jueves, 1 de abril de 2021

ABIES PINSAPO, NUESTRO ABETO DE RONDA

 

Ahora es un endemismo exclusivo de Cadiz y Málaga, pero hace siete millones de años, en pleno Mioceno Tardío, vivía en todo el llamado Macizo Bético-Rifeño, un pliegue tectónico que surgió del choque entre la placa africana y la europea, que iba desde las entonces montañas Baleares (que al subir posteriormente el nivel del mar mediterráneo, tras la gran crisis climática del Mesiniense, se convirtieron en las actuales islas Baleares) hasta las montañas del Rif marroquí, pasando lógicamente por la Serrania de Ronda. Este pliegue tectónico miocénico, junto con un cambio climático que enfrió el planeta, provocó el desecamiento casi completo de la Cuenca Mediterránea y la acumulación del agua dulce en la Antártida.

 Límites del Macizo Bético-Rifeño durante el Mioceno Tardío. 
 
El actual río Guadalquivir era entonces una gran lengua oceánica adentrándose hacia el interior de lo que con el pasar de los millones de años sería la Península Ibérica. Y el mar Mediterráneo se había convertido en un desierto con algunos lagos salobres, hacia donde volaban bandadas de millones de flamencos para alimentarse de crustáceos y algas halófilas.

La distribución actual de dos helechos relictos nos demuestra bien a las claras la existencia del Macizo Bético-Rifeño: la especie Dryopteris tyrrhena, que en la actualidad sólo vive en la cima del Puig Major en plena Serra de Tramuntana de Mallorca y en la Sierra Nevada granadina, única localidad de este helecho en la Península Ibérica; y la especie Asplenium azomanes cuyas poblaciones actuales se distribuyen por todas las montañas que un día formaron el Macizo Bético-Rifeño, desde Mallorca, Ibiza y Formentera hasta el Algarve portugués, pasando por Murcia, Almería, Albacete, Jaen, Granada, Málaga y Cádiz.
 
Cuando con un nuevo movimiento tectónico de las placas europea y africana se separaron Europa y África, se formó el actual Estrecho de Gibraltar, que permitió la entrada de agua del océano Atlántico hacia el mar Mediterráneo, la cual, junto con un cambio climático que calentó el planeta y favoreció un aumento de las lluvias, llenó la Cuenca Mediterránea en tan solo mil años. Los científicos calculan que la catarata de agua atlántica que caía dentro del mediterráneo medía unos asombrosos 2.000 metros. 

Fue entonces, al quedar separadas las poblaciones del Abies pinsapo béticas de las rifeñas, que las norteafricanas, con el pasar de los millones de años, a través de mutaciones adaptativas, se diversificaron en dos nuevas especies de abetos, claramente emparentadas con el Abies pinsapo, pero con cambios genéticos y fenotípicos suficientes para definirlas como especies diferentes: Abies maroccana y Abies tazaotana.

 
Y aquí tenéis a mi Abies pinsapo, mi niño mimado. Acaba de cumplir 36 años y mide unos cinco metros. Nació en la primavera de 1985. Cuando en 1987 lo compré como prebonsai en un vivero especializado en la producción y venta de estos mini-árboles media unos 15 centímetros. Entonces todavía no tenía tierra propia y me dedicaba a los bonsais. Cuando en octubre de 1989 adquirí un huerto de naranjos en la falda de una montaña que mira al mar, situado en plena Serra de Tramuntana de Mallorca, indulté a todos mis pequeños árboles y los planté en tierra para que pudieran crecer libres y a sus anchas, y en definitiva felices a su manera, bien repartidos por las ocho terrazas o bancales que conforman mi huerto-jardín.
 
Además del Abies pinsapo, también liberé de vivir atormentados: una bellísima haya francesa, Fagus sylvatica, que me traje pequeñita de mi viaje al Pirineo francés; un Cedro del Líbano, Cedrus libani, que entonces medía menos de un palmo y ahora es un gigante bellísimo de más de diez metros de altura; un cedro del Atlas de hábito pendular, Cedrus atlantica var. pendula, injertado sobre un diminuto patrón de cedro del Atlas nacido de semilla, que crecía practicamente echado sobre la tierra y al que obligué a crecer erguido atándole el tallo principal a un soporte metálico de dos metros, de manera que, al lignificarse, perdió su hábito pendular y ahora crece bien derecho y está magnífico; y finalmente un tilo, Tilia cordata, también del Pirineo francés, al que liberé también del corsé de su diminuta maceta de proyecto de bonsai y ahora se ha convertido en un árbol imponente.

Así era a los 20 años de edad, a finales de septiembre del año 2005. Medía unos dos metros de altura.
 
Sus brotes se van bifurcando de a tres, siguiendo escrupulosamente la secuencia matemática de Fibonacci.

Detalle de las acículas de Abies pinsapo que se disponen alrededor del tallo en escobillón.

Y así lucía de hermoso en abril del año 2012. Había crecido un metro y medio. 
 
Tenía 27 años de edad y acababa de florecer por primera vez, pero sólo flores masculinas.

Al verlas por primera vez quedé fascinado por su extraordinaria belleza.

Detalle de las inflorescencias masculinas de mi abeto de Ronda a punto de abrirse y liberar millones de granos de polen.

Unos días después dispersó el polen con ayuda del viento.


Un año después, en abril de 2013, abrió sus primeras inflorescencias femeninas en forma de estróbilos o conos erguidos, típicas de las pináceas, y lo hizo en abundancia.
 
Y a finales de octubre sus conos literalmente se desintegraron y liberaron miles de semillas, todas ellas provistas de un ala delta, que volaron en todas las direcciones arrastradas por el viento. Ninguna de las que se depositaron sobre la tierra del jardín germinó. Sólo lo hicieron dos que cayeron sobre el sustrato húmedo de otras tantas macetas de mi plantel de arbolitos. Uno de ellos lo regalé a un amigo y el otro ya está plantado tres bancales más arriba que su padre-madre. Al no haber, que yo sepa, ningún otro Abies pinsapo en muchos kilómetros a la redonda, sus semillas son producto de la autofecundación con su propio polen.

Joven abeto de Ronda embelleciendo la plaza del municipio de Grazalema.

6 comentarios:

  1. Me ha hecho gracia eso de liberar a tus árboles bonsais.
    Lo que más me gusta de este precioso árbol, son esas acículas tan rígidas y brillantes, porque no he visto nunca su floración. Después de ver y leer tu entrada, veo que tiene unas floraciones preciosas y espectaculares.
    Saludos
    Saludos

    ResponderEliminar
  2. Está precioso, me encantó verlo crecer. Besos.

    ResponderEliminar
  3. Una maravilla de Abeto y verlo así de grande y con sus inflorescencias rojas, imagino que ha supuesto una grata experiencia para tí como nos cuentas.
    Me gusta que pudieras liberar y dejar libres a tus bonsais!
    Muchos besos.

    ResponderEliminar