domingo, 21 de febrero de 2021

Livistona chinensis: una bellísima palmera asiática de hojas en abanico que ha conquistado el mundo de la mano del hombre

Hace dieciocho años, en mayo del 2003, visité el Jardín botánico de Roma, allí llamado Orto botanico. Lo que más me impactó fue su impenetrable bosque de bambús con unas cañas de 20 centímetros de diámetro y una altura de más de diez metros. Rodeado de aquellas gramíneas gigantescas, con unos tallos de una dureza pétrea por su riqueza en cristales de sílice, me sentí inmerso en una exuberante selva asiática en la que podía aparecer un oso panda en cualquier momento.
 
 
Otra planta que me llamó poderosamente la atención fue una joven palmera de abanico cargada con grandes racimos de dátiles de un llamativo y bellísimo color azul turquesa-granate metalizado, como podéis apreciar en la imagen.

Y aquí tenéis a la palmera de abanico, Livistona chinensis, del Orto botanico di Roma. Con toda seguridad, tras dieciocho años, su tallo habrá crecido cerca de dos metros. Debe estar preciosa. En el esplendor de su desarrollo alcanzará los 9-10 metros de altura con un tallo de 30 centímetros de diámetro.
 
Y como siempre hago en todos mis viajes me traje un puñado de semillas como recuerdo vivo de mi visita a la ciudad eterna. En cuanto llegué a Mallorca sembré los dátiles en macetas individuales, que tras dos meses de espera germinaron sin problemas. Y aquí tenéis a una de las hijas de la livistona romana (tengo tres plantadas en mi jardín), que a los diecisiete años alcanzó su mayoría de edad y en primavera del año pasado floreció por primera vez y lo hizo en abundancia. Al ser una planta monoica sus flores hermafroditas se autopolinizaron con la ayuda de las abejas, que acudieron golosas a libar su abundante néctar dorado. En la imagen le acababa de cortar los cinco racimos de dátiles maduros antes de su caída y también las hojas más viejas. No quiero que se me llene el jardín con miles de palmeritas hijas, sobre todo bajo su madre. La pulpa anaranjada de sus frutos es una golosina para las aves y las ratas, que harían de dispersoras de sus huesos. En clima mediterráneo libre de heladas se puede llegar a comportar como invasora. Así que a partir de ahora, dada su fecundidad, suprimiré sus racimos antes de madurar los frutos.
 
Una característica de la Livistona chinensis son sus pecíolos casi inermes. Sólo en la base de las palmas más viejas sus pequeñas espinas pueden llegar a ser punzantes.
 
Primera floración de mi livistona más vigorosa a finales de abril de 2020.

Detalle de una inflorescencia.

Fotografía de las cinco inflorescencias a principios de mayo del mismo año.

Pequeñísimas flores apétalas de la Livistona chinensis.

Unos meses después, a mediados de agosto, los dátiles ya estaban engordando.

Detalle de los pequeños dátiles todavía inmaduros. Esta palmera ha nacido para sobrevivir, de ahí que no escatime recursos para producir miles de semillas.

 Dátiles ya maduros a finales de diciembre de 2020.
 
 
En algunos de ellos su cutícula todavía no ha adquirido por completo su intenso color azul turquesa ligeramente morado.

Detalle de los frutos completamente maduros de la palmera de abanico china. Parecen perlas de un intenso brillo metalizado.

 Bajo su oscura cutícula, en cambio, la pulpa presenta un llamativo color anaranjado.

Detalle de un fruto partido por la mitad con sus diferentes componentes: cutícula, pulpa y hueso

Esta palmera vive de forma natural en Japón, Taiwan, las islas Ryukyu y en la provincia de Hainan situada en el sudeste de China. Por desgracia es una palmera invasora. Se asilvestra con facilidad en climas favorables por dispersión de sus huesos por las aves y roedores y se puede convertir en una plaga incontrolable, como ha ocurrido en Bermudas, Hawai, Florida y en algunas islas caribeñas. 
 
Soporta el ataque de la mariposa sudamericana, Paysandisia archon, otra plaga invasora que ha invadido toda la cuenca mediterránea. La mariposa pone sus huevos sobre ella, pero en cuanto nota el ataque de las orugas recien nacidas sintetiza hormonas vegetales que bloquean su metamorfosis, y las orugas acaban muriendo sin poder alcanzar su estado adulto.
 
Bonita, pero nacida para sobrevivir, como todas las plantas exitosas convertidas en cosmopolitas de la mano del hombre.

10 comentarios:

  1. Una palmera muy bonita y los dátiles tienen un color de lo más atractivo.
    Saludos

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  2. Està preciosa Joan. El color dels fruits espectacular, casi com els de la també asiàtica Ophiopogon. Fa il·lusió tancar un cicle i veure les llavors de la planteta que tu vas sembrar.
    Salutacions.
    Cristòfol

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  3. Buenos días ¿son comestibles esos dátiles...?

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    Respuestas
    1. Para las personas no lo sé. De todas formas la pulpa es muy escasa y seca.

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    2. En Líbano aprendí que los dátiles frescos se comen también, se les llama balah, de forma diferente a cuando están ya secos, tamer. Hay que tener cuidado porque frescos son muy astringentes y comer pocos. Tienen una textura como de manzana verde muy crujiente y un sabor parecido, por ácido y fresco.
      Son todo un espectáculo en las fruterías, por el color de granate y amarillo que tienen, según las palmeras.
      Gracias!

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    3. Gracias por tu aportación, Marta. Un saludo.

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