en simbiosis entre las hifas del hongo, formando ambos lo que se denomina líquen. Estos orgánulos reproductores, los apotecios, producen ascosporas, sobre cuya superficie se pegan células del alga, de manera que cuando la ascospora germina y empieza a producir hifas como si fueran una telaraña, las células del alga también se reproducen por división celular simple y se intercalan en la maraña de las hifas. Las algas producen azúcares con la fotosíntesis que comparten con el hongo y este absorbe agua y minerales con sus hifas y los comparte con las algas, una simbiosis mutualista perfecta.
Llamaba la atención que hubiera plantas de Phillyrea angustifolia cargadas de frutos negros como la de la foto y otras muchas sin ningún fruto. No vi ningún ejemplar de Phillyrea latifolia ni de Phillyrea media.
Los frutos carnosos, llamados drupas, estaban en diferentes fases de maduración, pasando del color verde al amarillo, después rojizo y finalmente de un intenso color negro. Estan cubiertos por una capa de ceras que les dan esta tonalidad mate pruinosa. Este recubrimiento ceroso tiene la finalidad de irritar el tubo digestivo de las aves y otros animales que se alimentan de estas drupas, provocándolos un efecto laxante, es decir, diarrea, haciendo así que el animal defeque muchas veces y esparza bien repartidas las semillas lejos de la planta madre.
En las rocas que bordean el camino se pueden ver numerosos fósiles, como éste que encontró Christophe Cusin, uno de los excursionistas. Parece el interior de una concha de caracola marina.
Ya divisábamos a lo lejos el Faro de Llebeig, situado en el extremo sudoeste de la isla. El cielo tenía un color espectacular, muy vivo y luminoso.
Cerca del acantilado hay una antigua torre de vigilancia, actualmente abandonada.
Misma torre anterior en la entrada de una pequeña cala.
La torre vigilaba las embarcaciones que se acercaban a la costa de Sant Elm.
Detalle de la torre anterior.
La vegetación es mayoritariamente arbustiva y está formada por Olea europaea var. sylvestris, Pinus halepensis, Pistacia lentiscus, Phillyrea angustifolia, Euphorbia dendroides, Euphorbia charachias, Euphorbia pithyusa, Euphorbia peplus, Rosmarinus officinalis, Ephedra fragilis, Asphodelus aestivus, Urginea maritima, Arum pictum, Arum italicum, Arisarum vulgare, Parietaria lusitanica, Parietaria mauritanica, Limonium dragonericum, Phagnalon rupestre, Phagnalon saxatile, Ajuga iva, Sonchus tenerrimus, Festuca arundinacea, Rhamnus oleoides, Rubia angustifolia, Rubia peregrina, Osyris alba, Cheilanthes acrostica, Polypodium cambricum, Selaginella denticulata, etc...
Caleta entre acantilados. La costa de Sa Dragonera es muy irregular y está llena de pequeñas calas como ésta. Al fondo se distingue la costa de Sant Elm.
Camino de subida al Faro de Llebeig. El bellísimo edificio está en un deplorable e imperdonable estado de degradación.
El excursionista
francés Christophe Cusin tiene una vista prodigiosa, como lo demuestra que pudiera ver desde varios metros de distancia este animalillo diminuto, un insecto rojo de unos tres o cuatro milímetros de la especie Spilostethus pandurus.
Detalle del Spilostethus pandurus.
En
este impresionante acantilado tienen su nido unas veinte parejas de halcón de Eleonor, Falco eleonorae. Mi cámara no me permitió fotografiarlos a tanta distancia. Mientras los observábamos se acercaron al acantilado dos águilas calzadas, Hieraetus pennatus. Sus intenciones no gustaron a los halcones que las atacaron furiosos hasta que consiguieron echarlas.
Halcón de Eleonor en el acantilado anterior. El excursionista Ernesto Nicola y el responsable de la excursión
Manolo Suárez me prestaron sus prismáticos para que pudiera disfrutar de la belleza de estas aves prodigiosas. Muchas gracias por vuestra generosidad, Ernesto y Manolo.
El endémico Limonium dragonericum es relativamente abundante. A principios de octubre estaba en plena floración.
Otro ejemplar de Limonium dragonericum.
El caminito de la ruta de la excursión atravesando la soleada cresta de la isla.
El mismo camino anterior.
Los abundantes ejemplares de Ephedra fragilis estaban cargados de frutos rojos.
Detalle de los llamativos frutos de Ephedra fragilis.
En el camino de vuelta, con su vista prodigiosa, Christophe Cusin vio una plantita diminuta, la labiada Ajuga iva, que los demás no pisoteamos de pura casualidad, pues pasamos justo por encima. Estaba en plena floración después de las
primeras lluvias del otoño.
Sus florecillas rosadas tienen un único gran pétalo en forma de lengua con dos pequeños lóbulos laterales típico de las Labiatae.
Detalle de las flores de Ajuga iva.
Deseo de todo corazón que este trocito de paraíso, esta pequeña esperanza, permanezca para siempre preservada de la codícia humana.